La alegría que no depende del éxito
3 de octubre de 2026 · XXVI semana del Tiempo Ordinario
Los discípulos regresan alegres porque han visto el poder de la misión. Jesús no desprecia ese fruto, pero desplaza el centro: «alégrense porque sus nombres están inscritos en el cielo» (cf. Lc 10,20).
[D] El texto distingue la alegría por lo realizado de una alegría más radical: pertenecer a Dios. En la primera lectura, Job llega también a una forma nueva de conocimiento: «te conocía solo de oídas, pero ahora te han visto mis ojos» (cf. Jb 42,5).
[I] La memoria cristiana aprende así a no confundir fecundidad con éxito. Una obra puede prosperar o atravesar esterilidad; la identidad del discípulo no nace de la estadística de sus resultados.
[L] Esto no vuelve irrelevantes los frutos ni dispensa de evaluar responsablemente la misión. Jesús mismo reconoce lo ocurrido. El límite está en convertir el resultado en fundamento de la propia dignidad.
Para guardar hoy: antes de contar lo conseguido, agradecer que nuestro nombre es conocido por Dios.
