septiembre 10, 2026

Perdonar de corazón: romper la cadena de la venganza

Reflexión para el XXIV Domingo del Tiempo Ordinario · Ciclo A · 13 de septiembre de 2026 · Mateo 18,21–35

Pedro se acerca a Jesús con una pregunta que parece generosa: “Señor, ¿cuántas veces tendré que perdonar a mi hermano? ¿Hasta siete veces?”. Siete ya expresa plenitud. Pedro está dispuesto a ir mucho más allá de la reacción espontánea. Sin embargo, todavía imagina el perdón como una cuenta: una deuda que puede tolerarse hasta cierto límite.

Jesús responde llevando la pregunta fuera de la aritmética: no solo siete veces, sino “setenta veces siete” —o “setenta y siete”, según la forma de traducir la expresión griega—. El sentido permanece: el discípulo no puede convertir la misericordia en una cuota que, al agotarse, autorice nuevamente la venganza.

Romper la antigua cadena de la venganza

La respuesta de Jesús evoca el lenguaje de Lámec en el Génesis, que multiplicaba la venganza hasta “setenta y siete veces”. Cristo invierte esa lógica: donde el pecado pretende multiplicar la represalia, el Reino multiplica el perdón. No porque el mal sea insignificante, sino porque Dios se niega a concederle la última palabra.

Perdonar cristianamente no significa llamar bueno a lo malo. Significa impedir que la ofensa continúe gobernando el corazón y reproduciéndose en nuevas ofensas.

Dos deudas que no se pueden comparar

La parábola presenta una desproporción deliberada. El primer servidor debe al rey una cantidad imposible de pagar; después, ese mismo hombre reclama a un compañero una deuda pequeña en comparación. Jesús no está ofreciendo una lección de contabilidad. Está mostrando la diferencia entre la misericordia inmensa que recibimos de Dios y las deudas reales, pero limitadas, que los demás contraen con nosotros.

El rey no concede simplemente más plazo. Movido a compasión, libera al servidor y cancela la deuda. Pero el perdonado sale de aquella presencia sin permitir que la misericordia recibida transforme su manera de tratar a otro. Ha recibido el don, pero todavía no ha aprendido su lógica.

Este es el centro de la parábola: la misericordia de Dios no es solo un beneficio que recibimos; es una vida nueva que debe circular a través de nosotros.

¿Qué significa perdonar de corazón?

Jesús concluye pidiendo perdonar “de corazón”. En la Biblia, el corazón no es únicamente el lugar de los sentimientos: es el centro de las decisiones, la memoria y la voluntad. Perdonar de corazón no exige sentir inmediatamente simpatía por quien nos hirió. Consiste en renunciar a la venganza, entregar el juicio último a Dios y disponerse a actuar sin odio.

El perdón tampoco obliga a negar la verdad, suprimir toda consecuencia o permanecer en una situación de abuso. Puede requerir distancia prudente, protección, justicia y reparación. Perdonar no equivale siempre a restablecer de inmediato una relación; la reconciliación necesita verdad y, cuando corresponde, arrepentimiento y cambio. Lo que el Evangelio excluye es alimentar deliberadamente el deseo de destruir al otro.

La liturgia nos enseña la medida de Dios

La primera lectura pregunta cómo puede alguien conservar la ira contra su prójimo y, al mismo tiempo, pedir al Señor la curación. El salmo responde mostrando el rostro de Dios: compasivo, paciente y rico en misericordia. San Pablo recuerda que ninguno vive para sí mismo: pertenecemos al Señor.

Las lecturas forman una sola llamada. No perdonamos porque la herida sea imaginaria, sino porque pertenecemos a Cristo y hemos sido alcanzados primero por su misericordia. La cruz revela que Dios enfrenta verdaderamente el pecado y, al mismo tiempo, abre para el pecador un camino de regreso.

Un paso posible esta semana

Quizá hoy no podamos resolver una relación entera. Sí podemos dar un primer paso: nombrar ante Dios la herida sin maquillarla; pedir la gracia de no devolver mal por mal; abstenernos de una palabra que aumentaría el conflicto; y, si es prudente, iniciar un gesto concreto de verdad, reparación o diálogo.

La misericordia recibida se vuelve verdadera en nosotros cuando comienza a transformar la manera como tratamos al hermano.

Oración

Señor Jesús, tú conoces nuestras heridas y la resistencia de nuestro corazón. Haznos recordar la misericordia que hemos recibido de ti. Líbranos de la venganza, danos valentía para buscar la verdad y enséñanos a perdonar sin negar la justicia. Que tu gracia rompa en nosotros la cadena del resentimiento. Amén.

Pbro. José Octavio Lara Pachón
Parroquia San Pablo VI, Cali


Lecturas: Eclesiástico 27,30–28,7; Salmo 102; Romanos 14,7–9; Mateo 18,21–35.
Control doctrinal: Catecismo de la Iglesia Católica, 2840–2845.

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