La portada de hoy deja una frase de Antonio Machado como una puerta entreabierta. Aquí conviene detenerse y escucharla entera. El texto pertenece a Proverbios y cantares, XLIV, dentro de Campos de Castilla.
Antonio Machado · Proverbios y cantares, XLIV
Todo pasa y todo queda;
pero lo nuestro es pasar,
pasar haciendo caminos,
caminos sobre la mar.
Antonio Machado, «Proverbios y cantares», XLIV.
Maestro, ¿cómo puede pasar todo y, al mismo tiempo, quedar?
Discípulo. Parece una contradicción: si todo pasa, ¿qué queda?
Maestro. Precisamente ahí está la fuerza del primer verso. Machado pone frente a frente dos experiencias humanas: las cosas dejan huella y, sin embargo, nosotros no podemos detenernos. «Queda» el mundo, queda la memoria, quedan ciertas obras; pero «lo nuestro» —la condición del caminante— es pasar.
Discípulo. ¿Y por qué termina con «caminos sobre la mar»?
Maestro. Porque un camino sobre el mar no puede poseerse. Se abre al avanzar y el agua vuelve a cerrarse. La imagen deshace la ilusión de que vivir consiste en asegurar para siempre nuestras huellas. El camino existe verdaderamente, pero no nos pertenece.
El eco de Cohélet
La primera lectura de hoy, Ecl 11,9–12,8, conduce hacia la gran confesión de Cohélet: la criatura descubre que juventud, vigor y proyectos no pueden convertirse en absolutos. Machado no está haciendo exégesis bíblica; ponerlos en diálogo no significa identificarlos. Pero ambos textos obligan a mirar de frente la transitoriedad.
Hay, sin embargo, una diferencia decisiva. Cohélet sitúa ese pasar ante Dios: «Acuérdate de tu Creador». La fugacidad no desemboca simplemente en melancolía; se convierte en llamada a vivir el presente bajo una medida que no fabricamos nosotros.
«Enséñanos a calcular nuestros años»
El Salmo 89(90) da un paso más. No pide detener el tiempo, sino aprender a contarlo para adquirir un corazón sensato. Esa petición cambia la pregunta. Ya no es: «¿cómo consigo que mi vida no pase?», sino: «¿cómo hago verdadero el tiempo que me ha sido dado?».
Y el Evangelio: una palabra puesta en los oídos
En Lc 9,43b–45, mientras todos están admirados por Jesús, él habla de su entrega. El discípulo quisiera retener la grandeza visible; Cristo orienta la mirada hacia el don de sí. Por eso el poema puede funcionar hoy como Eco del Coro: pasar no tiene por qué significar desaparecer inútilmente. En clave cristiana, el tiempo puede hacerse entrega.
Una pregunta para llevar
Si mis huellas no pueden quedar intactas sobre el mar, ¿qué merece entonces mi tiempo? Quizá no se nos pida conservar la huella, sino aprender a amar mientras caminamos.
Eco: Señor, enséñanos a contar nuestros días y a pasar haciendo del camino un don.
Texto literario: Antonio Machado, Campos de Castilla, «Proverbios y cantares», XLIV. Diálogo litúrgico: Ecl 11,9–12,8; Sal 89(90); Lc 9,43b–45.

