Sala Scriptorium · El texto bíblico, palabra por palabra
El Evangelio: traducción propia de estudio
25 Estaban de pie junto a la cruz de Jesús su madre y la hermana de su madre, María la de Clopás y María Magdalena.
26 Jesús, entonces, al ver a su madre y al discípulo a quien amaba, que estaba allí, dice a su madre: «Mujer, ahí tienes a tu hijo».
27 Luego dice al discípulo: «Ahí tienes a tu madre». Y desde aquella hora el discípulo la acogió en su casa.
La fecha y el pasaje elegido
El calendario público de la Arquidiócesis de Cali señala Nuestra Señora de los Dolores el 15 de septiembre de 2026. La Conferencia Episcopal de Colombia publicó Juan 19,25–27 para esta fecha en 2025: es un antecedente colombiano, no la verificación del Ordo de 2026.
No fue posible cotejar el Ordo local completo; el portal del Ordo colombiano no ofreció contenido consultable en esta revisión. Como contraste para el día exacto, el calendario oficial estadounidense de la USCCB confirma la memoria y presenta Juan 19,25–27 o Lucas 2,33–35. Esta fuente no se atribuye a Colombia. Elegimos Juan, en continuidad con la entrega anterior sobre la cruz; no afirmamos que sea la única opción ni descartamos disposiciones locales no verificadas.
Una escena pequeña dentro de la Pasión
El pasaje queda entre el reparto de las vestiduras de Jesús (19,23–24) y sus últimas palabras antes de morir (19,28–30). El corte litúrgico concentra la atención en la madre, el discípulo y la palabra que los vincula. No contiene todavía el relato de la muerte.
La proximidad de estas escenas permite advertir un contraste: mientras los soldados se distribuyen las pertenencias de Jesús, él establece una relación de cuidado. Es una lectura de la composición narrativa, no una frase expresamente formulada por el evangelista. Puede comprobarse el contexto en Juan 19.
Aunque la celebración lleva el nombre de los Dolores, estos tres versículos no describen llanto, gestos de duelo ni palabras de María. El sufrimiento pertenece a la situación narrada; su expresión psicológica no se detalla. La sobriedad es parte de la fuerza del texto.
La única edición griega consultada para esta entrega es el The Greek New Testament: SBL Edition, editado por Michael W. Holmes, con su aparato comparativo. La transliteración es una ayuda de lectura, no una reconstrucción de la pronunciación del siglo I; ē y ō distinguen las vocales largas.
1. «Estaban de pie junto a la cruz» — 19,25a
Εἱστήκεισαν δὲ παρὰ τῷ σταυρῷ τοῦ Ἰησοῦ
Heistēkeisan de para tō staurō tou Iēsou.
«Estaban de pie junto a la cruz de Jesús…»
Εἱστήκεισαν (heistēkeisan, «estaban de pie») es un pluscuamperfecto activo, tercera persona plural, de ἵστημι (histēmi, «poner de pie»; en estas formas intransitivas, «estar de pie»). Presenta la situación en la que se encontraban las mujeres. Traducir «permanecían» es posible, pero la forma verbal no demuestra por sí sola una permanencia ininterrumpida ni significa gramaticalmente «resistían heroicamente».
La partícula δέ (de, «y», «pero», según el enlace) cambia el foco desde los soldados hacia quienes están junto a Jesús. Aquí admite un matiz de contraste; no exige un «pero» enfático en español.
παρά (para, «junto a», con dativo) sitúa al grupo cerca de la cruz. σταυρῷ (staurō, «cruz», en dativo) procede de σταυρός (stauros, aquí «cruz de ejecución»). El significado contextual depende de la crucifixión narrada, no de reducir la palabra a una etimología.
Juan presenta cercanía. Marcos 15,40 y Mateo 27,55 describen mujeres que observan desde lejos. La diferencia entre los relatos debe reconocerse: estos versículos no proporcionan una cronología de desplazamientos con la cual armonizarlos. La comparación está señalada en las notas de la USCCB a Juan 19,25.
2. Los nombres y los vínculos — 19,25b
ἡ μήτηρ αὐτοῦ καὶ ἡ ἀδελφὴ τῆς μητρὸς αὐτοῦ, Μαρία ἡ τοῦ Κλωπᾶ καὶ Μαρία ἡ Μαγδαληνή.
hē mētēr autou kai hē adelphē tēs mētros autou, Maria hē tou Klōpa kai Maria hē Magdalēnē.
«…su madre y la hermana de su madre, María la de Clopás y María Magdalena».
Los sujetos aparecen después del verbo. μήτηρ (mētēr, «madre») y ἀδελφή (adelphē, «hermana») nombran relaciones familiares. La forma μητρός (mētros, «de la madre») es el genitivo del primer sustantivo. Jesús ocupa el centro de esta identificación: el narrador dice «su madre», sin darle aquí nombre propio.
¿Son tres mujeres o cuatro? Las dos lecturas dependen de cómo se vincule «María la de Clopás» con «la hermana de su madre»: puede entenderse como explicación del nombre anterior, o como otra integrante del grupo. Es una cuestión de sintaxis y puntuación, no necesariamente una diferencia de palabras entre manuscritos. Conservamos una formulación que no pretende zanjarla. Las notas de los traductores de la NET a 19,25 exponen ambas posibilidades.
ἡ τοῦ Κλωπᾶ (hē tou Klōpa, «la de Clopás») expresa una relación con ese varón, pero no incluye el sustantivo «esposa». «María, esposa de Clopás» es una explicitación interpretativa habitual; «María la de Clopás» conserva la indeterminación del griego. Tampoco el pasaje permite reconstruir por sí solo toda la genealogía del grupo.
ἡ Μαγδαληνή (hē Magdalēnē, «la Magdalena», denominación vinculada a Magdala) distingue a la otra María. El versículo no la identifica con una prostituta ni introduce tal descripción de su pasado.
3. Una mirada y una palabra — 19,26
Ἰησοῦς οὖν ἰδὼν τὴν μητέρα καὶ τὸν μαθητὴν παρεστῶτα ὃν ἠγάπα λέγει τῇ μητρί· Γύναι, ἴδε ὁ υἱός σου·
Iēsous oun idōn tēn mētera kai ton mathētēn parestōta hon ēgapa legei tē mētri: Gynai, ide ho huios sou.
«Jesús, entonces, al ver a su madre y al discípulo a quien amaba, que estaba allí, dice a su madre: “Mujer, ahí tienes a tu hijo”».
οὖν (oun, «entonces», «por tanto») enlaza la intervención con la escena anterior. No obliga a entender una deducción lógica. ἰδών (idōn, «habiendo visto», «al ver») es un participio aoristo activo, nominativo masculino singular, de ὁράω (horaō, «ver»). Su sujeto es Jesús; introduce la circunstancia que precede o da ocasión a sus palabras. El aoristo no dice que haya sido una mirada fugaz.
παρεστῶτα (parestōta, «que estaba allí, de pie») es un participio perfecto activo, acusativo masculino singular, de παρίστημι (paristēmi, «situar al lado»; aquí, «estar presente»). Concuerda con «discípulo». Describe su presencia, sin establecer desde cuándo estaba allí ni cuánto tiempo permanecería.
La relativa ὃν ἠγάπα (hon ēgapa, «a quien amaba») caracteriza a ese discípulo. El verbo es imperfecto activo, tercera persona singular, de ἀγαπάω (agapaō, «amar»). Presenta el amor como trasfondo de la relación; no significa que Jesús haya dejado de amarlo después. El personaje no recibe nombre propio en estos versículos: el comentario debe respetar esa reserva narrativa.
λέγει (legei, «dice»), presente de λέγω (legō, «decir»), funciona como presente histórico. Conservamos «dice» para acercar la escena al lector; «dijo» sería también una traducción legítima.
Γύναι (gynai, «mujer», como tratamiento) es el vocativo de γυνή (gynē, «mujer»). No debe escucharse automáticamente como desprecio. El mismo tratamiento aparece dirigido a la madre en Caná, Juan 2,4. Su repetición, unida a la presencia de la madre en ambas escenas, permite reconocer una relación literaria entre el comienzo de los signos y la Pasión. Esa afinidad no convierte cada palabra en una clave secreta.
ἴδε (ide, «mira», «he aquí») es formalmente un imperativo aoristo activo, segunda persona singular, del verbo «ver», usado aquí para presentar a alguien. ὁ υἱός σου (ho huios sou, «tu hijo») está en nominativo: la expresión se aproxima a «he aquí tu hijo», no solo a una orden de dirigir los ojos.
«Ahí tienes a tu hijo» comunica esa función en español actual. Jesús no informa de un parentesco biológico antes desconocido: sus palabras establecen una relación que la siguiente frase hará recíproca. El relato permite hablar de una nueva responsabilidad familiar; no describe las formalidades de una adopción jurídica.
4. La palabra se vuelve hacia el discípulo — 19,27a
εἶτα λέγει τῷ μαθητῇ· Ἴδε ἡ μήτηρ σου.
eita legei tō mathētē: Ide hē mētēr sou.
«Luego dice al discípulo: “Ahí tienes a tu madre”».
εἶτα (eita, «luego», «después») ordena las dos intervenciones. τῷ μαθητῇ (tō mathētē, «al discípulo») está en dativo y señala al destinatario; el sustantivo es μαθητής (mathētēs, «discípulo», «aprendiz»).
La segunda declaración reproduce la forma de la primera y cambia «hijo» por «madre». El paralelismo es claro, sin necesidad de construir un quiasmo: primero Jesús habla a la madre acerca del discípulo; después, al discípulo acerca de la madre.
Lo decisivo no es solamente que alguien se haga cargo de una persona que pierde a su hijo. Ambos reciben una nueva referencia familiar. En el mundo que representa el relato, la casa y el parentesco son ámbitos concretos de pertenencia y cuidado; la frase final mostrará cómo se realiza esa responsabilidad.
Una lectura teológica de la comunidad reunida por Jesús encuentra aquí un apoyo narrativo: él vincula a los suyos en medio de su muerte. Pero el paso hacia una afirmación universal sobre todos los creyentes exige argumentación adicional; no está contenido automáticamente en el singular «tu».
5. De la palabra a la acogida — 19,27b
καὶ ἀπ’ ἐκείνης τῆς ὥρας ἔλαβεν ὁ μαθητὴς αὐτὴν εἰς τὰ ἴδια.
kai ap’ ekeinēs tēs hōras elaben ho mathētēs autēn eis ta idia.
«Y desde aquella hora el discípulo la acogió en su casa».
ἀπ’ ἐκείνης τῆς ὥρας (ap’ ekeinēs tēs hōras, «desde aquella hora») marca el comienzo de la nueva situación. ἀπό (apo, «desde», aquí elidido ante vocal) rige genitivo. ὥρα (hōra, «hora», «momento») tiene aquí una función temporal reconocible. Su resonancia con la «hora» de Jesús en el conjunto del Evangelio es una posibilidad literaria; no elimina este significado inmediato.
ἔλαβεν (elaben, «recibió», «tomó consigo») es aoristo activo, tercera persona singular, de λαμβάνω (lambanō, «tomar», «recibir»). «Acogió» traduce el verbo atendiendo a la relación que acaba de establecerse. El aoristo presenta el hecho globalmente; no mide su duración ni reduce el cuidado a un instante.
αὐτήν (autēn, «a ella») es el objeto directo: la madre es la persona recibida. εἰς τὰ ἴδια (eis ta idia, «a lo suyo», «a su ámbito propio») contiene un adjetivo neutro plural sustantivado, de ἴδιος (idios, «propio»). El texto no trae un sustantivo que signifique literalmente «casa».
«La acogió en su casa» es una traducción contextual y legible. «La recibió en lo suyo» queda más cerca de la forma griega, pero requiere explicación. La misma expresión aparece en Juan 16,32, cuando Jesús anuncia la dispersión de los discípulos, cada uno hacia lo suyo. La comparación apoya el ámbito doméstico y personal, sin exigir que se trate de una propiedad inmobiliaria.
Tampoco dice que María se convierta en una posesión: ella es la persona acogida; «lo suyo» es el ámbito que se le abre. El evangelista no precisa la dirección de la casa, un traslado inmediato desde el Calvario ni la duración de la convivencia. El relato concluye con la respuesta efectiva del discípulo, no con una biografía posterior.
Variantes textuales: qué cambia y qué no
El aparato comparativo del SBLGNT, notas a 19,26–27, registra la adición de αὐτοῦ (autou, «de él», «su») después de «madre» en 19,26 y la alternancia entre ἴδε (ide, «mira», «he aquí») y ἰδού (idou, «he aquí») en ambas declaraciones.
Estas diferencias explicitan un vínculo ya claro o modifican la forma de presentación; no alteran la entrega recíproca ni la acogida final. Se informa lo que registra ese aparato, no una colación propia de manuscritos. La cuestión del número de mujeres, comentada antes, es distinta: no debe confundirse una decisión de puntuación con la constatación de una variante manuscrita.
El movimiento del conjunto
La escena avanza de la presencia a la mirada, de la mirada a la palabra y de la palabra a la acogida. Al comienzo encontramos a varias personas junto a la cruz; al final, una relación nueva tiene consecuencias en la vida del discípulo.
Jesús continúa siendo quien toma la iniciativa. La madre y el discípulo no pronuncian discursos; el narrador tampoco explica sus sentimientos. La respuesta se cuenta mediante un hecho: él la recibe en su ámbito de vida.
En estos versículos, la cruz no es únicamente el lugar de una pérdida. Es también el lugar desde el cual Jesús dispone un cuidado concreto. La última palabra del pasaje no es un concepto abstracto sobre la familia: es una casa abierta.
Fuentes directas y alcance de la consulta
- Arquidiócesis de Cali: Nuestra Señora de los Dolores, 15 de septiembre de 2026. Confirma la celebración en el calendario público local; no equivale al Ordo completo.
- CEC: Juan 19,25–27 para el 15 de septiembre. Entrada publicada el 14 de septiembre de 2025, usada únicamente como antecedente.
- USCCB: lecturas del 15 de septiembre de 2026. Contraste oficial estadounidense de fecha, memoria y opciones de Evangelio.
- Michael W. Holmes, editor, The Greek New Testament: SBL Edition, Juan 19, texto y aparato. Única edición griega consultada; también se consultaron sus capítulos 2 y 16 para las relaciones internas indicadas.
- NET Bible: notas de traducción y estudio a Juan 19,25–27; USCCB: Juan 19 y notas. Se contrastaron cuestiones de identificación, contexto y traducción; no se reproducen sus comentarios.
