"El Bautismo es el fundamento de toda la vida cristiana, el pórtico de la vida en el espíritu y la puerta que abre el acceso a los otros sacramentos." — Catecismo de la Iglesia Católica, n. 1213
Bautismo
Para el bautismo de niños:
- Los padres (o al menos uno de ellos) deben manifestar intención de educar al niño en la fe católica.
- Debe existir una esperanza fundada de que el niño será educado en la fe.
- Los padrinos deben ser católicos bautizados y confirmados, mayores de 16 años, que lleven una vida congruente con la fe. No pueden ser los padres biológicos del bautizando.
- Es obligatorio asistir al curso de preparación prebautismal que ofrece la parroquia.
Para el bautismo de adultos:
- Expresar libre y voluntariamente el deseo de recibir el Bautismo.
- Haber concluido el proceso del catecumenado (Iniciación Cristiana de Adultos – RICA).
- Tener suficiente instrucción en las verdades de la fe.
- Estar libre de impedimentos canónicos.
Se deben presentar a la Parroquia los siguientes
Documentos requeridos
- Registro Civil de Nacimiento original y reciente del bautizando.
- Fotocopia de la cédula de ciudadanía de los padres (ampliada al 150%).
- Fotocopia de la cédula de ciudadanía de los padrinos.
- Partida de Confirmación de los padrinos (original).
- Nombres completos de los abuelos paternos y maternos.
- Certificado de asistencia al curso prebautismal (expedido por la parroquia).
- En caso de padres no casados por la Iglesia: Partida de Bautismo de cada uno de los padres.
Presentar todos los documentos en el despacho parroquial con al menos 15 días de anticipación.
Confirmar horarios y fechas directamente con la secretaría de su parroquia.
¿Qué es el Bautismo?
El Bautismo es el primero y más fundamental de los sacramentos. Por él, el ser humano nace a la vida nueva en Dios: es liberado del pecado original, incorporado a Cristo y a su Iglesia, y se convierte en hijo adoptivo del Padre.
El Catecismo enseña que “por el Bautismo somos liberados del pecado y regenerados como hijos de Dios, nos hacemos miembros de Cristo y somos incorporados a la Iglesia” (CIC, n. 1213).
El rito esencial consiste en la inmersión o efusión de agua sobre la cabeza del bautizando, pronunciando las palabras: “Yo te bautizo en el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo.”
Según el Catecismo de la Iglesia Católica (CIC) n.1279
¿Por qué nos bautizamos?
1. Perdón del pecado original y de todos los pecados personales
El Bautismo borra completamente el pecado original que heredamos de Adán, así como cualquier pecado personal cometido antes de recibirlo.
El Catecismo enseña que “por el Bautismo todos los pecados son perdonados, el pecado original y todos los pecados personales, así como todas las penas debidas al pecado” (CIC, n. 1263).
Es un borrón y cuenta nueva: el bautizado queda limpio ante Dios sin ninguna deuda pendiente.
2. Nuevo nacimiento a la vida sobrenatural
El Bautismo no es simplemente un rito de entrada a una institución. Es un verdadero renacimiento espiritual.
El bautizado pasa de una vida marcada por el pecado y la muerte a una vida nueva en Cristo, participando desde ese momento en la naturaleza divina. “En verdad, en verdad te digo: el que no nazca de nuevo no puede ver el Reino de Dios” (Juan 3, 3).
Este nuevo nacimiento no es metáfora: es una transformación real en lo más profundo del alma.
3. Incorporación a la Iglesia, Cuerpo de Cristo
Al ser bautizado, la persona no solo se relaciona individualmente con Dios, sino que pasa a formar parte de la Iglesia, que es el Cuerpo de Cristo en el mundo. “Porque en un solo Espíritu hemos sido todos bautizados para no formar más que un cuerpo” (1 Corintios 12, 13).
Esto significa que el bautizado ya no camina solo: pertenece a una familia, la Iglesia, que lo acompaña, lo nutre y lo sostiene en su vida de fe.
4. Carácter sacramental imborrable
El Bautismo imprime en el alma un sello espiritual permanente e indeleble: el carácter bautismal.
Este sello no puede borrarse jamás, ni por el pecado, ni por el abandono de la fe. “El bautizado que se aparta de la fe no pierde el carácter bautismal; este es el fundamento de toda la vida cristiana” (CIC, n. 1272).
Por eso el Bautismo solo se recibe una vez en la vida: su marca es para siempre.
5. Gracia de la filiación divina
El efecto más sublime del Bautismo es que el bautizado se convierte en hijo de Dios, no de manera simbólica sino real.
“A todos los que le recibieron les dio poder de hacerse hijos de Dios” (Juan 1, 12).
Esta filiación divina cambia radicalmente la identidad de la persona: ya no es solo hijo de sus padres, o ciudadano de su país, sino hijo del Padre celestial, heredero de la vida eterna.
Voz de los Santos
Catequesis Bautismal
"Del costado de Cristo brotaron el agua y la sangre. Con estos dos sacramentos se edifica la Iglesia: con el agua de la regeneración y la Eucaristía."
"El que no nazca del agua y del Espíritu no puede entrar en el Reino de Dios."
– Juan 3, 5
"Bautizaos en el nombre de Jesucristo para remisión de vuestros pecados; y recibiréis el don del Espíritu Santo."
– Hechos 2, 38
Lectura complementaria
Noticias sobre el Bautismo
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