Scriptorium Lucis · Archivo · Memoria viva
Una lección del beato Anton Martin Slomšek sobre las palabras, los libros y los gestos que entregamos a quienes vienen detrás.

Pensemos en una escena sencilla: alguien enseña a un niño a hacer la señal de la cruz. Le acompaña la mano, pronuncia despacio los nombres del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo, y responde a una pregunta. En ese momento, una verdad inmensa empieza a encontrar lugar en una vida pequeña. La fe recibe una voz conocida.
Podemos preguntarnos qué palabras conservamos de quienes nos enseñaron a rezar. Quizá una bendición al salir de casa, un canto o una breve acción de gracias. Recordarlas abre otra pregunta: ¿qué estamos entregando nosotros a quienes vienen detrás?
De oír hablar a conocer
El Evangelio de este jueves presenta a Herodes desconcertado por las noticias sobre Jesús (Lc 9,7–9). Escucha explicaciones diferentes y quiere verlo. El relato deja abierta la distancia entre recibir noticias de alguien y reconocer quién es.
También hoy podemos saber muchas cosas acerca del cristianismo sin haber aprendido a dirigirnos a Cristo. Una familia o una comunidad ayudan a recorrer esa distancia cuando unen la palabra explicada, la oración y el testimonio. La curiosidad encuentra entonces un camino de conocimiento y de respuesta.
Un obispo que abrió escuelas y publicó libros
El beato Anton Martin Slomšek, obispo esloveno del siglo XIX, comprendió la importancia de la formación. Juan Pablo II, al beatificarlo en 1999, recordó que promovió escuelas y libros destinados al crecimiento humano y espiritual. Cuidó la lengua de su pueblo y alentó la colaboración educativa entre familia, escuela e Iglesia, respetando la responsabilidad propia de cada una.
El mismo papa destacó su apertura a la unidad de los cristianos y su amor a la patria, compatible con la colaboración entre personas de distintas culturas y religiones. Su ejemplo permite pensar una tradición que se entrega con convicción y que aprende a convivir.1
Una escuela abierta o un libro comprensible pueden parecer obras discretas. Sin embargo, hacen posible que una persona pregunte, encuentre palabras para lo que vive y alcance bienes que antes le resultaban lejanos. Esa paciencia educativa también pertenece a la misión de la Iglesia.
Comprender las palabras que pronunciamos
La lengua de casa nos ayuda a acercarnos a realidades que después conoceremos mejor. Cuando decimos «misericordia», por ejemplo, podemos empezar por el cuidado de quien sufre y por el perdón ofrecido. Después podremos profundizar en la misericordia de Dios, que nos busca y nos renueva. La experiencia cercana sirve de entrada; la fe amplía el horizonte.
Aprender una oración de memoria tiene valor: permite llevarla dentro y recurrir a ella cuando faltan fuerzas. Comprenderla permite, además, habitar sus palabras. Conviene detenerse alguna vez en una expresión del padrenuestro y escuchar qué entiende de ella quien la reza con nosotros.
La fe es un don de Dios que reclama una respuesta personal. Ninguna costumbre familiar puede garantizarla. Sí podemos ofrecer condiciones que ayuden a escuchar: tiempo, explicaciones honestas, una comunidad acogedora y libertad para formular las dificultades.
Una tarea cercana para nuestra parroquia
En Cali–Jamundí podemos comenzar por gestos a nuestro alcance: leer juntos un pasaje del Evangelio, explicar un signo de la misa, recuperar un canto cuyo sentido comprendamos o compartir un libro que haya alimentado nuestra vida. Hace falta escuchar también a quien llega sin haber recibido esa formación.
San Pablo VI, nuestro patrono, enseñó que la evangelización debe alcanzar en profundidad las culturas y las relaciones humanas. Su enseñanza invita a preguntarnos cómo influye la fe en nuestra manera de hablar, educar, trabajar y tratar al vecino.2 Una palabra cristiana se vuelve creíble cuando encuentra una vida que la sostiene.
La memoria de la Iglesia vive en personas que reciben, comprenden y comparten. Una conversación serena, sostenida con paciencia, puede ser el comienzo de esa transmisión.
Volver al Coro: No basta querer ver a Jesús
Fuentes para seguir leyendo
- Juan Pablo II, homilía en la beatificación de Anton Martin Slomšek, 19 de septiembre de 1999, nn. 2–4.
- Pablo VI, Evangelii nuntiandi, n. 20.
- Lucas 9,7–9: lecturas del 24 de septiembre de 2026. Se ofrece aquí una paráfrasis del pasaje; la reflexión no sustituye el texto litúrgico.
Reflexión original de Scriptorium Lucis. Punto de partida editorial: fray Joshua Lukez, O. P., Preserving Christian Culture Like Slovenia, Dominicana, boletín del 24 de septiembre de 2026. Desarrollo propio a partir de las fuentes indicadas.
Archivo · Memoria viva · MV-20260924 · Versión 1.0


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