"La alianza matrimonial, por la que el varón y la mujer constituyen entre sí un consorcio de toda la vida, ordenado por su misma índole natural al bien de los cónyuges y a la generación y educación de la prole, fue elevada por Cristo Señor a la dignidad de sacramento entre bautizados." — Catecismo de la Iglesia Católica, n. 1601

Matrimonio

Para unirte en sagrado Matrimonio:

Según el Catecismo (CIC, n. 1625-1632) y el Código de Derecho Canónico (cánones 1083-1107):

Voz de los Santos
Concilio Vaticano II — Gaudium et Spes, n. 48:

“El amor conyugal es recogido en el amor divino y se rige y enriquece por la virtud redentora de Cristo y la acción salvífica de la Iglesia, a fin de conducir eficazmente a los esposos a Dios y ayudarles y fortalecerles en la sublime misión de padre y madre.”

Santa Gianna Beretta Molla (hecho histórico verificado y documentado en el proceso de canonización):

En 1962, al descubrirse un fibroma uterino durante su cuarto embarazo, Gianna rechazó las opciones médicas que habrían salvado su propia vida a costa de la de su hijo, diciendo a su esposo Pietro y a sus médicos que prefería dar la vida por su bebé antes que salvar la propia.

Murió el 28 de abril de 1962, una semana después del nacimiento de su hija Gianna Emanuela. Fue canonizada por el Papa Juan Pablo II el 16 de mayo de 2004, en presencia de su esposo e hijos.

Se deben presentar a la Parroquia los siguientes

Documentos requeridos

Todos los documentos deben ser originales y recientes, y deben entregarse en la secretaría parroquial con al menos 30 días de anticipación a la fecha de la celebración.

Verificar que todos los nombres y fechas coincidan exactamente entre los documentos civiles y eclesiásticos.

Para información sobre aranceles matrimoniales y dispensas especiales: arquicali.org o Curia Arzobispal, Tel. (602) 883 8862.

¿Qué es el Matrimonio?

El Matrimonio es el sacramento por el cual un hombre y una mujer bautizados se entregan y aceptan mutuamente en una alianza de amor irrevocable, sellada por Dios y elevada por Cristo a la dignidad de signo sagrado.

No es simplemente un contrato civil ni una institución social: es un sacramento que hace visible en el mundo el amor de Cristo por su Iglesia, un amor total, fiel, fecundo e indisoluble.

El sacerdote o diácono que preside la celebración es el testigo oficial de la Iglesia, pero el signo sacramental lo constituyen los propios esposos con su consentimiento libre y pleno (CIC, n. 1623).

Según el Catecismo de la Iglesia Católica (CIC) n. 1641-1642

¿Por qué la unión en sagrado Matrimonio?

1. Gracia propia para amar con el amor con que Cristo amó a la Iglesia

Este es el efecto más específico y más sublime del Matrimonio como sacramento.

La gracia matrimonial no es una gracia genérica: es una gracia particular, propia y específica de esta vocación, que capacita a los esposos para amarse con un amor que supera las fuerzas puramente humanas. El amor natural entre un hombre y una mujer es bello y poderoso, pero es frágil y limitado.

La gracia del Matrimonio lo eleva, lo purifica, lo fortalece y lo transforma en reflejo del amor de Cristo por su Iglesia, que es un amor total, fiel, fecundo y hasta la muerte.

“Esta gracia propia del sacramento del Matrimonio está destinada a perfeccionar el amor de los cónyuges y a fortalecer su unidad indisoluble” (CIC, n. 1641).

Los esposos no solo reciben la gracia de Dios cada uno por separado: se convierten el uno para el otro en instrumentos de santificación.

El amor conyugal vivido con fe, con paciencia, con generosidad y con perdón es un camino real y concreto hacia la santidad.

Las pequeñas y grandes renuncias de la vida matrimonial, la fidelidad en los momentos difíciles, el cuidado del cónyuge enfermo, la crianza de los hijos, el servicio cotidiano y silencioso, todo ello se convierte, bajo la acción de la gracia sacramental, en materia de santificación.

El hogar cristiano es una auténtica escuela de amor.

El Matrimonio está ordenado por su propia naturaleza a la generación y educación de los hijos. Pero esta paternidad y maternidad no es solo biológica sino también espiritual: los padres son los primeros y principales educadores de la fe de sus hijos.

El Catecismo enseña que “los padres tienen la misión de enseñar a sus hijos a orar y a descubrir su vocación de hijos de Dios” (CIC, n. 2226).

La gracia del Matrimonio capacita a los esposos para ejercer esta misión con sabiduría, con amor y con coherencia de vida, siendo testigos creíbles del Evangelio ante sus propios hijos.

El matrimonio cristiano tiene una dimensión profética: es un signo visible, concreto y cotidiano del amor de Dios por la humanidad.

Cuando un matrimonio vive su vocación con fidelidad, su vida se convierte en una proclamación silenciosa pero elocuente del Evangelio.

En un mundo marcado por la cultura del descarte, la inestabilidad afectiva y el miedo al compromiso definitivo, un matrimonio fiel y amoroso es en sí mismo una forma de evangelización, un testimonio que interpela y atrae.

La indisolubilidad del matrimonio no es una imposición arbitraria de la Iglesia, sino el reflejo de la fidelidad eterna de Dios a su pueblo.

A lo largo de toda la Sagrada Escritura, Dios describe su relación con Israel y con la Iglesia usando la imagen del amor conyugal: un amor que no se rinde, que perdona, que espera, que restaura.

El matrimonio cristiano está llamado a encarnar esa misma fidelidad en la historia concreta de dos personas, en sus alegrías y en sus crisis, en su juventud y en su vejez, hasta que la muerte los separe.

Fundamento Bíblico

Matrimonio

"Lo que Dios unió, que no lo separe el hombre" (Marcos 10, 9).
Esta indisolubilidad no es una carga impuesta desde fuera, sino una exigencia intrínseca del amor verdadero, que por su propia naturaleza quiere ser para siempre (CIC, n. 1644).

"Por eso dejará el hombre a su padre y a su madre, y se unirá a su mujer, y serán los dos una sola carne. De manera que ya no son dos, sino una sola carne. Por tanto, lo que Dios unió, que no lo separe el hombre."

— Marcos 10, 7-9

"Maridos, amad a vuestras mujeres, como Cristo amó a la Iglesia y se entregó a sí mismo por ella, para santificarla."

— Efesios 5, 25-26
Lectura complementaria

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