septiembre 14, 2026

«Así tiene que ser levantado el Hijo del hombre» (Jn 3,14)

Scriptorium · Donaires de oído · 14 de septiembre de 2026

Fuente: Juan 3,14 y Números 21,8 · Tema: la elevación como signo · Tesis: en san Juan, ser levantado reúne la Cruz y la gloria · Forma: donaire filológico y cultural · Fruto: levantar la mirada hacia quien salva.

«Así tiene que ser levantado el Hijo del hombre» (Jn 3,14)

Levantar y ser levantado

Hay días en que la lengua se pone de puntillas. Hoy es uno de ellos. La palabra levantar procede de levante, antiguo participio activo de levar. En su historia resuena el latín levare: alzar, aliviar, quitar peso; y, más al fondo, levis, lo ligero. Su pareja, ser levantado, no es aquí el simple pasivo de la misma acción: es el momento en que la persona deja de actuar y se convierte en signo. Uno levanta; otro es levantado. Entre ambos se abre un hueco donde cabe la mirada.

El evangelio de hoy lo expresa mediante un mismo verbo en dos formas distintas:

Griego: Καὶ καθὼς Μωϋσῆς ὕψωσεν τὸν ὄφιν ἐν τῇ ἐρήμῳ, οὕτως ὑψωθῆναι δεῖ τὸν υἱὸν τοῦ ἀνθρώπου.

Transliteración: Kaì kathṑs Mōüsês hýpsōsen tòn óphin en têi erḗmōi, hoútōs hypsōthênai deî tòn huiòn toû anthrṓpou.

Significado: «Y como Moisés levantó la serpiente en el desierto, así tiene que ser levantado el Hijo del hombre» (Jn 3,14).

Ὕψωσεν — hýpsōsen es aoristo de indicativo activo, tercera persona del singular, de ὑψόω — hypsóō: alzar, elevar, poner en lo alto. Moisés es el sujeto y la serpiente, en acusativo, el objeto levantado. Ὑψωθῆναι — hypsōthênai es infinitivo de aoristo pasivo, dependiente del impersonal δεῖ — deî, «es necesario»; τὸν υἱὸν τοῦ ἀνθρώπου — tòn huiòn toû anthrṓpou, «el Hijo del hombre», está en acusativo como sujeto del infinitivo.

El mismo verbo, la misma altura; pero en la primera frase alguien alza y en la segunda alguien es alzado. Juan hace que hypsóō signifique a la vez ser clavado en alto y ser glorificado: el oído que no escucha las dos cosas se pierde la mitad del donaire. La pasiva conserva además una hondura deliberada: los hombres alzarán a Jesús sobre la cruz, pero esa elevación forma parte del designio por el cual el Padre manifiesta la gloria del Hijo.

En el desierto de Números, la serpiente de bronce no cura por su metal ni por su forma. El texto hebreo manda a Moisés ponerla עַל־נֵס — ‘al-nēs, «sobre un asta» o «sobre un estandarte». נֵס — nēs designa aquello que se iza y puede verse desde lejos. La Vulgata traduce: pone eum pro signo, «ponla como signo».

El veneno sigue obrando, pero la mirada dirigida al signo se convierte en acto de confianza. No es magia ni eficacia propia del metal: como aclarará Sabiduría 16,7, quien mira no es salvado por aquello que contempla, sino por Dios, Salvador de todos. La elevación vuelve visible el signo; la fe reconoce detrás de él al que salva. El paralelo que traza Jesús no es ornamental: descansa en la correspondencia precisa entre elevación, mirada y vida.

Tournier habría disfrutado el par. En El rey de los alisos, el acto de cargar —la phorie— transforma tanto a quien lleva como a quien es llevado: Tiffauges carga niños sobre los hombros y convierte ese gesto en una mitología ambigua, capaz de oscilar entre protección y dominio.

Aquí el par funciona de otra manera y alcanza su verdad en Cristo. Levantar puede ser un acto de fuerza o de oficio: el herrero que levanta el hierro, el padre que levanta al hijo. Ser levantado puede ser un acto de confianza o de abandono: uno se deja poner en alto y, desde allí, queda ofrecido a la vista. El primero es activo y puede ser violento; el segundo es pasivo y, en el Evangelio de Juan, se vuelve también glorioso. Juntos forman el ritmo paradójico de la exaltación: el que desciende hasta la muerte es precisamente el que aparece elevado. No hay atajo.

En el aula imaginaria de Juan de Mairena se desconfiaría de cualquier explicación demasiado limpia. Se preferiría el donaire: esa gracia ligera que no pretende resolver el misterio, sino señalarlo con el dedo. Levantar y ser levantado no constituye, ante todo, una lección de moral. Es una observación de física poética. Hay pesos que solo se aligeran cuando se aceptan; hay alturas que solo se alcanzan cuando alguien, o Alguien, coloca allí a la persona.

El que levanta puede ser el hombre, el tiempo, el dolor o la gracia. El que es levantado puede ser el instrumento, el cuerpo o la imagen. En todos esos casos la mirada tiene que subir. Sin esa subida de los ojos, el bronce permanece bronce y la cruz parece solamente madera.

Un puente cultural breve: en las procesiones andaluzas y en las nuestras, el paso se levanta sobre los hombros y, por un instante, la imagen parece flotar a la altura de los balcones. Quien mira desde abajo no ve solo una talla: ve la elevación misma. El gesto reaparece, en otra clave, cuando un niño levanta a otro para que alcance la fruta o cuando el enfermo es incorporado en la camilla hacia la luz de la ventana. En todos los casos se cumple el par: alguien o algo es puesto en alto para que otros puedan mirar y, mirando, vivir un poco más.

No hay que forzar la conclusión. Basta notar que el día propone este vaivén: lo que se aligera y lo que es aligerado, lo que se eleva y lo que es elevado. El nombre latino de la fiesta, Exaltatio, pertenece a la misma familia verbal con la que la Vulgata traduce el griego hypsóō: exaltavit y exaltari. El calendario y el verbo del Evangelio se responden con singular exactitud. El resto lo hace el oído atento.

José Octavio Lara Pachón, Pbro.

Guía breve de las palabras

ὑψόω — hypsóō
Levantar, elevar, exaltar. En san Juan enlaza la elevación física de la cruz con la glorificación de Jesús.
ὕψωσεν — hýpsōsen
«Levantó»; aoristo de indicativo activo, tercera persona singular.
ὑψωθῆναι — hypsōthênai
«Ser levantado»; infinitivo de aoristo pasivo.
δεῖ — deî
«Es necesario», «tiene que»; señala una necesidad que, en el contexto joánico, pertenece al designio salvífico.
נֵס — nēs
Asta, enseña o estandarte levantado para ser visto.

Notas académicas y fuentes

Texto griego. Juan 3 en Nestle-Aland 28. El campo semántico de hypsóō debe leerse también a la luz de Jn 8,28; 12,32 y 12,34.

Texto hebreo y latino. Números 21,8; Nova Vulgata, libro de los Números. La expresión hebrea ‘al-nēs corresponde al signo dispuesto en alto para ser mirado.

Control canónico. Sabiduría 16,5–7 distingue el signo contemplado de Dios, que salva.

Liturgia. Exaltación de la Santa Cruz: Jn 3,13–17 y Flp 2,6–11.

Léxico castellano. RAE y ASALE, «levantar»: de levante, antiguo participio activo de levar.

Relación con el Coro. La Cruz elevada: mirar el amor que salva.

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