19 de septiembre de 2026 · El mundo y la fe / Biblioteca
Hoy, en la catedral de Nápoles, volvió a observarse la licuefacción de la sustancia conservada en las ampollas atribuidas a san Jenaro. Monseñor Vincenzo de Gregorio, abad de la Capilla del Tesoro, anunció que el santo había dado nuevamente «el signo de su presencia». El hecho reúne cada año historia, devoción popular y una pregunta científica todavía abierta.
Un obispo y mártir
Jenaro —Ianuarius, Gennaro en italiano— fue, según la tradición antigua, obispo de Benevento y murió mártir hacia el año 305, durante la persecución de Diocleciano. Su memoria litúrgica se celebra el 19 de septiembre. La tradición sitúa su martirio en la región de Pozzuoli y afirma que una mujer recogió parte de su sangre, conservada después en dos ampollas.
Conviene distinguir la tradición hagiográfica de la documentación histórica. El culto al mártir es antiguo, pero la primera noticia segura que describe la licuefacción se remonta a 1389. Desde entonces el fenómeno quedó íntimamente unido a la historia religiosa y civil de Nápoles.
¿Qué se observa?
En determinados días, una materia oscura que permanece ordinariamente coagulada parece adquirir movilidad dentro de la ampolla mayor. El relicario se inclina para que los presentes puedan apreciar el cambio. La veneración solemne tiene lugar tres veces al año:
- el sábado anterior al primer domingo de mayo, memoria del traslado de las reliquias;
- el 19 de septiembre, fiesta del martirio;
- el 16 de diciembre, conmemoración de la protección de san Jenaro sobre Nápoles.
La tradición popular ha considerado la licuefacción como señal de protección y su ausencia como presagio adverso. Esta última lectura no pertenece a la doctrina de la Iglesia y no debe convertirse en superstición. La fe cristiana no se apoya en augurios.
Lo que propone la ciencia
La explicación científica más conocida fue presentada en 1991 por Luigi Garlaschelli, Franco Ramaccini y Sergio Della Sala en la revista Nature. Los investigadores prepararon una mezcla rojiza de hidróxido férrico coloidal, carbonato de calcio y sal. El compuesto se comportaba como un gel cuando permanecía en reposo y se hacía fluido al mover el recipiente.
Este comportamiento recibe el nombre de tixotropía: ciertos materiales pierden viscosidad al ser agitados y la recuperan gradualmente cuando vuelven al reposo. La experiencia demostró que con sustancias conocidas desde antiguo puede reproducirse un efecto visual parecido al de las ampollas napolitanas.
Pero aquí está la distinción decisiva: reproducir un fenómeno semejante no equivale a demostrar que las ampollas contienen esa mezcla. Los científicos no analizaron directamente su contenido. Las reliquias permanecen selladas y no se ha realizado una toma de muestra que permita establecer de modo concluyente su composición, antigüedad y mecanismo de transformación.
Por tanto, son impropias dos afirmaciones extremas: ni la ciencia ha probado que se trate de un milagro, ni ha demostrado definitivamente que sea una fabricación tixotrópica. Ha ofrecido una hipótesis natural posible y reproducible; falta la evidencia directa necesaria para identificar el material conservado.
¿Milagro, prodigio o signo?
La Iglesia suele hablar prudentemente de prodigio y no lo ha definido como milagro en sentido estricto. Esta sobriedad es saludable. La investigación científica puede preguntar por la materia, la temperatura, el movimiento y la viscosidad; la fe pregunta también por el significado que una comunidad creyente reconoce en la memoria de un mártir.
Aun si algún día se esclareciera por completo el mecanismo físico, permanecería intacta la verdad principal: un obispo entregó la vida por Cristo y su memoria ha sostenido durante siglos la esperanza de un pueblo. El centro no es la curiosidad de una sustancia que cambia de estado, sino la sangre derramada como testimonio.
La sangre de los mártires no llama a la superstición: llama a una fe capaz de permanecer.
Para orar
Señor Jesucristo, que concediste a san Jenaro la fortaleza del testimonio, líbranos de buscar señales sin conversión. Haz que la memoria de los mártires renueve nuestra fidelidad, sostenga a quienes sufren y nos enseñe a dar la vida por la verdad y la caridad. Amén.
Fuentes consultadas: Vatican News, 19 de septiembre de 2026; L. Garlaschelli, F. Ramaccini y S. Della Sala, «Working bloody miracles», Nature 353 (1991), 507, doi:10.1038/353507a0; Tesoro di San Gennaro.
Fotografía de la catedral de Nápoles: Kir Shu, Unsplash.
Pbro. José Octavio Lara Pachón

