septiembre 15, 2026

La recibió entre lo suyo · El maestro y el discípulo ante el Evangelio

¡NUEVO!

Sala principal: Coro · Sala relacionada: Biblioteca
Serie: Evangeliarium Lucis
Subserie: El maestro y el discípulo ante el Evangelio
Código: EL-Jn-19,25-27-V1 · Fecha: 15 de septiembre de 2026

«La recibió entre lo suyo»

Juan 19,25-27 · Nuestra Señora de los Dolores

El discípulo encontró al maestro inclinado sobre el texto griego. En la mesa había pocos libros y una hoja todavía en blanco.

—Maestro, ¿qué vamos a traducir hoy?

—Tres versículos del Evangelio según san Juan. Son breves, pero en ellos cabe una casa entera. Escucha:

25 Junto a la cruz de Jesús estaban en pie su madre, la hermana de su madre, María de Clopás y María Magdalena.

26 Jesús, al ver a su madre y, junto a ella, al discípulo a quien amaba, dice a su madre:
—Mujer, ahí tienes a tu hijo.

27 Después dice al discípulo:
—Ahí tienes a tu madre.

Y desde aquella hora el discípulo la recibió entre lo suyo.

El discípulo guardó silencio un momento.

—¿Por qué dice «estaban en pie» y no simplemente «estaban»?

—Porque Juan emplea εἱστήκεισανheistḗkeisan—. No describe únicamente el lugar donde se encontraban. Expresa que permanecían en pie. Al pie de la cruz no hay una multitud curiosa, sino unas mujeres que sostienen su presencia cuando casi todo parece perdido.

—Entonces, ¿estar en pie también es una manera de creer?

—En este pasaje, al menos, es una manera de no huir. La traducción no debe predicar antes que el texto, pero tampoco debe borrar lo que el verbo dice.

El discípulo volvió a leer:

—«Jesús, al ver a su madre y, junto a ella, al discípulo a quien amaba, dice…». ¿Por qué emplea «dice» y no «dijo»?

—Porque el evangelista cambia al presente: λέγειlégei, «dice»—. Es un presente histórico. La escena ocurrida se hace presente ante el lector. Jesús no habló únicamente desde una cruz lejana: sus palabras vuelven a escucharse cada vez que se proclama el Evangelio.

—Pero llama a María «Mujer». A nuestros oídos puede parecer frío.

—Puede parecérnoslo si imponemos al texto nuestras costumbres. El vocativo γύναιgýnai— es respetuoso y solemne. Es la misma forma con la que Jesús se dirige a su madre en Caná. Juan abre así un arco entre la primera manifestación de la gloria y la hora de la cruz.

—¿Y «ahí tienes»?

—Traduce ἴδεíde—. Podríamos decir simplemente «mira», pero sería insuficiente. Jesús no les pide que se observen: los presenta y los confía mutuamente. «Ahí tienes a tu hijo»; «ahí tienes a tu madre». La palabra crea una relación.

El discípulo señaló la última frase.

—Las traducciones que conozco dicen: «la recibió en su casa». ¿Por qué nosotros ponemos «la recibió entre lo suyo»?

El maestro acercó el texto.

—Mira las palabras: εἰς τὰ ἴδιαeis tà ídia—. Literalmente señalan «lo propio», «las cosas propias», el ámbito de aquello que pertenece a alguien. La casa está incluida, pero la expresión es más amplia que una vivienda.

—¿Sería incorrecto traducir «en su casa»?

—No. Es una traducción clara y legítima. Pero al escogerla se pierde algo: María no entra solamente bajo el techo del discípulo. Entra en su mundo, en sus vínculos, en su responsabilidad y en aquello que él reconoce como propio.

—Entonces podríamos decir que la acogió como algo suyo.

—Podríamos, pero María nunca es una cosa poseída. Prefiero: «la recibió entre lo suyo». La frase conserva cierta extrañeza, y esa extrañeza obliga a detenerse. Una buena traducción no debe ser oscura, pero tampoco tiene que domesticar todos los misterios.

—¿Qué recibió verdaderamente el discípulo?

—El texto dice que recibió a la madre de Jesús. La tradición de la Iglesia reconoce además una maternidad que se abre hacia los discípulos de Cristo. Conviene distinguir ambas cosas: primero, lo que afirma directamente la narración; después, lo que la Iglesia contempla en ella.

—¿Y qué nos enseña hoy esta primera traducción?

El maestro cerró el libro.

—Que traducir el Evangelio es aprender a recibir. Hay palabras que podemos trasladar de una lengua a otra; pero hay otras que solo comprendemos cuando les hacemos sitio entre lo nuestro.

El discípulo escribió al pie de la página:

Desde aquella hora el discípulo la recibió entre lo suyo.

Y comprendió que aquella no era solamente la última frase de la perícopa. Era también la primera regla del lector.


Nota textual. Traducción de trabajo propia desde el texto griego, contrastada con la Nova Vulgata. La celebración y la perícopa fueron comprobadas en el Ordo Colombiano de la Conferencia Episcopal.

Autor: Pbro. José Octavio Lara Pachón


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