"La Confirmación perfecciona la gracia bautismal; es el sacramento que da el Espíritu Santo para enraizarnos más profundamente en la filiación divina, hacernos más firmemente miembros de Cristo, incorporarnos más sólidamente a la Iglesia." — Catecismo de la Iglesia Católica, n. 1316

Confirmación

Para realizar la Confirmación:

Voz de los Santos

Concilio Vaticano II — Lumen Gentium, n. 11:

“Por el sacramento de la Confirmación se vinculan más perfectamente a la Iglesia, se enriquecen con una fortaleza especial del Espíritu Santo, y de esta forma se obligan con mayor fuerza a difundir y defender la fe de palabra y de obra como verdaderos testigos de Cristo.”

Se deben presentar a la Parroquia los siguientes

Documentos requeridos

Las parejas en unión libre o matrimonio civil no son aptas para ser padrinos o madrinas, pues no están en plena comunión sacramental con la Iglesia.

Confirmar todos los requisitos con la secretaría parroquial con suficiente anticipación.

¿Qué es la Confirmación?

La Confirmación es el sacramento por el cual el bautizado recibe plenamente el don del Espíritu Santo, siendo fortalecido para vivir y defender la fe con valentía. No es una simple celebración de madurez cristiana, ni un rito de paso cultural: es una acción de Dios que transforma al creyente desde adentro, completando lo que el Bautismo comenzó.

Junto con el Bautismo y la Eucaristía, la Confirmación constituye los tres “sacramentos de la iniciación cristiana” (CIC, n. 1285), cuya unidad debe ser siempre salvaguardada. Estos tres sacramentos no son eventos aislados en la vida de un cristiano, sino los tres pilares que juntos construyen la base de toda la vida de fe.

Según el Catecismo de la Iglesia Católica (CIC) n.1303

¿Por qué nos confirmamos?

1. Aumento y profundización de la gracia bautismal

La Confirmación no reemplaza ni repite el Bautismo, sino que lo lleva a su plenitud.

Si el Bautismo es el nacimiento a la vida de Dios, la Confirmación es el crecimiento y el fortalecimiento de esa vida.

El Espíritu Santo, que ya habitaba en el bautizado, actúa ahora con mayor plenitud, derramando sus dones de manera más intensa para que el confirmado pueda vivir su fe de manera más madura, comprometida y fecunda.

A través de la unción con el Crisma, el confirmado queda configurado de manera más profunda con Cristo, el Ungido por excelencia.

La palabra “Cristo” significa precisamente “el Ungido”, y al recibir la unción del Crisma, el confirmado participa de manera más plena en esa unción real, profética y sacerdotal de Jesús.

Esto significa que está llamado a reinar sobre sí mismo, a anunciar la verdad y a ofrecer su vida como sacrificio agradable a Dios.

La Confirmación acrecienta en el alma los siete dones del Espíritu Santo: sabiduría, entendimiento, consejo, fortaleza, ciencia, piedad y temor de Dios (Isaías 11, 2-3).

Estos dones no son habilidades humanas, sino disposiciones sobrenaturales que permiten al confirmado actuar bajo la inspiración del Espíritu.

La sabiduría le permite ver la vida con los ojos de Dios; la fortaleza le da valentía para confesar la fe incluso cuando cuesta; el consejo le orienta en las decisiones difíciles; y el temor de Dios le preserva de ofender al Señor que ama.

Al recibir la Confirmación, el fiel se une más profundamente al Cuerpo de Cristo que es la Iglesia.

Este sacramento fortalece la responsabilidad del confirmado no solo de recibir los bienes de la Iglesia, sino de contribuir activamente a su misión en el mundo.

El Catecismo señala que “el confirmado recibe la fuerza del Espíritu Santo para defender y propagarla fe con sus palabras y sus obras” (CIC, n. 1316).

Al igual que el Bautismo, la Confirmación imprime en el alma un sello espiritual permanente que no puede borrarse.

Este carácter sacramental es la marca definitiva de que el confirmado pertenece a Cristo y ha sido enviado por Él.

Por esta razón, la Confirmación también se recibe una sola vez en la vida: su efecto es eterno e irrevocable.

Este es el efecto más visible y urgente de la Confirmación.

El Espíritu Santo impulsa al confirmado a ser testigo valiente de Cristo en su familia, en su trabajo, en su comunidad y en el mundo entero.

No se trata de un testimonio tímido o privado, sino de una presencia activa y visible de la fe cristiana en todos los ambientes de la vida.

Como los apóstoles en Pentecostés, el confirmado está llamado a salir al mundo sin miedo.

Fundamento Bíblico

Confirmación de la fé

El Catecismo explica que "por la Confirmación los bautizados se vinculan más perfectamente a la Iglesia, se enriquecen de una fortaleza especial del Espíritu Santo y de esta forma se obligan con mayor fuerza a difundir y defender la fe de palabra y de obra como verdaderos testigos de Cristo" (CIC, n. 1285).

"Al enterarse los apóstoles que estaban en Jerusalén de que Samaria había aceptado la Palabra de Dios, les enviaron a Pedro y a Juan. Estos bajaron y oraron por ellos para que recibieran el Espíritu Santo... Entonces les imponían las manos y recibían el Espíritu Santo."

— Mateo 26, 26-28

"Recibiréis la fuerza del Espíritu Santo que vendrá sobre vosotros, y seréis mis testigos en Jerusalén, en toda Judea, en Samaria y hasta los confines de la tierra."

— Hechos 1, 8

"Y yo rogaré al Padre y os dará otro Paráclito para que esté con vosotros para siempre: el Espíritu de la verdad."

— Juan 14, 16-17
Lectura complementaria

Noticias sobre la Confirmación

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