CORO · SCRIPTORIUM LUCIS
Hay mañanas en las que despertamos con una conversación ya encendida por dentro. Antes de levantarnos, repasamos lo que debemos hacer, lo que alguien dijo y lo que tememos que suceda. Entrar en oración comienza por ofrecerle a Dios esa vida tal como llega.
El silencio cristiano dispone el corazón al encuentro. No requiere que desaparezcan todas las preocupaciones. Podemos presentarlas al Señor y permanecer ante él, incluso cuando todavía nos cuesta encontrar palabras.
Una disposición sencilla
Busque un lugar donde pueda detenerse unos minutos. Haga la señal de la cruz. Reconozca que está ante Dios y dígale con sencillez qué lleva consigo: agradecimiento, cansancio, impaciencia o una petición por alguien. No necesita producir un sentimiento especial para comenzar.
Si va a leer el Evangelio, lea el pasaje entero antes de elegir una frase. Pregunte primero qué dice el texto; después, cómo ilumina su vida. El Concilio Vaticano II recomienda acompañar la lectura de la Escritura con la oración (Dei Verbum, 25).
Oración
Señor Jesús, aquí está mi día antes de que yo intente llenarlo. Te presento mis tareas y a las personas que encontraré. Recoge mi atención dispersa. Enséñame a escuchar sin preparar de inmediato mi respuesta, a reconocer lo que debo corregir y a recibir con gratitud el bien que otros me ofrecen.
Dame paciencia para lo que necesita tiempo, firmeza para cumplir mi deber y ternura para no pasar de largo ante quien me necesita. Que tu Palabra encuentre lugar en mis decisiones. Amén.
Un fruto para hoy
Elija un encuentro concreto y propóngase escuchar a esa persona sin interrumpirla. Al terminar el día, vuelva brevemente sobre ese momento: ¿qué pudo comprender al concederle tiempo?
Para guardar: La atención también puede convertirse en una forma de caridad.
Oración original y orientación pastoral para cualquier día del año.
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Scriptorium Lucis — Una página para iluminar lo real.
Pbro. José Octavio Lara Pachón

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