Cristo en majestad con los cuatro evangelistas, relieve de marfil medieval.
Cristo en majestad y los cuatro evangelistas. Marfil, siglo XI; cubierta de un leccionario posterior. The Met. Imagen medieval del archivo: acompaña la lectura, pero no representa una celebración de la Roma de Justino.

Historia de la liturgia cristiana · Entrega IV

En Corinto encontramos una comunidad cuya cena desmentía, por sus divisiones, lo que celebraba. Con Justino cambia nuestra ventana de observación: ya no leemos una carta destinada a corregir una Iglesia concreta, sino una defensa del cristianismo que explica a quienes están fuera cómo se entra en la comunidad y qué hacen sus miembros cuando se reúnen. El cambio de género importa tanto como el paso del tiempo.

Esta entrega sigue los capítulos 61 y 65–67 de la Primera Apología. Su pregunta no es si allí encontramos cada ceremonia actual, sino cómo se relacionan aprendizaje, conversión, bautismo, oración, Eucaristía y cuidado de los necesitados. El hilo de la iniciación permite recorrer esas relaciones sin convertir todo el culto en un itinerario bautismal.

1 Un testimonio situado y una explicación interesada

Estamos a mediados del siglo II, en el horizonte romano de Justino. La obra se dirige a Antonino Pío y a otros destinatarios del poder imperial. Su petición es que los cristianos sean examinados por su conducta, no condenados simplemente por llamarse cristianos. Explicar sus celebraciones contribuye a esa defensa: permite presentar una comunidad que ora, procura vivir rectamente y ayuda a quienes sufren.[1]

No poseemos la transcripción de una celebración particular. Justino expone lo que reconoce y propone como práctica cristiana; selecciona lo que resulta pertinente para su argumento. Eso no vuelve ficticio su testimonio, pero impide leerlo como una cámara que hubiese registrado todos los gestos. Entre una descripción apologética y la vida efectiva de cada comunidad hay una distancia que debemos conservar.

Tampoco su empleo de un «nosotros» nos entrega un inventario del cristianismo entero. Podemos estudiar una práctica que él presenta como compartida sin atribuirle automáticamente la misma forma a todas las Iglesias del siglo II. Roma es aquí un contexto de lectura, no la medida universal de Oriente y Occidente.

2 Antes del agua hay una respuesta y una comunidad

El capítulo 61 comienza antes del acto bautismal. Justino habla de personas persuadidas de la verdad de la enseñanza y comprometidas a vivir conforme a ella. Son instruidas para orar y ayunar pidiendo el perdón de los pecados anteriores. Y añade un dato decisivo: los cristianos oran y ayunan con ellas.[2]

La preparación no queda reducida a transmitir información. La adhesión comporta una orientación de la conducta y una petición de perdón. Tampoco aparece como una prueba que el aspirante deba superar solo. La comunidad participa en la súplica. Antes de recibir al nuevo bautizado en la asamblea eucarística, ya ha comenzado a acompañarlo.

Aquí encontramos un antecedente valioso para pensar la responsabilidad comunitaria en la iniciación. No encontramos, en cambio, el programa completo de un catecumenado organizado como el de otras épocas. Justino no fija su duración, no enumera todas sus etapas ni describe un calendario de escrutinios. Añadir esos elementos porque los conocemos por fuentes posteriores convertiría una lectura histórica en una reconstrucción no demostrada.

Las personas descritas pueden escuchar, asentir y comprometerse. El pasaje se concentra, por tanto, en una conversión consciente. No resuelve por sí solo qué sucedía con los hijos pequeños de familias cristianas. El silencio acerca de ellos no basta ni para demostrar ni para negar una práctica bautismal infantil.

3 El baño es regeneración e iluminación

Después de esa preparación, los candidatos son conducidos a un lugar donde hay agua. Justino explica el baño mediante la invocación de Dios Padre, de Jesucristo Salvador y del Espíritu Santo. Lo relaciona con el perdón y con un nuevo nacimiento. También lo llama iluminación, porque quienes reciben la enseñanza son iluminados en su entendimiento.[3]

Su exposición une una acción corporal y una transformación que atribuye a Dios. El agua no aparece como simple ilustración de una decisión interior; la enseñanza tampoco queda descartada como si recibir el baño hiciera innecesario comprender y responder. La persona que aprende es la misma que se convierte, suplica y es lavada.

Justino contrapone el nacimiento recibido sin elección propia con esta nueva existencia asumida conscientemente. Su interés no consiste en explicar todas las situaciones posibles de la iniciación, sino en hacer inteligible la conversión de quienes abandonan una vida anterior. Leer este argumento en su contexto evita transformarlo en una teoría exhaustiva del bautismo.

La referencia a Isaías añade otra dimensión: lavarse y dejar el mal están vinculados con aprender a hacer el bien y atender al huérfano y a la viuda. La justicia no espera al final del recorrido para aparecer como aplicación moral. Está ya presente en la explicación del ingreso en la vida cristiana. Más adelante encontraremos de nuevo a huérfanos y viudas entre quienes reciben ayuda de la comunidad.

No sabemos por estas líneas cuál era la arquitectura del lugar ni podemos dibujar una pila concreta. Tampoco debemos insertar aquí un rito de confirmación reconstruido con materiales posteriores. Reconocer los límites documentales no empobrece el sacramento: delimita lo que este testigo permite narrar.

4 El recién bautizado entra en una oración que lo desborda

El capítulo 65 retoma la secuencia: después del baño, el bautizado es llevado al lugar donde están reunidos quienes se llaman hermanos. Allí se elevan oraciones comunes por los presentes, por quien acaba de ser iluminado y por los demás, en todas partes.[4]

La incorporación no se describe como una felicitación privada. El recién llegado entra en una comunidad que pide vivir conforme a la verdad aprendida y alcanzar la salvación. La oración por él no lo aísla: lo incluye en una intercesión más amplia. Se aprende a ser cristiano también aprendiendo por quiénes se ora.

Concluidas las oraciones, se intercambia un beso. Después se presentan el pan y la copa a quien preside. La secuencia permite reconocer un vínculo entre la acogida fraterna y la acción eucarística. No permite fijar sin más todas las reglas del gesto, la disposición de los asistentes o su correspondencia exacta con usos actuales.

Es importante no confundir este relato con el del domingo. En el capítulo 65, el punto de partida es la incorporación de un bautizado; en el 67, la reunión periódica de la comunidad. Los pasajes se iluminan mutuamente, pero no constituyen una única crónica continua. No añadiremos al primero, como si Justino lo hubiera contado allí, cada elemento mencionado en el segundo.

5 Quien preside da gracias y el pueblo responde

La descripción del capítulo 65 menciona pan y una copa de vino mezclado con agua en la traducción consultada. Quien preside alaba al Padre por medio del Hijo y del Espíritu Santo y prolonga la acción de gracias. Cuando concluye, el pueblo expresa su asentimiento con el amén. Los diáconos distribuyen a los presentes y llevan una porción a los ausentes.[5]

Hay funciones diferenciadas, pero la asamblea no desaparece detrás de ellas. Una persona preside; el pueblo responde; los diáconos sirven la distribución. Llamar «presidente» al primero traduce su función en este pasaje: la sola designación no permite resolver todos los detalles de su identificación ministerial ni trasladar automáticamente la terminología de siglos posteriores.

El amén tiene importancia precisamente porque responde a una oración que no pronuncia individualmente cada participante. La voz de quien preside puede ser común sin convertirse en un coro de voces simultáneas. El texto atestigua una manera de participar mediante el asentimiento; no autoriza a medir toda participación antigua según la cantidad de intervenciones verbales conservadas.

No poseemos aquí la plegaria eucarística completa. En el capítulo 67, Justino dice que quien preside ofrece oraciones y acciones de gracias según su capacidad. Esa expresión, aislada, no decide cuánto había de formulación personal y cuánto de tradición recibida. No prueba una improvisación sin reglas, pero tampoco permite identificar un formulario posterior. La estructura es más visible que sus palabras exactas.

6 El alimento y la identidad de quienes lo reciben

El capítulo 66 interrumpe la descripción para explicar qué significa el alimento eucarístico y quién puede participar. Justino vincula la admisión con creer la enseñanza, haber recibido el baño relacionado con el perdón y la regeneración, y vivir según lo mandado por Cristo.[6]

No son tres requisitos inconexos. La confesión, el bautismo y la conducta expresan una pertenencia que la mesa no inventa desde cero. Por eso la Eucaristía no aparece como comida indiscriminada abierta a cualquier transeúnte. Pero tampoco se deduce de la exigencia que cada comulgante cumpliese perfectamente todo lo enseñado: Justino presenta el criterio, no una auditoría de conciencias.

Su afirmación central es que los cristianos no reciben ese alimento como pan y bebida corrientes. Lo relaciona con la carne y la sangre de Jesús encarnado para nuestra salvación. La explicación eucarística se apoya así en la identidad del Salvador: no habla de un alimento religioso al que se añada después una referencia ornamental a Cristo.

Justino recuerda lo transmitido por los apóstoles en sus memorias, llamadas evangelios, sobre el pan y la copa entregados por Jesús. Conviene distinguir esa referencia fundante de una transcripción de la oración presidencial: que narre las palabras del Señor al explicar la Eucaristía no nos proporciona por sí solo su ubicación literal dentro de una plegaria completa.

La lectura católica reconoce aquí un testimonio temprano del realismo eucarístico. La investigación histórica debe permitirle hablar con su vocabulario, sin atribuirle todas las precisiones conceptuales de debates posteriores. Continuidad de la fe no significa identidad de las categorías empleadas para explicarla.

7 El domingo reúne escucha, oración y mesa

El capítulo 67 amplía la perspectiva. Justino describe la reunión del día llamado del Sol, con personas de ciudades y campos. Se leen las memorias apostólicas o los escritos de los profetas mientras el tiempo lo permite. Después, quien preside exhorta a poner en práctica lo escuchado. Todos se levantan y oran.[7]

La lectura no es un prólogo prescindible. Alimenta una exhortación orientada a la vida y desemboca en una respuesta común. Sin embargo, el pasaje no identifica un leccionario organizado como los actuales, ni determina el número de lecturas o la duración de la exhortación. Reconocer la relación entre Escritura y celebración exige menos suposiciones que reconstruir un horario completo.

A continuación se presentan pan, vino y agua; se ofrece la acción de gracias, el pueblo asiente y tiene lugar la distribución, también para los ausentes mediante los diáconos. El parentesco con el capítulo 65 es claro. La diferencia también: ahora observamos la recurrencia de una comunidad ya constituida, no únicamente el ingreso de un nuevo miembro.

Justino explica la elección del domingo por dos referencias: el comienzo de la creación y la resurrección de Jesucristo. El tiempo de la asamblea adquiere así una interpretación teológica. No estamos todavía ante la descripción completa de un año litúrgico; encontramos el ritmo semanal situado entre la obra creadora de Dios y la victoria de Cristo sobre la muerte.

8 Los ausentes y los necesitados pertenecen al relato

La atención a los ausentes aparece en ambos relatos eucarísticos. El texto no enumera todas las razones de su ausencia. Sería impropio imaginar para cada uno una enfermedad o una persecución. Lo documentado es la prolongación de la distribución más allá de quienes están físicamente reunidos.[8]

En el capítulo 67, quienes tienen recursos y quieren hacerlo aportan lo que consideran oportuno. Lo reunido queda al cuidado de quien preside, que socorre a huérfanos, viudas, enfermos, otras personas necesitadas, prisioneros y extranjeros de paso. Justino hace visible una responsabilidad organizada, no solamente un sentimiento generoso.

La ubicación de esta información en su exposición no permite fijar el momento exacto de una colecta dentro de un orden ritual moderno. Tampoco proporciona cantidades, procedimientos contables o resultados. Sí muestra que, al explicar la asamblea, considera pertinente explicar el destino de los bienes y el cuidado de personas vulnerables.

Aquí vuelve, con otra forma, la pregunta que Corinto nos había dejado. ¿Qué relación hay entre recibir el alimento común y reconocer al necesitado? Pablo denunciaba una contradicción concreta; Justino presenta una conducta que desea hacer reconocible ante lectores externos. Los géneros son distintos, pero ambos testimonios impiden contar la historia eucarística como si la vida del hermano fuera un asunto exterior a ella.

9 Lo que esta comunidad nos deja ver

El título de esta entrega no significa que antes del bautismo descrito no hubiera comunidad cristiana. Significa que la comunidad acoge nuevos miembros y expresa nuevamente qué vida considera cristiana: acompaña la conversión, recibe al bautizado, escucha, ora, da gracias y comparte. La iniciación desemboca en una pertenencia que necesita ser vivida.

El RICA contemporáneo puede ayudarnos a formular preguntas sobre esa pertenencia, pero no debe suministrarnos las respuestas antes de escuchar a Justino. El Catecismo reconoce expresamente la variedad histórica de la iniciación. Nuestra comparación ha de respetar esa variedad, incluidas las tradiciones que no reproducen la organización latina actual.[9]

También debemos dejar abiertos los espacios que el documento no ilumina: la composición precisa de la asamblea, las experiencias de mujeres y niños, los edificios, el canto o los conflictos internos. Una ausencia en la descripción no equivale a una ausencia en la vida. Para conocer esas realidades harán falta otros testigos, lugares y épocas.

Para la meditación sacerdotal queda una pregunta concreta: ¿acompañamos hacia una ceremonia concluida o hacia una vida eucarística compartida? Justino no responde por nosotros ni ofrece un programa pastoral listo para copiar. Nos permite reconocer, con notable cercanía, una comunidad que presenta su oración, su mesa y su cuidado del necesitado como dimensiones de una misma pertenencia a Cristo.

Notas de lectura, fuentes y alcance de la consulta

[1] Justino, Primera Apología 1–4 y 68. La datación se mantiene deliberadamente amplia, a mediados del siglo II. La obra es un discurso de defensa y petición; no se presenta aquí como acta de una celebración concreta ni como descripción exhaustiva de todas las Iglesias.

[2] Primera Apología 61. El acompañamiento comunitario se funda en la afirmación de que los cristianos oran y ayunan con quienes se preparan. El texto no especifica duración del proceso ni organización completa de sus etapas.

[3] Primera Apología 61, especialmente la explicación del baño, la iluminación y la cita de Is 1,16–20. La exposición sigue lo que Justino selecciona; no pretende reconstruir por omisión un ritual entero. Sobre la recepción católica del término iluminación, véase Catecismo 1216.

[4] Primera Apología 65. Los capítulos 62–64 contienen argumentaciones interpuestas entre la explicación bautismal y la reanudación del relato. Se estudian aquí 61 y 65 conjuntamente por su conexión temática, no como una cita continua.

[5] Primera Apología 65 y 67. Se sigue la traducción inglesa de Marcus Dods y George Reith para la presentación de los elementos. El texto español ofrece paráfrasis, no una nueva edición crítica. La expresión del capítulo 67 sobre la capacidad de quien preside no basta para reconstruir el modo exacto de composición de su plegaria.

[6] Primera Apología 66. Se distingue la explicación doctrinal del alimento de la descripción de la secuencia ritual. La comparación final con los misterios de Mitra pertenece a la polémica apologética de Justino; no se utiliza aquí como demostración histórica de un préstamo entre cultos.

[7] Primera Apología 67. El autor vincula expresamente el domingo con creación y resurrección. La descripción no fija un leccionario, un calendario anual completo o el contenido íntegro de las oraciones.

[8] Primera Apología 65 y 67. La ayuda económica se describe en 67; el servicio a los ausentes, en ambos capítulos. Se evita identificar la secuencia literaria con un momento preciso de la colecta en un orden celebrativo posterior.

[9] Catecismo de la Iglesia Católica 1229–1233. Esta referencia sirve para la comparación teológica contemporánea, no como fuente independiente para reconstruir la comunidad de Justino. La distinción entre perspectivas permite relacionar pasado y presente sin confundirlos.

Bibliografía y alcance de la consulta

Fuente primaria consultada: Justino, The First Apology, traducción inglesa de Marcus Dods y George Reith, en Ante-Nicene Fathers, vol. 1, edición de Alexander Roberts, James Donaldson y A. Cleveland Coxe, Buffalo, Christian Literature Publishing Co., 1885; versión electrónica de New Advent. Se consultaron especialmente los capítulos 1–4, 61 y 65–68. Las formulaciones españolas de esta entrega son paráfrasis propias a partir de esa traducción histórica de dominio público; no se presentan como traducción directa del griego. El original antiguo y la traducción utilizada deben distinguirse de los enlaces y encabezados añadidos por la edición digital.
https://www.newadvent.org/fathers/0126.htm

Referencia doctrinal consultada: Catecismo de la Iglesia Católica, 1216 y 1229–1233, versión española en el sitio de la Santa Sede.
https://www.vatican.va/archive/catechism_sp/p2s2c1a1_sp.html

Edición crítica para el cotejo especializado posterior: Denis Minns y Paul Parvis, eds., Justin, Philosopher and Martyr: Apologies, Oxford Early Christian Texts, Oxford University Press, 2009, ISBN 9780199542505. Se verificó la referencia bibliográfica; no se ha consultado íntegramente esta edición ni se le atribuyen conclusiones particulares o páginas no comprobadas. Antes de una publicación académica, corresponde cotejar con ella los pasajes donde intervengan cuestiones de texto y traducción.
https://catalogo.upsa.es/cgi-bin/koha/opac-detail.pl?biblionumber=200170