septiembre 14, 2026

El Leviatán y el gólem

Signa Temporum · Sala principal: Mapoteca
China, 2026: cartografía del poder tecnológico

Tesis

El Partido Comunista Chino puede imponer con notable alcance lo que una inteligencia artificial está autorizada a decir. Pero ningún poder político puede garantizar un dominio exhaustivo sobre todo cuanto un sistema complejo puede llegar a hacer ni sobre todos los efectos de su aplicación.

Confundir ambos controles permite a Pekín convertir una fortaleza —la disciplina del contenido— en una forma refinada de ceguera ante el problema más profundo: quién fija los fines de la tecnología y quién responde por sus consecuencias.

Tectónica

El 14 de septiembre de 2026, durante la apertura de la Semana Nacional de Ciberseguridad de China, el Comité Técnico Nacional de Normalización de la Seguridad de Redes publicó el Marco de Gobernanza de Seguridad de la Inteligencia Artificial 3.0. El documento prolonga las versiones de 2024 y 2025, actualiza la clasificación de riesgos y conserva una estructura basada en tres elementos: clasificación del riesgo, respuesta técnica y gobernanza integral. Su declaración oficial insiste en una inteligencia artificial «centrada en el ser humano», orientada al bien y sometida a condiciones de seguridad y control.

Existe, además, una demostración cuantitativa del alcance de la vigilancia china sobre el contenido. El 2 de septiembre, la Administración del Ciberespacio informó que, durante la segunda fase de la campaña «Claro y luminoso: rectificación del caos en las aplicaciones de IA», habían sido eliminados más de 5,61 millones de contenidos considerados ilegales o perjudiciales; se había actuado contra más de 49.000 cuentas y se habían intervenido más de 2.400 sitios web y aplicaciones. La operación se dirigió contra informaciones falsas, suplantaciones, contenidos violentos o degradantes, afectaciones a menores, ejércitos automatizados de comentaristas y servicios de IA contrarios a la regulación.

Las cifras son auténticas como datos comunicados oficialmente por el regulador chino. No equivalen, sin embargo, a una auditoría independiente sobre la eficacia, proporcionalidad o justicia de las intervenciones. Tampoco debe afirmarse que correspondan exactamente al período comprendido entre abril y septiembre, pues el comunicado consultado no establece ese intervalo.

La posición política fue formulada por el propio Xi Jinping el 17 de julio de 2026, durante la Conferencia Mundial de Inteligencia Artificial celebrada en Shanghái. Xi pidió fortalecer la conciencia del riesgo, construir sistemas de vigilancia, alerta y respuesta, y asegurar que la inteligencia artificial permanezca siempre bajo control humano. En el mismo discurso defendió la apertura de los modelos, la cooperación internacional y la oposición al uso expansivo del concepto de seguridad nacional.

Aquí aparece la falla tectónica. Un régimen fundado en el control de la información impulsa una tecnología cuyo poder procede precisamente de generar, relacionar y difundir información a una escala que ningún censor puede conocer por completo. Los modelos abiertos que aumentan la influencia internacional de China pueden ampliar también su superficie de riesgo. La tensión está comprobada; sus consecuencias últimas permanecen abiertas.

Análisis

Hobbes llamó Leviatán al Estado: un hombre artificial construido para contener el miedo disperso de los hombres mediante un poder común. La tradición del gólem de Praga atribuye al rabino Loew la creación de una criatura de barro destinada a defender a su comunidad. Según una versión posterior de la leyenda, cuando la criatura se volvió peligrosa hubo que desactivarla borrando una letra de la palabra inscrita en su frente: de emet, «verdad», quedó met, «muerto».

La imagen ilumina nuestro presente: el Leviatán, él mismo artificio político, teme al gólem tecnológico que fabrica para defender y ampliar su poder.

No se trata de suponer que la máquina se transforme literalmente en persona. La inteligencia artificial no es una inteligencia humana fabricada, sino un producto de la inteligencia humana. Entre la máquina y el ser humano, solamente este último es sujeto moral: posee conciencia, libertad y responsabilidad.

Por eso es necesario distinguir dos formas de control.

La primera es política y semántica: qué puede decir la máquina sobre Tiananmén, Taiwán, el Partido, la historia oficial o cualquier asunto sometido a vigilancia. China dispone en este terreno de una vasta arquitectura normativa y técnica. Las cifras de septiembre muestran la amplitud de su capacidad de intervención, aunque no demuestran que el control sea completo ni que todas las decisiones adoptadas sean legítimas.

La segunda forma de control es técnica y práctica: qué capacidades adquiere un sistema, qué errores produce, cómo actúa al integrarse con otras tecnologías, qué objetivos persigue en una aplicación determinada y qué consecuencias imprevistas puede desencadenar.

Reconocer este segundo problema no convierte a la máquina en un agens principale, un agente principal moralmente responsable. Significa que un instrumento complejo puede producir efectos que excedan la previsión y el control inmediato de quienes lo diseñaron, entrenaron o desplegaron.

La doctrina católica sitúa aquí el punto decisivo. Antiqua et nova enseña que la inteligencia artificial no debe considerarse una forma artificial de inteligencia humana, sino un producto suyo. La causalidad moral plena pertenece a los agentes personales; por eso, la responsabilidad última de las decisiones tomadas con ayuda de la IA debe permanecer en seres humanos identificables. El documento reconoce, al mismo tiempo, que los sistemas capaces de aprendizaje pueden seguir itinerarios que sus creadores no logran reconstruir enteramente y que, al aumentar sus capacidades, puede disminuir el control efectivo sobre sus resultados.

Los fines, los medios y la visión del mundo incorporados en cada aplicación deben juzgarse desde la dignidad humana y el bien común. La tecnología no es neutral: constituye una actividad humana y lleva inscrita una determinada ordenación de las relaciones sociales y del poder. Permite ciertas acciones, favorece a determinados actores y dificulta o impide otras.

La apuesta del Partido parece consistir en que la disciplina del discurso puede garantizar también la seguridad del sistema: quien controla lo que la máquina dice terminaría controlando lo que la máquina es. Pero moderar contenidos no equivale a dominar todas las capacidades, límites y consecuencias de la tecnología.

El riesgo no reside solamente en que una inteligencia artificial diga algo prohibido. Consiste también en que una sociedad entregue a sus instrumentos una autoridad que pertenece a la conciencia humana. La Iglesia pide que la tecnología permanezca centrada en la persona, éticamente fundada y ordenada al bien; nunca debe suprimir el espacio de la deliberación y de la decisión propiamente humanas.

Signo cultural

El Salmo 115 describe a los ídolos: tienen boca y no hablan; tienen ojos y no ven. La denuncia bíblica no se dirige solamente contra el objeto fabricado, sino contra quienes lo fabrican y terminan depositando en él su confianza.

La inteligencia artificial introduce una novedad inquietante: el artefacto habla. Pero el salmo conserva toda su fuerza. Si un instrumento habla desde los valores, límites y silencios de quienes lo construyeron, puede devolverles, ampliada, su propia imagen.

Un régimen que enseña a su máquina a no ver ciertas cosas corre el riesgo de acostumbrarse también a no verlas.

El gólem no necesita rebelarse para vencer al Leviatán. Le basta con devolverle, multiplicada, su propia ceguera.

Fruto

La pregunta no es simplemente si la inteligencia artificial controlará al Partido o si el Partido controlará la inteligencia artificial. La pregunta decisiva es si una comunidad humana —china u occidental— aceptará que un instrumento verdaderamente ordenado a la verdad debe poder mostrarle también aquello que sus propietarios preferirían no escuchar.

La respuesta no puede ser solamente técnica. La inteligencia artificial debe ordenarse a la dignidad humana, la verdad, la libertad, la justicia, la paz y el bien común. Para ello se necesita una cultura capaz de reconocer los límites de su propio poder.

La humildad cristiana no es renuncia al conocimiento, sino rechazo de la ilusión de omnipotencia tecnológica.

El Leviatán puede fabricar un gólem. Lo que todavía no sabe fabricar es la sabiduría necesaria para gobernarlo.

Nota metodológica

Los datos sobre el Marco de Gobernanza de Seguridad de la IA 3.0, las cifras de la campaña contra contenidos generados mediante IA y la declaración de Xi Jinping han sido comprobados en fuentes oficiales chinas.

Las cifras describen lo comunicado por el organismo regulador; no constituyen una auditoría independiente de sus actuaciones. La eficacia comparativa mundial de la censura china y la magnitud de la brecha de cómputo respecto de Estados Unidos no han sido establecidas en este artículo.

Las conexiones con Hobbes y el gólem de Praga son analogías interpretativas. La aplicación del Salmo 115 es una lectura teológica y cultural, no una exégesis directa sobre la inteligencia artificial. La tesis acerca de la «ceguera» del poder pertenece al género del ensayo y se ofrece como juicio razonado, no como dato empírico.

Fuentes

Imagen destacada: Abraham Bosse, Frontispicio del Leviatán de Thomas Hobbes (1651). British Library; reproducción de dominio público, CC0, vía Wikimedia Commons.

Pbro. José Octavio Lara Pachón
Scriptorium Lucis — Contemplata aliis tradere

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