Aula Tomista / Tesis 1 · Cambio y ser

PRIMERA LECCIÓN · SÍNTESIS FILOSÓFICA EN CINCO TESIS

Poder ser y ser en acto

Acto y potencia: lo que cambia no parte de la nada

Ilustración original de inspiración medieval para la primera lección del Aula Tomista sobre potencia y acto.
Ilustración original creada con IA, inspirada en manuscritos medievales.

Al calentar agua, no producimos agua desde la nada: hacemos que alcance una temperatura que antes no tenía. Tampoco sacamos de ella algo que ya poseía exactamente de la misma manera. Entre «ya es» y «no puede ser» hay una distinción que debemos aprender a formular. Comenzaremos leyéndola en santo Tomás, no memorizando una definición aislada.

1. El texto

Leemos un breve tratado filosófico sobre los principios de la naturaleza. Su comienzo prepara el análisis del llegar a ser: buscamos comprender cómo algo puede adquirir una determinación que todavía no posee. Santo Tomás abre De principiis naturae, capítulo 1, con estas dos frases consecutivas:

«Nota quod quoddam potest esse licet non sit, quoddam vero est. Illud quod potest esse dicitur esse potentia; illud quod iam est, dicitur esse actu».

Traducción propia: «Observa que algo puede ser aunque no sea, mientras que algo ya es. Lo que puede ser se dice que es en potencia; lo que ya es se dice que es en acto».

Fuente: De principiis naturae, cap. 1, inicio. Texto latino en Corpus Thomisticum, conforme a la edición Leonina de 1972.

2. Leer sin precipitarse

La primera frase distingue poder ser y ser efectivamente; la segunda les da nombre. Potentia significa aquí potencia, y actu, en acto. «En acto» no equivale a «haciendo una actividad»: designa lo que ya es, respecto de aquello que consideramos.

Inmediatamente después, Tomás distingue el ser sustancial y el accidental: ser hombre no es lo mismo que ser un hombre blanco. Más adelante precisa que el sujeto de un accidente ya tiene ser y no lo recibe de ese accidente. Esa continuación impide leer el comienzo como si toda adquisición de una determinación fuese el nacimiento de una sustancia.

3. Reconstrucción del argumento: el agua que se calienta

El ejemplo térmico que sigue es nuestra explicación didáctica, no una cita de Tomás. Ilustra uno de los usos de acto y potencia, no todos.

Consideremos agua que pasa de una temperatura menor a otra mayor, permaneciendo agua. Antes del calentamiento, esa agua existe realmente. Por tanto, no podemos describirla como pura posibilidad ni como nada. Sin embargo, todavía no tiene la temperatura que alcanzará.

Decimos que está en potencia respecto de esa nueva temperatura y en acto respecto de la que ya tiene. No afirmamos que esté y no esté caliente bajo el mismo aspecto: distinguimos lo actualmente presente de lo que puede llegar a recibir.

Esto permite ordenar el razonamiento:

  • Hay un sujeto real que cambia: esta agua.
  • Hay una determinación que todavía no posee: la temperatura que alcanzará.
  • No basta la ausencia de esa determinación. El sujeto debe ser capaz de recibirla.
  • Al calentarse, llega a poseer efectivamente aquello para lo cual tenía capacidad.

La potencia no es, entonces, el nombre elegante de una ausencia. Tampoco es una pequeña porción del futuro escondida dentro del agua. Es su capacidad real para una determinación que aún no posee. El acto es esa determinación efectivamente poseída.

Debemos precisar siempre: potencia para qué, de qué sujeto y bajo qué condiciones. Que podamos imaginar un resultado no demuestra que una cosa tenga capacidad para recibirlo. Atribuir potencia exige atender a lo que la cosa es y a los cambios de los que es capaz.

4. Una objeción necesaria

Podría objetarse que hablar de potencia no explica nada: decir que el agua se calentó porque podía calentarse parece una repetición.

La dificultad es seria si pretendemos que la potencia sea una explicación suficiente. No lo es. Reconocer la capacidad de calentarse no identifica todavía qué calentó el agua, por qué ocurrió entonces ni cuánto tardó. La distinción acto-potencia permite reconocer la estructura del cambio; no sustituye la investigación de sus causas.

Pero tampoco es inútil. Nos impide confundir tres afirmaciones diferentes: el agua no tiene todavía esa temperatura; puede recibirla; la recibirá efectivamente. La primera no prueba la segunda, y la segunda no garantiza la tercera. Algo puede tener una capacidad sin que llegue a realizarse.

5. Lo que hemos ganado

En este ejemplo hay cambio accidental: se modifica una cualidad del agua, no se genera una nueva sustancia. No debemos trasladar sin más este esquema a la generación sustancial, como si allí permaneciera intacta una sustancia que solo recibe otra cualidad. Este ejemplo no demuestra la materia prima ni la forma sustancial. Esa diferencia requerirá una lectura ulterior.

Por ahora, basta una conquista precisa: una misma realidad puede estar en acto bajo un aspecto y en potencia bajo otro. El cambio no exige afirmar una contradicción, sino distinguir aquello que ya es de aquello que realmente puede llegar a ser.

Si esta agua nunca llegara a calentarse, ¿qué permitiría sostener que tenía realmente esa potencia y no solo que nosotros imaginábamos un resultado?