septiembre 12, 2026

Cimiento y fundamento

DONAIRES DE OÍDO · CORO

«Puso los cimientos sobre la roca» (Lc 6,48)

El evangelio de este sábado termina con un albañil.

Jesús compara al discípulo con un hombre que quiere levantar una casa y sabe por dónde empezar. Lucas lo cuenta con tres verbos: cavó, ahondó, puso cimiento. Antes de que aparezca una pared, alguien tiene que trabajar debajo de ella.

El griego dice:

ἔσκαψεν καὶ ἐβάθυνεν καὶ ἔθηκεν θεμέλιον ἐπὶ τὴν πέτραν.

Transliteración: éskapsen kaì ebáthynen kaì éthēken themélion epì tḕn pétran.

Traducción: «Cavó, ahondó y puso un cimiento sobre la roca».

Lucas 6,48: texto griego.

Detengámonos en esos tres golpes de herramienta:

  • ἔσκαψενéskapsen — «cavó». De σκάπτω, skáptō, «cavar»: aoristo de indicativo activo, tercera persona del singular.
  • ἐβάθυνενebáthynen — «ahondó». De βαθύνω, bathýnō, «hacer profundo, profundizar»: aoristo de indicativo activo, tercera persona del singular.
  • ἔθηκενéthēken — «puso». De τίθημι, títhēmi, «poner, colocar»: aoristo de indicativo activo, tercera persona del singular.

Los tres aoristos presentan las acciones globalmente, sin detenerse en su duración. El tiempo verbal no nos dice cuánto tardó el hombre ni cuánto le costó. El trabajo de excavar y ahondar pertenece al significado de los verbos y a la escena que Lucas construye.

Mateo, en el pasaje paralelo, dice que el hombre edificó sobre la roca; Lucas añade la excavación. Nos hace mirar el trabajo que la casa terminada esconderá.

La palabra griega para ese cimiento es θεμέλιονthemélion — «cimiento, fundamento». En esta frase está en acusativo singular y funciona como complemento directo de «puso».

La expresión ἐπὶ τὴν πέτρανepì tḕn pétran — significa «sobre la roca». Es la construcción que acompaña aquí al verbo «poner»; no necesitamos atribuirle un movimiento espiritual que la gramática, por sí sola, no expresa.

El castellano puede traducir θεμέλιον (themélion) tanto por cimiento como por fundamento. Son palabras cercanas, muchas veces intercambiables, pero el oído encuentra entre ellas un pequeño espacio donde cabe un donaire.

Cimiento viene del latín caementum, «piedra de construcción». Del mismo origen procede cemento. Las dos palabras conservan algo del peso y de la aspereza de las cosas que se mezclan, se cargan y se colocan. Así lo recoge el Diccionario de la lengua española en cimiento y cemento.

El cimiento se entierra para que la pared permanezca en pie.

Fundamento viene del latín fundamentum, «cimiento, base». También designaba el apoyo material de una construcción. En castellano, sin perder ese sentido, la palabra nos lleva fácilmente hacia las razones: una doctrina tiene fundamento; una sospecha puede carecer de él; un temor puede ser infundado. Diccionario de la lengua española: fundamento.

A nadie se le ocurre llamar incimentado a un temor.

Desde luego, también hablamos de los cimientos de la fe y del fundamento de una casa. La distinción que aquí ensayamos es un juego del castellano, una manera de escuchar sus posibilidades. Conviene reconocerlo para que el donaire no se disfrace de diccionario.

La tradición latina permite comprobarlo. La Nova Vulgata dice:

Posuit fundamentum supra petram.

Traducción: «Puso el fundamento sobre la roca».

Fundamentum sirve allí con toda naturalidad para hablar de albañilería. La diferencia que nuestro oído explora en castellano no constituye una oposición entre dos conceptos del texto latino. Nova Vulgata, Lucas 6,48.

La imagen resuena también en las Escrituras de Israel. Isaías anuncia una piedra puesta por Dios en Sión y emplea esta expresión:

מוּסָד מוּסָּד

Transliteración: mûsād mûssād.

Traducción: «cimiento cimentado» (conservando el juego de la raíz).

Traducción más natural: «un cimiento firmemente asentado».

Las dos palabras pertenecen a la familia de la raíz יסדy-s-d —, «fundar, establecer». La repetición hace oír la solidez. Es una resonancia bíblica que podemos reconocer, sin afirmar por ello que Lucas esté citando directamente este pasaje. Isaías 28,16: texto hebreo.

Santo Tomás, al comentar el pasaje paralelo de Mateo, reconoce en la roca a Cristo y recuerda a san Pablo: nadie puede poner otro fundamento que Jesucristo. Añade una distinción especialmente cercana a esta parábola: hay quien escucha para saber y quien escucha para obrar y amar. Super Matthaeum, capítulo 7, lección 2, nn. 671 y 674.

Aquí está el donaire.

La pregunta de Jesús es directa:

Τί δέ με καλεῖτε· κύριε κύριε, καὶ οὐ ποιεῖτε ἃ λέγω;

Transliteración: Tí dé me kaleîte: kýrie kýrie, kaì ou poieîte hà légō?

Traducción: «¿Por qué me llamáis “Señor, Señor”, y no hacéis lo que digo?».

Lucas 6,46: texto griego.

La pregunta alcanza a quienes conocemos las palabras de la fe y podemos pronunciarlas correctamente. Sabemos hablar del fundamento. Nos queda abrir la zanja.

La zanja es la parte del trabajo que no se ve, que no luce, que ensucia. Es pedir perdón sin preparar primero la defensa. Cumplir la palabra dada cuando ya nadie la reclama. Dar tiempo a quien interrumpe nuestros planes. Dejar que lo escuchado cambie una decisión.

Lucas reúne tres acciones en un mismo discípulo: venir a Jesús, escuchar sus palabras y cumplirlas. Todo comienza acercándose a él. La escucha recibe una palabra que pide hacerse vida.

Si se nos permite seguir jugando con el castellano: podemos tener muy bien explicado el fundamento y muy poco trabajados los cimientos.

La roca es Cristo. Cavar es dejar que su palabra alcance aquello que todavía se resiste en nosotros. Las obras van dando cuerpo a esa escucha: una decisión, una renuncia, un acto de caridad. De ordinario, sin espectadores.

La casa crece hacia arriba porque alguien aceptó trabajar hacia abajo.

Cuando venga la crecida, se verá si la Palabra llegó hasta los cimientos.

José Octavio Lara Pachón, Pbro.

Scriptorium Lucis — Una página para iluminar lo real.


Referencias

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