
Coro de Scriptorium Lucis · Domingo 25 de octubre de 2026
El amor que sostiene la vida entera
Jesús responde a la pregunta por el primer mandamiento uniendo el amor a Dios y el amor al prójimo. No reduce la fidelidad a una emoción ni permite que una observancia religiosa se vuelva excusa para desatender a una persona.
Las lecturas del domingo
XXX domingo del Tiempo Ordinario, ciclo A. La Conferencia Episcopal de Colombia confirma para el 25 de octubre: Éxodo 22,20–26; Salmo 18(17),2–3a.3bc–4.47 y 51ab, respuesta v. 2; 1 Tesalonicenses 1,5c–10; Mateo 22,34–40.
Para leer los pasajes completos: Éxodo 22, Salmo 18(17), 1 Tesalonicenses 1 y Mateo 22, en la versión católica de la Conferencia Episcopal Española. Se enlazan, sin reproducirlos íntegros, para respetar los derechos de esa edición. No se presenta esta versión como Leccionario colombiano: en la celebración se emplea el Leccionario autorizado. Las referencias locales están comprobadas; no se ha cotejado aquí un propio particular de Cali que altere esta celebración.
El Evangelio en su lengua original
Mateo 22,34–40, SBL Greek New Testament, edición 2010, © Society of Biblical Literature y Logos Bible Software. Texto griego bajo CC BY 4.0, con sus condiciones y exclusión de garantías; fuente cotejada. Transliteración y traducción propias de estudio, no texto del Leccionario colombiano.
34 Οἱ δὲ Φαρισαῖοι ἀκούσαντες ὅτι ἐφίμωσεν τοὺς Σαδδουκαίους συνήχθησαν ἐπὶ τὸ αὐτό. 35 καὶ ἐπηρώτησεν εἷς ἐξ αὐτῶν νομικὸς πειράζων αὐτόν· 36 Διδάσκαλε, ποία ἐντολὴ μεγάλη ἐν τῷ νόμῳ;
Hoi dè Pharisaîoi akoúsantes hóti ephímōsen toùs Saddoukaíous synḗchthēsan epì tò autó. Kaì epērṓtēsen heîs ex autôn nomikòs peirázōn autón: Didáskale, poía entolḕ megálē en tôi nómōi?
Traducción de estudio: Los fariseos, al oír que había hecho callar a los saduceos, se reunieron. Y uno de ellos, experto en la Ley, le preguntó para ponerlo a prueba: Maestro, ¿qué mandamiento es grande en la Ley?
El participio que describe la prueba califica la intervención de ese interlocutor. El relato no identifica así a todo el pueblo judío. La pregunta por lo grande reclama una jerarquía; la respuesta ampliará el horizonte hacia aquello que sostiene el conjunto. «Primero» aparecerá expresamente en el versículo 38.
37 ὁ δὲ ἔφη αὐτῷ· Ἀγαπήσεις κύριον τὸν θεόν σου ἐν ὅλῃ τῇ καρδίᾳ σου καὶ ἐν ὅλῃ τῇ ψυχῇ σου καὶ ἐν ὅλῃ τῇ διανοίᾳ σου· 38 αὕτη ἐστὶν ἡ μεγάλη καὶ πρώτη ἐντολή.
Ho dè éphē autôi: Agapḗseis kýrion tòn theón sou en hólēi têi kardíāi sou kaì en hólēi têi psychêi sou kaì en hólēi têi dianoíāi sou: haútē estìn hē megálē kaì prṓtē entolḗ.
Traducción de estudio: Él le dijo: Amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, con toda tu alma y con toda tu mente. Este es el mandamiento grande y primero.
El futuro de amar tiene aquí fuerza normativa dentro de la cita bíblica. La triple totalidad reúne a la persona; no impone una división rígida de sus facultades. NET Bible, interfaz Classic, Mt 22,37, nota local 2 tn y 3 sn, distingue esas dos funciones. Esta paráfrasis selectiva concuerda con la formulación griega cotejada; no supone una consulta independiente de las obras gramaticales remitidas por NET.
39 Δευτέρα δὲ ὁμοία αὐτῇ· Ἀγαπήσεις τὸν πλησίον σου ὡς σεαυτόν. 40 ἐν ταύταις ταῖς δυσὶν ἐντολαῖς ὅλος ὁ νόμος κρέμαται καὶ οἱ προφῆται.
Deutéra dè homoía autêi: Agapḗseis tòn plēsíon sou hōs seautón. En taútais taîs dysìn entolaîs hólos ho nómos krématai kaì hoi prophêtai.
Traducción de estudio: Y un segundo es semejante a él: Amarás a tu prójimo como a ti mismo. De estos dos mandamientos penden toda la Ley y los Profetas.
La semejanza no confunde al Creador con la criatura. Une las exigencias de dos amores que la respuesta no permite separar. La imagen de pender expresa dependencia: NET, Mt 22,40, nota local 1 tn, señala ese valor figurado. No significa que la Ley y los Profetas hayan sido eliminados. Las diferencias de orden y concordancia consignadas en el aparato comparativo del SBLGNT no invierten esta afirmación; ese aparato compara ediciones y no equivale a una colación propia de manuscritos.
Para volver al vocabulario: Dios · griego. En Mt 22,37, θεόν (theón) es acusativo singular, referido al Dios a quien se dirige el mandamiento. La ficha comenta también el uso del Credo: ese otro contexto no sustituye al de Mateo.
Notas NET consultadas en Mt 22,37 y Mt 22,40, interfaz Classic, 24 de octubre de 2026; la interfaz consultada no identifica aquí un número de edición.
Una pregunta que busca algo más que una respuesta
Mateo sitúa el diálogo en la serie de controversias de Jerusalén. Después de la discusión con los saduceos acerca de la resurrección, los fariseos se reúnen y uno de ellos pregunta por el mandamiento principal. El narrador indica que busca poner a Jesús a prueba. Ese dato describe la función de la pregunta en esta escena; no autoriza a atribuir mala fe a todos los maestros judíos, ni a convertir una controversia interna de ese mundo en una condena de un pueblo.
El interrogante es serio aunque la intención del interlocutor sea polémica. Quien tiene ante sí muchas obligaciones necesita comprender cómo se relacionan, qué las orienta y cómo reconocer una fidelidad verdadera. También puede utilizar esa búsqueda para escoger aquello que le resulta más cómodo y dejar a un lado lo demás. La respuesta de Jesús no permite esa salida: el centro de la Ley compromete a la persona entera.
Conviene distinguir este relato de Marcos 12,28–34. Marcos desarrolla una conversación en la que el escriba muestra comprensión y recibe una respuesta favorable. Mateo conserva un marco más conflictivo. Podemos leer ambos testimonios juntos sin introducir en uno las frases que solo aparecen en el otro. La precisión ayuda a escuchar lo que cada evangelista ha querido destacar.
La respuesta nace dentro de la Escritura de Israel
Jesús toma sus palabras de Deuteronomio 6,5 y Levítico 19,18. No enfrenta una religión antigua supuestamente incapaz de amar con una enseñanza nueva que acabara de descubrir la misericordia. El mandato de amar ya pertenece a la Escritura que él y su interlocutor reconocen. Su respuesta reúne esos textos y muestra su fuerza para comprender el conjunto.
El Deuteronomio enlaza la fidelidad con la memoria de la liberación. Israel recibe un don antes de responder con su obediencia; se le advierte que no olvide a quien lo sacó de la esclavitud cuando encuentre una vida más segura. Recordar de dónde viene la libertad impide convertir lo recibido en autosuficiencia. La pregunta por el mandamiento no se resuelve aislando una orden de esa historia de alianza.
Levítico 19 tampoco deja el amor en una disposición vaga: lo vincula con la renuncia a la venganza y al rencor. Más adelante, en 19,33–34, pide acoger y amar al extranjero residente. La amplitud de esa exigencia debe leerse en sus contextos antiguos, sin fingir que todos los problemas sociales actuales estaban ya resueltos. Pero basta para impedir que presentemos la tradición de Israel como simple escuela de exclusión.
La recepción judía también merece ser escuchada. Rashi, al comentar Levítico 19,18, transmite una valoración atribuida a rabí Akiva: este precepto constituye un principio fundamental de la Torá. Es un testimonio de interpretación posterior, no prueba de una conversación concreta en tiempos de Jesús. Su presencia recuerda que la búsqueda del centro de la Ley no pertenece exclusivamente a la lectura cristiana.
Todo el corazón, toda el alma, toda la mente
En el griego de Mateo, ἀγαπήσεις (agapḗseis) tiene forma de futuro: amarás. Aquí, dentro de una cita normativa, expresa una exigencia, no una predicción de que el amor aparecerá espontáneamente. Por sí sola, la forma verbal tampoco ofrece una teoría completa del amor. La fuerza de la frase nace de la persona a quien se ama y de la totalidad con que se pide hacerlo.
La repetición de todo acompaña corazón, alma y mente. καρδίᾳ (kardíāi), ψυχῇ (psychêi) y διανοίᾳ (dianoíāi) no deben convertirse en tres compartimentos independientes entre los que repartimos porcentajes de devoción. La acumulación reclama una vida no dividida. Los pensamientos, los deseos y las decisiones quedan implicados; no basta reservar a Dios un espacio que nunca afecte a los demás.
Esto no exige experimentar siempre la misma intensidad emocional. Una persona puede atravesar sequedad, cansancio o duelo y permanecer fiel. Tampoco significa que todo deseo propio sea sospechoso. La cuestión es hacia dónde orientamos la vida y qué hacemos cuando descubrimos que una costumbre nuestra contradice el bien que confesamos. Amar con la mente incluye dejarse corregir; no consiste en renunciar a pensar.
El segundo mandamiento no es un añadido opcional
La pregunta solicita el primero; Jesús añade el segundo. Mateo lo llama ὁμοία (homoía), semejante, al primero. Hay distinción entre Dios y el prójimo, pero no permiso para separar sus exigencias. El vecino no se convierte en Dios, ni Dios desaparece detrás de una consigna humanitaria. La relación con el Señor reclama una manera de mirar y tratar a quienes comparten el mundo con nosotros.
La medida de la comparación es la consideración que tenemos por nuestra propia vida. Reconocemos con facilidad que necesitamos alimento, descanso, respeto y una oportunidad de explicar lo que nos ocurre. El precepto impide que reservemos esa atención para nosotros mientras reducimos al otro a una molestia. No exige que los sentimientos hacia todas las personas sean idénticos; reclama que su bien importe de verdad.
El amor a uno mismo tampoco equivale a aprobar todas las propias inclinaciones. Cuidarse incluye corregir lo que nos destruye y aceptar ayuda. Por eso amar al prójimo no significa consentir cualquier conducta ni someterse a una situación abusiva. Proteger a una víctima, establecer un límite o acudir a quienes pueden intervenir puede ser una forma responsable de buscar el bien. Esta es una aplicación pastoral del mandamiento, no una frase añadida al Evangelio.
Una Ley sostenida, no una Ley descartada
El verbo κρέμαται (krématai) evoca algo que pende o se sostiene. En Mateo 22,40, toda la Ley y los Profetas quedan relacionados con los dos mandamientos. La imagen no invita a desprenderse del resto de la Escritura: señala de qué depende su comprensión. Un detalle de observancia pierde su orientación cuando se convierte en pretexto para la crueldad.
También sería un error concluir que cualquier decisión puede justificarse con la frase «lo hago por amor». El amor debe examinar el daño, respetar la verdad y preguntarse por la justicia. Su centralidad exige discernimiento, no arbitrariedad. Si alguien afirma que ama mientras humilla, explota o manipula, la palabra necesita ser confrontada con los hechos.
En su reflexión sobre la caridad, Tomás de Aquino explica que esta orienta las acciones de las otras virtudes hacia el fin último. No hace innecesaria la justicia ni transforma todas las virtudes en una sola actividad indistinta. Esta elaboración teológica posterior ayuda a entender por qué el amor necesita adquirir forma en acciones justas, prudentes y perseverantes, sin atribuir al evangelista la terminología de la escolástica.
El manto que debe volver antes de la noche
La primera lectura da cuerpo social a la exigencia. Aparecen el extranjero, la viuda, el huérfano y el pobre. Éxodo 22 no pide simplemente una emoción favorable: prohíbe aprovecharse de la vulnerabilidad. Cuando un manto ha quedado como garantía de una deuda, debe ser devuelto antes de la noche porque su dueño lo necesita para cubrirse. El propio pasaje explica la función material de la prenda.
El acreedor puede tener una pretensión reconocida y, aun así, no disponer sin límites de la vida del deudor. La necesidad de abrigo impone una frontera a su poder. La aplicación contemporánea requiere atender a circunstancias y normas que el texto antiguo no describe; no estamos ante un manual moderno de crédito. Sin embargo, su pregunta conserva fuerza: ¿qué ocurre con la vida concreta de la persona cuando ejercemos un derecho?
El anuncio del juicio sobre los opresores es severo. No conviene borrar esa dureza ni convertirla en autorización para una venganza privada. Dentro del pasaje expresa que el clamor de quienes carecen de protección no resulta indiferente a Dios. La comunidad que recuerda haber vivido como extranjera no puede tratar al recién llegado como si su desamparo no la concerniera.
Amar a Dios desde la fragilidad
El salmo permite responder en primera persona. Quien invoca al Señor como roca, refugio y fortaleza no está celebrando su propia invulnerabilidad. Reconoce un sostén recibido. Las imágenes expresan confianza en medio del peligro; no prometen que el creyente nunca volverá a sufrir. La gratitud puede convivir con una vida todavía expuesta.
En 1 Tesalonicenses, la acogida de la Palabra se convierte en una forma de existencia que otros reconocen. La alegría del Espíritu no borra la tribulación. La comunidad aprende de un testimonio y, a su vez, se vuelve referencia para otras. El abandono de los ídolos se describe como un movimiento hacia el servicio al Dios vivo y la espera de Jesús resucitado. La esperanza no paraliza: cambia a quién se sirve mientras se espera.
Las lecturas no dicen exactamente lo mismo. Éxodo formula obligaciones sociales; el salmo ora desde una experiencia de liberación; Pablo reconoce una conversión comunitaria; Mateo presenta la respuesta de Jesús. Su encuentro en la liturgia nos deja escuchar distintas dimensiones de una misma vida creyente, sin convertir cada pasaje en ilustración intercambiable de una idea.
Una tradición que aprende a no separar
Juan Crisóstomo, en la homilía 71 sobre Mateo, se detiene precisamente en la semejanza del segundo mandamiento y en la relación entre ambos amores. Su comentario vincula el cuidado del otro con la fidelidad al Señor. Leemos aquí una recepción cristiana antigua del pasaje, no un testimonio presencial de la controversia. Su advertencia alcanza también al lector cristiano: conocer la respuesta no equivale a vivirla.
Benedicto XVI desarrolla la misma tensión en Deus caritas est, 16–18. No reduce el amor a un sentimiento que pudiera producirse por orden. La respuesta creyente nace del amor de Dios que llega primero; el encuentro con él hace posible mirar al otro de manera nueva. La oración y el servicio se necesitan mutuamente. Cerrar los ojos ante una persona necesitada empobrece también nuestra relación con Dios.
La Eucaristía no queda entonces al margen del mandamiento. Recibir al Señor y aprender a servir no son dos proyectos rivales. La comunión pide dejarse transformar en las relaciones reales, sin pretender que una celebración dispense de reparar una injusticia. Al mismo tiempo, el servicio necesita recibir fuerza y orientación para no agotarse en orgullo o resentimiento.
Dejar que la Palabra examine nuestro amor
Podemos comenzar con una pregunta concreta, no con una lista imposible de propósitos: ¿hay alguien cuyo bien he dejado de considerar porque me incomoda, no me resulta útil o no puede agradecerme? La respuesta quizá señale una conversación pendiente, una obligación descuidada o una manera de ejercer autoridad. No hace falta inventar una obra extraordinaria para reconocer un deber cercano.
También puede señalar un cuidado que ya se está ofreciendo y necesita perseverancia. No toda escucha termina en un cambio visible, ni toda fidelidad recibe reconocimiento. La medida no es la satisfacción de sentirnos buenos. Importa tratar al otro como persona, permitirle hablar y aceptar que su libertad no nos pertenece.
Oración. Señor Jesús, tú nos enseñas a amar al Padre sin apartarnos de nuestros hermanos. Recibe nuestra vida dividida y reúne lo que dispersamos. Purifica nuestra manera de ayudar, sostén a quienes cuidan y danos valor para reparar el daño que hemos causado. Que nadie tenga que hacerse pequeño para recibir nuestro respeto. Amén.
Fruto para esta semana. Elegir una relación o responsabilidad concreta. Dejar una expresión de desprecio; comenzar por escuchar; acercarse sin imponer una respuesta; decidir una ayuda justa y posible. Poner ese encuentro en la oración y, antes de terminar la semana, revisar lo que nos correspondía hacer, sin convertir la reacción del otro en medida de nuestro mérito. Si la ayuda ya existe, el paso puede consistir en perseverar o pedir apoyo para sostenerla.
Para proclamar y guardar
¿Qué sostiene una vida creyente cuando las obligaciones parecen multiplicarse? Jesús responde con dos mandamientos: amar a Dios con toda la persona y amar al prójimo como a uno mismo. No nos invita a escoger entre la oración y el cuidado. Nos enseña a reconocer que la fidelidad al Señor debe alcanzar nuestras relaciones.
La primera lectura pone ante nosotros una imagen sencilla: un manto que debe ser devuelto antes de la noche. Quien lo entregó como garantía necesita cubrirse. Su necesidad pone un límite al poder de quien reclama una deuda. No basta tener un derecho: también hay que mirar qué sucede con la persona cuando lo ejercemos.
El Evangelio nos pide esa mirada. Podemos conocer muchas normas y olvidar a quien está delante. También podemos hablar mucho de amor y negarnos a reparar una injusticia. Jesús reúne lo que nosotros separamos. Amar a Dios compromete nuestros pensamientos y decisiones; amar al prójimo reclama escuchar, respetar y actuar con justicia.
Esta semana podemos comenzar por una responsabilidad cercana: una conversación aplazada, un cuidado que necesita apoyo, una palabra de desprecio que debemos abandonar. El amor recibido de Dios puede tomar allí una forma concreta. No necesitamos demostrar que somos mejores. Necesitamos permitir que el bien del otro nos importe de verdad.
Frase para guardar: Amar a Dios compromete la manera de tratar al prójimo.
Fuentes y contexto
- Conferencia Episcopal de Colombia, Lectio dominical del 25 de octubre de 2026, publicada el 23 de octubre: fecha y referencias litúrgicas. El comentario de esta página es elaboración propia, no reproducción del comentario de la CEC.
- Textos bíblicos en la versión de la Conferencia Episcopal Española, enlazados arriba; para la matriz de la respuesta: Deuteronomio 6,4–12 y Levítico 19,18.33–34. Edición católica española, no identificada aquí con el Leccionario de Colombia.
- SBL Greek New Testament, Mateo 22,34–40, edición 2010, consultada en Bible Gateway, incluido su aparato comparativo de ediciones. No se ha consultado un aparato manuscrito de NA28. Las explicaciones gramaticales son propias; las transliteraciones acompañan todos los términos griegos citados. Las diferencias de orden y formulación mostradas por esta página no alteran la relación entre los dos mandamientos desarrollada aquí.
- Rashi a Levítico 19,18, fragmento 2, texto hebreo y traducción inglesa reproducidos en una hoja de Sefaria. Se comprobó ese fragmento, no una edición crítica completa ni los tratados rabínicos que allí se citan. La explicación castellana es paráfrasis propia. Su recepción medieval y la atribución a Akiva se distinguen del contexto histórico de Jesús.
- Juan Crisóstomo, Homilía 71 sobre Mateo, comienzo, comentario a 22,34–40; traducción inglesa de George Prevost, revisada por M. B. Riddle, NPNF, primera serie, vol. 10 (1888), en New Advent. Paráfrasis castellana propia. Su intento de armonizar Mateo y Marcos pertenece a su lectura; aquí se conservan los acentos de cada relato.
- Tomás de Aquino, Suma de teología, II-II, q. 23, a. 8, respuesta sobre la caridad como forma de las virtudes. Versión inglesa consultada; síntesis castellana propia, no cita literal.
- Benedicto XVI, Deus caritas est, 16–18, texto español. Desarrollo doctrinal sobre la relación entre amor recibido, oración y amor al prójimo; no reconstrucción histórica de la escena de Mateo.
Fuentes consultadas el 24 de octubre de 2026. Las aplicaciones a los límites, el cuidado y las responsabilidades actuales son propuestas pastorales para el discernimiento; no se presentan como descripción de instituciones del siglo I.
Pbro. José Octavio Lara Pachón




2 respuestas