GALERÍA · SCRIPTORIUM LUCIS
Antes de que comience una lectura, el espacio del templo ya orienta nuestra atención. Hay un lugar hacia el que se dirige quien va a proclamar la Palabra: el ambón. Detenernos a observarlo permite descubrir cómo la forma visible participa en la celebración.
La Instrucción General del Misal Romano, 309, pide un lugar adecuado a la dignidad de la Palabra, normalmente estable, dispuesto de modo que los fieles puedan ver y escuchar bien. Desde él se proclaman las lecturas, el salmo responsorial y el pregón pascual; también pueden pronunciarse allí la homilía y las intenciones de la oración universal.
Tres cosas que podemos observar
Su lugar. Mire dónde está situado y cómo se relaciona con el conjunto del presbiterio. Pregúntese si resulta reconocible y si la asamblea puede dirigir hacia él su atención. Antes de interpretar un detalle, descríbalo con sencillez.
Su forma. Observe los materiales, las proporciones y, si los tiene, los símbolos. Una cruz, un libro o una figura requieren una lectura atenta a la obra concreta. No todos los ambones emplean las mismas imágenes, ni todo adorno posee un significado que podamos atribuirle sin documentación.
El gesto. Recuerde cómo llega el lector, cómo dispone el libro y cómo espera antes de comenzar. La sobriedad del gesto ayuda a percibir la importancia de lo que va a escucharse.
Una práctica para la próxima visita
Llegue unos minutos antes de la celebración. Observe el ambón sin interrumpir la oración de otras personas. Escriba después tres detalles que haya visto y una pregunta que le gustaría hacer sobre ellos.
Como aplicación espiritual, podemos relacionar esa atención al espacio con nuestra disposición interior: ¿qué lugar damos a la Palabra entre las muchas voces que reclaman nuestra escucha?
Para guardar: La belleza de un lugar litúrgico se comprende también por el encuentro al que sirve.
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Scriptorium Lucis — Una página para iluminar lo real.
Pbro. José Octavio Lara Pachón

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