"Los que se acercan al sacramento de la Penitencia reciben de la misericordia de Dios el perdón de las ofensas hechas a Él, y al mismo tiempo se reconcilian con la Iglesia, a la que hirieron con sus pecados, la cual colabora en su conversión con su caridad, con su ejemplo y sus oraciones." — Catecismo de la Iglesia Católica, n. 1422

Confesiones

Para Confesarse los pecados y Reconciliarse con Dios:

Según el Catecismo (CIC, n. 1451-1460) y la práctica de la Iglesia:

Voz de los Santos
San Juan María Vianney — Sermones:

“No es el pecador el que vuelve a Dios para pedirle perdón, sino Dios mismo quien va tras el pecador y lo hace volver a Él. Este buen Salvador está tan lleno de amor que nos busca por todas partes.”

Se deben presentar a la Parroquia los siguientes

Documentos requeridos

La Reconciliación no requiere presentación de documentos. Es un sacramento de acceso libre y directo para todo fiel bautizado.

Para recibirlo basta con:

Los horarios habituales de confesión en las parroquias de la Arquidiócesis de Cali son antes de las misas dominicales, los lunes y jueves en la tarde, y con horarios ampliados durante la Cuaresma y el Adviento.

Consultar directamente con su parroquia.

¿Qué es la Confesión?

La Penitencia y Reconciliación es el sacramento por el cual Cristo, a través del sacerdote, perdona los pecados cometidos después del Bautismo y restaura la amistad del alma con Dios.

Es llamado también Confesión, porque la confesión de los pecados es uno de sus elementos esenciales, y Reconciliación, porque produce en quien lo recibe una doble reconciliación: con Dios, a quien se ha ofendido, y con la Iglesia, cuya comunión se ha herido.

Este sacramento nace del corazón misericordioso de Cristo resucitado. La noche de Pascua, apareciendo a sus apóstoles, Jesús sopló sobre ellos y les dijo: “Recibid el Espíritu Santo. A quienes perdonéis los pecados, les quedan perdonados; a quienes se los retengáis, les quedan retenidos” (Juan 20, 22-23). Con estas palabras instituyó el sacramento del perdón y confió a la Iglesia el ministerio de la reconciliación.

Según el Catecismo de la Iglesia Católica (CIC) n.1496

¿Por qué nos Confesamos?

1. Reconciliación con Dios y remisión de los pecados mortales

El efecto primero y más radical de este sacramento es la reconciliación con Dios. El pecado mortal destruye la vida de gracia en el alma y rompe la amistad con Dios. La Reconciliación la restaura completamente.

No importa cuántos ni cuán graves sean los pecados cometidos: la misericordia de Dios es siempre más grande que cualquier pecado humano.

El Catecismo afirma que “el perdón de los pecados graves cometidos después del Bautismo es el fin propio de este sacramento” (CIC, n. 1446).

Al salir del confesionario con una absolución válida, el penitente está tan limpio ante Dios como el día de su Bautismo.

El pecado no solo daña la relación personal con Dios, sino también el tejido de la comunidad eclesial.

Todo pecado tiene una dimensión social: debilita a la Iglesia, hiere su santidad y escandaliza a los hermanos.

Por eso la Reconciliación no es solo un asunto entre el penitente y Dios, sino también una restauración de los vínculos con la comunidad cristiana.

“El pecado es un acto personal, pero tiene consecuencias que van más allá del pecador” (CIC, n. 1487).

El pecado mortal no solo rompe la amistad con Dios, sino que hace al pecador merecedor de la pena eterna, es decir, de la separación definitiva de Dios.

La absolución sacramental remite completamente esa pena eterna.

Puede quedar, sin embargo, una pena temporal, es decir, una purificación que puede realizarse en esta vida a través de la penitencia, el sufrimiento ofrecido a Dios, las obras de misericordia y las indulgencias, o en el Purgatorio después de la muerte (CIC, n. 1472).

Uno de los frutos más hermosos y tangibles de una buena confesión es la paz interior. La conciencia cargada por el pecado produce angustia, inquietud y una sensación de distancia de Dios.

La absolución sacramental restaura esa paz profunda que el mundo no puede dar. Es la experiencia del hijo pródigo que regresa al padre: “Estaba muerto y ha vuelto a la vida; estaba perdido y ha sido encontrado” (Lucas 15, 24).

Esta paz no es solo psicológica sino teológica: es la paz de saberse amado, perdonado y reconciliado con Dios.

La Reconciliación no solo perdona el pasado, sino que fortalece para el futuro.

La gracia sacramental que acompaña a la absolución robustece la voluntad del penitente, ilumina su inteligencia para reconocer las ocasiones de pecado y le da fuerzas para resistir las tentaciones.

El Catecismo enseña que este sacramento “confiere al pecador la fuerza y la gracia de la penitencia y de la lucha contra las tendencias al mal” (CIC, n. 1496).

Por eso los santos siempre han recomendado la confesión frecuente, incluso cuando no se tiene conciencia de pecados graves, como uno de los medios más eficaces de crecimiento espiritual.

Fundamento Bíblico

Confesión y Reconciliación

Sin un dolor verdadero por haber ofendido a Dios, la confesión se convierte en un mero trámite vacío.

"A quienes perdonéis los pecados, les quedan perdonados; a quienes se los retengáis, les quedan retenidos."

— Juan 20, 23

"Si confesamos nuestros pecados, él es fiel y justo para perdonar nuestros pecados y limpiarnos de toda maldad."

— 1 Juan 1, 9

"Levantándose, volvió a su padre. Cuando todavía estaba lejos, su padre le vio y, conmovido, corrió, se echó a su cuello y le besó efusivamente."

— Lucas 15, 20
Lectura complementaria

Noticias sobre la Reconciliación con Dios

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