Entrega II · 20 de octubre de 2026

Cristo en majestad con los cuatro evangelistas, relieve de marfil medieval.
Cristo en majestad y los cuatro evangelistas. Marfil, siglo XI; cubierta de un leccionario posterior. The Met. Imagen del archivo.

La última Cena no sucedió en un espacio religioso vacío. Jesús y sus discípulos pertenecían a Israel; sus palabras sobre el pan, la copa y la alianza se pronunciaron dentro de una historia de liberación, oración y esperanza. Pero tampoco poseemos una grabación del acontecimiento ni un ceremonial completo del siglo I. Conocer sus raíces judías exige una doble fidelidad: tomar en serio esa pertenencia y no llenar los silencios de los evangelios con costumbres documentadas mucho después.

Conviene distinguir desde el principio tres niveles: lo que narran las fuentes; la reconstrucción histórica que hacemos comparándolas; y la comprensión sacramental que la Iglesia formula al recibirlas. Son niveles relacionados, no intercambiables. Una incertidumbre sobre el calendario no equivale a una incertidumbre sobre toda la institución eucarística; una afirmación dogmática tampoco resuelve automáticamente una dificultad cronológica.

1. La Pascua: liberación celebrada, no simple ambientación

Éxodo 12 vincula comida, sacrificio y transmisión familiar. La víctima, los ácimos y las hierbas amargas pertenecen al relato de una liberación que deberá celebrarse de generación en generación. Los hijos preguntan por el significado del rito y reciben una respuesta sobre la acción de Dios, no solamente sobre ingredientes. El texto presenta una memoria que configura la identidad del pueblo: quienes celebran se reconocen herederos y beneficiarios de aquella liberación.1

Es importante no confundir el escenario narrativo de Egipto con todas las formas posteriores de celebrar. Marcos sitúa la preparación de la Cena cuando se sacrificaba la Pascua. Su narración presupone una fiesta ya insertada en el mundo cultual de Jerusalén, no una reproducción doméstica exacta de cada detalle de Éxodo 12. La nota histórico-litúrgica de la edición bíblica de la USCCB recuerda la inmolación en la tarde del 14 de nisán y la cena después de la puesta del sol.2

Ese cambio de día importa: en el cómputo judío, una noche y la mañana posterior pertenecen al mismo día, aunque nuestro calendario civil las separe. No basta, por tanto, escribir «jueves» o «viernes» para resolver la cuestión. Hay que preguntar también si aquella noche iniciaba el 14 o el 15 de nisán y qué significa «Pascua» en cada pasaje: víctima, comida o conjunto festivo.

2. Un mundo judío con diferencias internas

Hablar de «lo que hacían los judíos» puede ocultar una diversidad decisiva. Hechos 23,6-9 presenta desacuerdos entre fariseos y saduceos sobre resurrección, ángeles y espíritus. Es un testimonio cristiano y narrativamente interesado, pero basta para impedir que atribuyamos a todos una teología indiferenciada.3 Tampoco debemos suponer que toda regulación rabínica posterior describe sin variaciones la práctica de cada familia de Jerusalén en tiempos de Jesús.

La propia Mishná conserva desacuerdos. En Pesajim 10,2, las escuelas de Shammai y Hillel difieren sobre el orden de las bendiciones del día y del vino. Es una controversia ritual transmitida por la fuente, no un litigio que podamos trasladar a la mesa de Jesús. Su importancia metodológica es clara: incluso un texto normativo puede conservar pluralidad, y una prescripción no equivale a un censo de prácticas efectivas.4

Por eso sería incorrecto presentar a Jesús enfrentándose durante la Cena a una norma específica de esos maestros sin testimonio que lo sostenga. La historia no gana profundidad cuando se le añaden adversarios; la gana cuando identifica qué disputa está documentada y cuál estamos imaginando.

3. ¿Fue una cena pascual? Los datos que no debemos borrar

Los sinópticos ofrecen una respuesta explícita. Marcos 14,12-16 narra la preparación de la Pascua; Lucas 22,7-16 sitúa la comida en ese marco y atribuye a Jesús el deseo de celebrarla antes de su pasión. No se trata solo de un simbolismo que el lector descubre: pertenece a la presentación narrativa de los acontecimientos.25

Juan plantea una dificultad real. En 18,28, quienes conducen a Jesús ante Pilato quieren conservar la pureza para comer la Pascua; en 19,14 aparece la preparación de la Pascua. Leídos de manera directa, estos pasajes sitúan todavía por delante la comida pascual cuando Jesús ya ha cenado con sus discípulos. La nota de la USCCB a Juan 18,28 reconoce expresamente el contraste con la presentación sinóptica.67

En la reconstrucción habitual de estas dos presentaciones, la Cena sinóptica inaugura el 15 de nisán y Jesús muere durante ese día; en la lectura joánica que sitúa la cena pascual después de su muerte, muere el 14. Se trata de explicitar las consecuencias del contraste, no de asignar por cálculo una fecha moderna indiscutible. Tampoco debe confundirse el día de la fiesta con el día semanal: la dificultad es el encaje entre ambos cómputos.

Además, Juan 19,36 relaciona lo ocurrido al cuerpo de Jesús con la Escritura sobre los huesos no quebrados. Éxodo 12,46 contiene esa prescripción respecto de la víctima pascual. La lectura cristológica del relato resulta, por tanto, fundada; pero identificar una intención teológica no demuestra por sí solo que el evangelista haya inventado su cronología. Tampoco el carácter teológico de los sinópticos los convierte automáticamente en fuentes cronológicamente inferiores.17

Tres familias de explicación ayudan a ordenar la discusión:

  • Armonización mediante el vocabulario festivo. Se propone entender «comer la Pascua» o «preparación» en un sentido más amplio que la cena inicial o su víspera. Su ventaja es intentar conservar una sola secuencia. Su dificultad consiste en justificar esa acepción precisamente en cada contexto, no solo demostrar que una palabra puede tener varios sentidos.
  • Calendarios diferentes. Jesús habría celebrado antes que las autoridades que seguían otro cómputo. Benedicto XVI expuso como probable una explicación vinculada a Qumrán en su homilía del Jueves Santo de 2007.8 Esa homilía documenta que el pontífice consideró la propuesta; no convierte la hipótesis en una fecha arqueológicamente demostrada ni en una definición de fe. Ningún evangelio dice expresamente que Jesús utilizara ese calendario.
  • Una diferencia cronológica entre las tradiciones. Esta lectura admite que los relatos no se dejan reducir enteramente a una sola secuencia pascual. Exige entonces valorar por separado la finalidad literaria y la plausibilidad histórica de cada narración. Reconocer la diferencia no obliga a negar el acontecimiento central que transmiten.

Aquí no elegiremos una solución como si hubiera quedado probada. Sí podemos afirmar que la Cena se comprende en el horizonte de la Pascua y de la muerte próxima de Jesús. Sigue discutido cómo reconstruir exactamente su fecha respecto de la cena pascual oficial. La precisión consiste también en conservar una pregunta abierta cuando la evidencia no permite cerrarla.

4. Por qué no debemos colocar un séder posterior en el cenáculo

El capítulo 10 de Pesajim describe copas, preguntas, interpretación de alimentos y alabanza. Es fundamental para estudiar la tradición pascual rabínica. Sin embargo, la Mishná fue compilada hacia el año 200: transmite materiales anteriores, pero su fecha de compilación no es la fecha de cada costumbre. Inversamente, que contenga recuerdos antiguos no autoriza a trasladar íntegro su orden a la Cena.49

Conviene corregir dos exageraciones opuestas. No todo el séder es medieval: existen testimonios rabínicos antiguos. Pero tampoco el séder familiar conocido hoy constituye un guion verificable de lo que hicieron Jesús y los Doce. Entre ambos extremos hay una historia que debe reconstruirse elemento por elemento.

Por ejemplo, Pesajim 10,1.7 prescribe cuatro copas y relaciona la tercera con la bendición después de comer.10 Pablo y Lucas también sitúan la copa después de la cena. La comparación es pertinente; identificarla inequívocamente como «la tercera copa» excede lo que esos textos cristianos dicen. Estos no numeran cuatro copas ni ofrecen una lista completa del ceremonial.511

Algo semejante sucede con el himno de Marcos 14,26: su contexto permite relacionarlo con la alabanza pascual, pero el versículo no transcribe los salmos cantados. La homilía puede explicar una posibilidad histórica; debe evitar presentarla como una escena oída y registrada. Cuanto más atractivo sea un detalle, más necesario resulta comprobar de dónde procede.

5. Bendecir y dar gracias: continuidad sin copia mecánica

Marcos habla de bendición sobre el pan y acción de gracias con la copa. La tradición judía ofrece el horizonte inteligible de esos gestos: recibir el alimento reconociendo a Dios como dador. Berajot 6,1 conserva fórmulas distintas para el vino y el pan, relacionadas respectivamente con el fruto de la vid y el alimento que procede de la tierra.12

Esto no demuestra que Jesús pronunciara palabra por palabra las fórmulas transmitidas en esa compilación. Los evangelios no transcriben toda su oración. Por tanto, reconocer un parentesco entre la bendición judía y la oración eucarística no permite dibujar una genealogía textual sin eslabones: determinada berajá, seguida de una transformación exacta, seguida del canon romano. Las semejanzas de estructura deben distinguirse de una dependencia literaria demostrada.

La novedad de la Cena, tal como la presentan los relatos de institución, no consiste en que por primera vez alguien bendiga a Dios durante una comida. Consiste en las palabras y acciones por las que Jesús relaciona el pan y la copa con su propia entrega. El ambiente judío hace comprensible el gesto, pero no agota su significado cristológico.

6. Cuerpo, sangre y alianza: escuchar las formulaciones distintas

No conviene fabricar un quinto relato mezclando todos los textos y atribuirlo después literalmente a cada evangelista. Marcos 14,24 formula la relación entre sangre y alianza; Lucas 22,20 y Pablo hablan de la nueva alianza vinculada a la sangre de Jesús. Lucas y Pablo transmiten además el mandato memorial. Hay convergencia, pero no identidad verbal.2511

Éxodo 24,3-8 proporciona un antecedente indispensable: palabra divina, consentimiento del pueblo y sangre en la ratificación de la alianza. La lectura de la copa desde este texto muestra que la Cena no remite únicamente al éxodo como liberación, sino también a una relación establecida entre Dios y su pueblo.13 Jeremías 31,31-34 anuncia una alianza nueva, la ley interiorizada y el perdón. Ese horizonte permite comprender que «nueva» no significa una novedad sin historia ni una ruptura con todo lo que Dios había prometido.14

Hay también una cuestión de crítica textual que merece decirse sin alarmismo: algunos testigos occidentales y siríacos omiten la parte final de Lucas 22,19 y el versículo 20. Las ediciones citadas conservan el texto largo, y la nota de la USCCB informa de la variante.15 Esto afecta a la evaluación de la transmisión de Lucas; no elimina el testimonio independiente de la tradición eucarística que Pablo transmite en 1 Corintios 11. Una variante exige estudio, no ocultación ni conclusiones desproporcionadas.

7. Memorial: más que recuerdo, sin simplificaciones lingüísticas

El mandato de hacer memoria no puede reducirse a pensar afectuosamente en un ausente. Pero tampoco basta traducir una palabra hebrea o griega para deducir de ella toda la doctrina sacramental. El significado nace del conjunto: una acción recibida, palabras sobre la entrega, comunidad reunida y referencia a la muerte del Señor y a su venida.11

Una comparación judía resulta iluminadora. Pesajim 10,5 exige que cada generación se comprenda personalmente implicada en la salida de Egipto; esta es una paráfrasis propia del texto hebreo y de la versión inglesa consultada.16 No supone que el éxodo ocurra de nuevo como acontecimiento histórico. Expresa una apropiación comunitaria de sus efectos y de su identidad. Es un paralelo relevante, no una demostración automática de la presencia eucarística ni prueba de que Jesús recitara esa formulación.

En el nivel propiamente doctrinal, el Catecismo enseña que el memorial eucarístico hace presente sacramentalmente el único sacrificio de Cristo. No multiplica crucifixiones ni reduce la misa a una evocación subjetiva. Esta afirmación pertenece a la recepción eclesial de la Escritura y la Tradición; no debe atribuirse sin más a cualquier uso antiguo de «memoria».17

8. Lo que queda establecido y lo que permanece abierto

Documentado: los relatos sinópticos presentan la Cena como pascual; Juan contiene indicaciones que generan una dificultad cronológica; las tradiciones de institución vinculan pan y copa con la entrega de Jesús; existen antecedentes bíblicos de alianza y tradiciones judías de bendición y memoria.

Discutido: la conciliación exacta de los calendarios, la antigüedad de cada elemento del séder y la identificación de una copa determinada. No recuperable con seguridad a partir de estas fuentes: la oración completa pronunciada, el menú exhaustivo y cada movimiento de los comensales.

Para un sacerdote, esta sobriedad no empobrece la predicación. Permite anunciar lo esencial sin hacer depender la fe de un detalle hipotético. La misa tiene raíces históricas y judías reales; su centro no es reconstruir teatralmente una cena antigua, sino celebrar el don de Cristo recibido por la Iglesia. La siguiente entrega seguirá ese tránsito: las comunidades apostólicas, la fracción del pan y una Corinto donde compartir la mesa no había eliminado todavía la desigualdad y el conflicto.

Fuentes y orientación de lectura

Las referencias bíblicas castellanas enlazan preferentemente a la edición alojada por la Santa Sede. Las notas de la USCCB citadas en inglés se resumen en español con redacción propia. Los textos rabínicos se consultan en hebreo e inglés; las explicaciones españolas son paráfrasis propias, no citas de una traducción castellana publicada.

  1. Éxodo 12, especialmente 14.24-27.46. Fuente bíblica para rito, transmisión y víctima pascual.
  2. Marcos 14,12-26 y notas. Fuente narrativa y comentario editorial identificado como tal.
  3. Hechos 23,6-9. Testimonio sobre diferencias entre fariseos y saduceos.
  4. Mishná, Pesajim 10. Atención especial a 10,2: desacuerdo sobre el orden de bendiciones.
  5. Lucas 22,7-20.
  6. Juan 18,28 y nota.
  7. Juan 19,14.31.36.
  8. Benedicto XVI, homilía In cena Domini, 5 de abril de 2007. Testimonio primario de su exposición de la hipótesis, no prueba primaria de la fecha de la Cena.
  9. Sefaria, presentación de la Mishná. Información editorial sobre compilación, hacia 200.
  10. Pesajim 10,1-7, extractos del texto. Se utilizan las prescripciones mishnaicas, no las explicaciones posteriores del Talmud reproducidas en la misma página.
  11. 1 Corintios 11,23-26.
  12. Mishná, Berajot 6,1.
  13. Éxodo 24,3-8.
  14. Jeremías 31,31-34.
  15. Lucas 22, nota a 19c-20, USCCB. La nota informa de variantes manuscritas; debe distinguirse del texto evangélico.
  16. Pesajim 10,5, texto y traducción inglesa reproducidos en Sefaria.
  17. Catecismo de la Iglesia Católica, 1362-1367. Fuente doctrinal católica sobre memorial y sacrificio, no descripción etnográfica de una cena del siglo I.