UNA PALABRA PARA VIVIR
18 de octubre de 2026 · Latín
El rostro que no tiene precio
Imago · imagen.
«¿De quién es esta imagen y la inscripción?». —Mateo 22,20; traducción propia de la Nova Vulgata.
Una moneda pasa de mano en mano. Jesús pide que la miren: lleva una imagen que sus interlocutores reconocen. La pregunta aparece dentro de una discusión sobre el tributo al César; comienza por un objeto pequeño y termina reclamando lo que pertenece a Dios.
La versión latina dice Cuius est imago haec et suprascriptio? Imago significa «imagen», aquí el retrato de la moneda. Cuius, «de quién», pregunta a quién corresponde esa representación. El latín traduce el Evangelio; no es su lengua original. La palabra nombra primero una efigie concreta, sin contener por sí sola una doctrina sobre la persona.
La fe de la Iglesia permite después ampliar la mirada. El Catecismo, 1701–1702, recuerda que cada ser humano lleva la imagen divina y que Cristo restaura su belleza por la gracia. Esa dignidad es recibida: precede al rendimiento, al prestigio y a la utilidad.
Quizá usted encuentre hoy a alguien a quien suele valorar solo por lo que hace. Deténgase a escuchar su nombre, su preocupación, su historia. Reconocer un rostro también puede ser una manera de honrar a Dios.
Oración. Señor, renueva mi mirada. Que tu gracia me enseñe a reconocer y cuidar la dignidad de cada persona.
Para rumiar. ¿A quién necesito mirar hoy con más atención que utilidad?
Fuentes
- Nova Vulgata, Mateo 22,15–22, especialmente 20–21. Versión latina publicada por la Santa Sede; el análisis se limita al vocabulario en su oración.
- Lewis y Short, A Latin Dictionary, voz imago, en Logeion, Universidad de Chicago: imagen, semejanza, representación. No se propone una etimología espiritual.
- Catecismo de la Iglesia Católica, 1701–1702. Paráfrasis de la enseñanza sobre la imagen divina; recepción teológica distinta del sentido inmediato de la moneda.
Reflexión original. Se distinguen explicación del texto, recepción eclesial y aplicación espiritual. Las traducciones propias son de estudio, no transcripciones del Leccionario colombiano.




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