octubre 1, 2026

Coro · Yo sé que mi Defensor vive

Jueves 1 de octubre de 2026 · Santa Teresa del Niño Jesús, virgen y doctora de la Iglesia · Memoria · Blanco.
Pbro. José Octavio Lara Pachón · Coro de Scriptorium Lucis.

La letra

Jueves de la XXVI semana del Tiempo Ordinario, año par. Memoria de santa Teresa del Niño Jesús. Lecturas: Job 19,21-27; Salmo 26 (27); Lucas 10,1-12.

La transliteración es una ayuda de lectura: ḥ representa una consonante gutural hebrea; sh se pronuncia aproximadamente como en inglés she; ē y ō señalan vocales largas griegas. El nombre divino se conserva como YHWH, que al leer se sustituye por «el Señor».

Job 19,25-27: mi Defensor vive

El pasaje presenta dificultades reales de traducción. Conviene ver primero sus palabras hebreas y distinguir después lo que dicen expresamente de las interpretaciones que permiten. El texto reproducido corresponde al texto masorético, con vocales y sin los signos de cantilación.

Job 19,25

וַאֲנִי יָדַעְתִּי גֹּאֲלִי חָי וְאַחֲרוֹן עַל־עָפָר יָקוּם׃

Va’aní yadá‘ti go’alí ḥay; ve’aḥarón ‘al-‘afár yaqúm.

«Pero yo sé que mi defensor vive, y que, como último, se levantará sobre el polvo».

Análisis. La frase comienza con וַאֲנִי, va’aní, «pero yo» o «y yo». El pronombre aparece expresamente, aunque la forma verbal ya identifica al hablante. Su presencia destaca la voz personal de Job: en medio de lo que los demás dicen sobre él, Job toma la palabra y afirma lo que sostiene su esperanza.

יָדַעְתִּי, yadá‘ti, «sé», es una forma qal perfecta, primera persona singular, de ידע, yd‘, «conocer». Con este verbo, el perfecto puede expresar un conocimiento adquirido que permanece: «he llegado a saber y sé». La firmeza de la confesión nace del conjunto de la frase; no debe atribuirse exclusivamente al tiempo verbal.

גֹּאֲלִי, go’alí, significa «mi rescatador», «mi redentor» o «mi defensor». Procede del participio גֹּאֵל, go’él, de la raíz גאל, g’l, «rescatar», al que se añade el sufijo «mío». En la legislación de Israel, el pariente rescatador interviene para recuperar bienes familiares o liberar a un pariente. En Rut, el rescate se vincula también a la continuidad de la familia. En Job, «defensor» permite escuchar especialmente la dimensión de una causa que necesita ser reivindicada.

חָי, ḥay, «vivo» o «viviente», es un adjetivo. La oración hebrea no necesita expresar el verbo «ser»: literalmente dice «mi defensor, vivo». Job contrapone así su propia fragilidad a la vida de aquel de quien espera la última intervención.

וְאַחֲרוֹן, ve’aḥarón, contiene el adjetivo «último». Puede entenderse como una caracterización del defensor: el que permanece al final. «El que tendrá la última palabra» expresa bien una interpretación del pasaje, pero no es su traducción literal.

יָקוּם, yaqúm, es imperfecto qal, tercera persona masculina singular, de קום, qum, «levantarse», «ponerse de pie». En el contexto de la reclamación de Job puede sugerir la intervención de quien se alza para hacer justicia. El verbo, por sí solo, no significa «declarar como testigo».

עָפָר, ‘afár, es «polvo». La palabra abre el horizonte de la tierra, la condición mortal y la tumba. Identificarlo específicamente con el suelo de un tribunal sería una reconstrucción, no un dato explícito. Las dificultades de «último», «levantarse» y «polvo» explican parte de la diversidad de traducciones del versículo.

Job 19,26

וְאַחַר עוֹרִי נִקְּפוּ־זֹאת וּמִבְּשָׂרִי אֶחֱזֶה אֱלוֹהַּ׃

Ve’aḥár ‘orí niqqefú-zot; umibbesarí ’eḥezéh ’elóah.

«Y después de que mi piel haya sido así destruida, desde mi carne veré a Dios».

Análisis. La primera parte del versículo tiene una construcción difícil. עוֹרִי, ‘orí, significa «mi piel»;נִקְּפוּ, niqqefú, es una forma verbal plural que aquí suele entenderse con sujeto indeterminado: «han destruido», de donde la traducción «haya sido destruida». No todos los detalles sintácticos pueden resolverse con seguridad.

El punto decisivo está en וּמִבְּשָׂרִי, umibbesarí, «y desde mi carne». La expresión reúne la conjunción «y», la preposición מִן, min, el sustantivo בָּשָׂר, basár, «carne», y el sufijo «mi». La preposición puede entenderse como punto de partida, «desde mi carne», o con valor de separación, «sin mi carne». La traducción «en mi carne» interpreta la primera posibilidad. La alternativa afecta directamente a la comprensión del pasaje.

אֶחֱזֶה, ’eḥezéh, «veré» o «contemplaré», es imperfecto qal, primera persona singular, de חזה, ḥazah, «ver», «contemplar». El verbo aparece también en contextos de visión profética, pero su empleo aquí no basta para identificar una experiencia profética determinada.

אֱלוֹהַּ, ’elóah, es una designación singular de Dios, especialmente frecuente en el lenguaje de Job.

Las versiones antiguas muestran hasta qué punto el pasaje fue interpretado. La Septuaginta habla del que va a liberar a Job y de levantar su piel sobre la tierra. La Vulgata tradicional formula expresamente la esperanza de levantarse de la tierra y ver a Dios en la propia carne. Esa recepción es importante, pero debe distinguirse de la traducción inmediata del hebreo.

Job 19,27

אֲשֶׁר אֲנִי אֶחֱזֶה־לִּי וְעֵינַי רָאוּ וְלֹא־זָר כָּלוּ כִלְיֹתַי בְּחֵקִי׃

’Asher ’aní ’eḥezéh-li, ve‘eináy ra’ú velo-zar; kalú khilyotáy beḥeqí.

«A quien yo contemplaré para mí; mis ojos lo verán, y no un extraño. Mis entrañas desfallecen dentro de mí».

Análisis. El versículo concentra la atención en el carácter personal del encuentro: אֲנִי, ’aní, «yo»; לִּי, li, «para mí»; עֵינַי, ‘eináy, «mis ojos». Job no quiere únicamente que alguien explique su desgracia: anhela ser él mismo quien encuentre a Dios. רָאוּ, ra’ú, es formalmente un perfecto plural de ראה, ra’ah, «ver». La traducción «verán» responde a su interpretación dentro del horizonte de expectativa del pasaje; no reproduce mecánicamente la forma verbal.

וְלֹא־זָר, velo-zar, significa «y no un extraño» o «y no otro». La frase admite discusión, pero refuerza, en la lectura adoptada, la implicación personal de Job.

כָּלוּ כִלְיֹתַי בְּחֵקִי, kalú khilyotáy beḥeqí, «se consumen mis riñones en mi seno». כָּלוּ, kalú, es perfecto qal, tercera persona plural, de כלה, kalah, «acabarse», «consumirse», «desfallecer». כִלְיֹתַי, khilyotáy, significa «mis riñones». En esta poesía, el órgano corporal expresa la intimidad afectiva. Por eso puede traducirse «mis entrañas desfallecen»: la esperanza de Job atraviesa todo su ser.

Salmo 26 (27),8: buscar el rostro

לְךָ אָמַר לִבִּי בַּקְּשׁוּ פָנָי אֶת־פָּנֶיךָ יְהוָה אֲבַקֵּשׁ׃

Lekhá ’amár libbí: baqqeshú fanáy; ’et-panéykha YHWH ’avaqqésh.

«De parte tuya dice mi corazón: “Buscad mi rostro”. Tu rostro, Señor, buscaré».

La traducción interpreta el primer miembro como una llamada divina que el corazón hace resonar. La sintaxis hebrea es condensada y permite otras maneras de enlazar las voces.

Análisis. לִבִּי, libbí, significa «mi corazón». El corazón aparece como el lugar donde la invitación recibida se convierte en respuesta. בַּקְּשׁוּ, baqqeshú, «buscad», es imperativo piel, segunda persona masculina plural, de בקשׁ, bqsh, «buscar».

אֲבַקֵּשׁ, ’avaqqésh, «buscaré», es imperfecto piel, primera persona singular, de la misma raíz. La repetición enlaza llamada y respuesta: «buscad» se vuelve «buscaré». La conjugación piel no indica aquí intensidad: con esta raíz es la forma habitual del verbo «buscar». La insistencia del orante se reconoce por la repetición y por el contexto del salmo.

פָנָי, fanáy, «mi rostro», y פָּנֶיךָ, panéykha, «tu rostro», proceden de פָּנִים, paním, un sustantivo de forma plural que puede designar un solo rostro. Buscar el rostro de Dios significa aquí buscar su presencia y su favor: el versículo siguiente pide precisamente que no lo esconda.

Lucas 10,1-12: enviados con la paz

Texto griego de Westcott y Hort (1881); traducción propia. El texto lee «setenta y dos»; otros manuscritos leen «setenta».

Lucas 10,1

Μετὰ δὲ ταῦτα ἀνέδειξεν ὁ κύριος ἑτέρους ἑβδομήκοντα δύο καὶ ἀπέστειλεν αὐτοὺς ἀνὰ δύο δύο πρὸ προσώπου αὐτοῦ εἰς πᾶσαν πόλιν καὶ τόπον οὗ ἤμελλεν αὐτὸς ἔρχεσθαι.

Metà dè taûta anédeixen ho kýrios hetérous hebdomḗkonta dýo kaì apésteilen autoùs anà dýo dýo prò prosṓpou autoû eis pâsan pólin kaì tópon hoû ḗmellen autòs érchesthai.

«Después de esto, el Señor designó a otros setenta y dos y los envió de dos en dos delante de él, a toda ciudad y lugar adonde él mismo iba a ir».

Análisis. ἀνέδειξεν, anédeixen, «designó», es aoristo activo, tercera persona singular, de ἀναδείκνυμι, anadeíknymi. Aquí expresa la designación para una misión. Su otro empleo neotestamentario está en Hechos 1,24.

ἀπέστειλεν, apésteilen, «envió», es aoristo activo de ἀποστέλλω, apostéllō, verbo relacionado con el sustantivo «apóstol», es decir, «enviado».

ἀνὰ δύο δύο, anà dýo dýo, significa «de dos en dos». La repetición tiene valor distributivo: los enviados forman parejas.

πρὸ προσώπου αὐτοῦ, prò prosṓpou autoû, literalmente «delante de su rostro», significa aquí «delante de él». La misión prepara la llegada de Jesús: el centro del relato sigue siendo aquel que los envía.

Lucas 10,2

ἔλεγεν δὲ πρὸς αὐτούς· Ὁ μὲν θερισμὸς πολύς, οἱ δὲ ἐργάται ὀλίγοι· δεήθητε οὖν τοῦ κυρίου τοῦ θερισμοῦ ὅπως ἐργάτας ἐκβάλῃ εἰς τὸν θερισμὸν αὐτοῦ.

Élegen dè pròs autoús: Ho mèn therismòs polýs, hoi dè ergátai olígoi; deḗthēte oûn toû kyríou toû therismoû hópōs ergátas ekbálē eis tòn therismòn autoû.

«Les decía: “La cosecha es abundante, pero los trabajadores son pocos. Rogad, pues, al dueño de la cosecha que envíe trabajadores a su cosecha”».

Análisis. δεήθητε, deḗthēte, «rogad», es imperativo aoristo, segunda persona plural, de δέομαι, déomai, «rogar», «suplicar». Tiene forma pasiva y sentido activo. El aoristo presenta globalmente la acción solicitada; no permite deducir, por sí solo, que deba tratarse de una oración única o instantánea.

ἐκβάλῃ, ekbálē, es aoristo subjuntivo activo, tercera persona singular, de ἐκβάλλω, ekbállō. El verbo puede significar «echar fuera», «hacer salir» o «enviar». Aquí se refiere al envío de trabajadores. Es el mismo verbo que aparece en relatos de expulsión de demonios, pero esa coincidencia no hace idénticos los sentidos. La imagen espiritual de Dios arrancándonos de nuestra comodidad puede iluminar la meditación; debe reconocerse como aplicación, no como traducción literal.

Lucas 10,3

ὑπάγετε· ἰδοὺ ἀποστέλλω ὑμᾶς ὡς ἄρνας ἐν μέσῳ λύκων.

Hypágete; idoù apostéllō hymâs hōs árnas en mésō lýkōn.

«Id. Mirad que os envío como corderos en medio de lobos».

Análisis. ὑπάγετε, hypágete, «id», es un imperativo plural. Después de pedir trabajadores, los discípulos reciben ellos mismos la orden de ponerse en camino.

ἄρνας, árnas, «corderos», es acusativo plural de ἀρήν, arḗn. La comparación introduce la vulnerabilidad de los enviados. No reciben garantías de seguridad ni instrucciones para convertirse en lobos: reciben una misión que deberán cumplir en medio del peligro.

Lucas 10,4

μὴ βαστάζετε βαλλάντιον, μὴ πήραν, μὴ ὑποδήματα, καὶ μηδένα κατὰ τὴν ὁδὸν ἀσπάσησθε.

Mē bastázete ballántion, mē pḗran, mē hypodḗmata, kaì mēdéna katà tḕn hodòn aspásēsthe.

«No llevéis bolsa, ni alforja, ni sandalias, y no saludéis a nadie por el camino».

Análisis. βαλλάντιον, ballántion, es la bolsa del dinero; πήραν, pḗran, la alforja; ὑποδήματα, hypodḗmata, el calzado. La formulación limita los recursos que llevan consigo y prepara la dependencia de la hospitalidad que se describirá a continuación.

ἀσπάσησθε, aspásēsthe, es aoristo subjuntivo medio, segunda persona plural, de ἀσπάζομαι, aspázomai, «saludar». Con la negación forma una prohibición. La urgencia procede del conjunto del encargo; la gramática, por sí sola, no significa «no comenzar siquiera largos saludos». Esa explicación es una interpretación contextual.

Lucas 10,5

εἰς ἣν δ’ ἂν εἰσέλθητε οἰκίαν πρῶτον λέγετε· Εἰρήνη τῷ οἴκῳ τούτῳ.

Eis hḕn d’ àn eisélthēte oikían prôton légete: Eirḗnē tôi oíkōi toútōi.

«En cualquier casa donde entréis, decid primero: “Paz a esta casa”».

Análisis. πρῶτον, prôton, «primero», establece una prioridad concreta: la primera palabra dirigida a la casa debe ser la paz.

Εἰρήνη, eirḗnē, «paz», es el contenido del saludo y del don anunciado. τῷ οἴκῳ τούτῳ, tôi oíkōi toútōi, «a esta casa», incluye a quienes la habitan. La misión entra en un espacio de relaciones, mesa y convivencia.

Lucas 10,6

καὶ ἐὰν ἐκεῖ ᾖ υἱὸς εἰρήνης, ἐπαναπαήσεται ἐπ’ αὐτὸν ἡ εἰρήνη ὑμῶν· εἰ δὲ μήγε, ἐφ’ ὑμᾶς ἀνακάμψει.

Kaì eàn ekeî êi huiòs eirḗnēs, epanapaḗsetai ep’ autòn hē eirḗnē hymôn; ei dè mḗge, eph’ hymâs anakámpsei.

«Y si allí hay un hijo de paz, vuestra paz reposará sobre él; si no, volverá a vosotros».

Análisis. υἱὸς εἰρήνης, huiòs eirḗnēs, literalmente «hijo de paz», es una expresión de resonancia semítica: caracteriza a la persona por su relación con la paz. En este contexto designa a quien puede recibirla.

ἐπαναπαήσεται, epanapaḗsetai, «reposará», es futuro de forma pasiva, tercera persona singular. El sentido contextual es «descansará» o «reposará sobre».

ἀνακάμψει, anakámpsei, «volverá», es futuro activo, tercera persona singular, de ἀνακάμπτω, anakámptō. El rechazo no convierte en inútil la paz ofrecida: el relato la presenta volviendo a sus portadores.

Lucas 10,7

ἐν αὐτῇ δὲ τῇ οἰκίᾳ μένετε, ἔσθοντες καὶ πίνοντες τὰ παρ’ αὐτῶν, ἄξιος γὰρ ὁ ἐργάτης τοῦ μισθοῦ αὐτοῦ. μὴ μεταβαίνετε ἐξ οἰκίας εἰς οἰκίαν.

En autêi dè têi oikíāi ménete, ésthontes kaì pínontes tà par’ autôn, áxios gàr ho ergátēs toû misthoû autoû. Mē metabaínete ex oikías eis oikían.

«Permaneced en esa misma casa, comiendo y bebiendo lo que tengan, porque el trabajador merece su salario. No paséis de casa en casa».

Análisis. μένετε, ménete, «permaneced», es imperativo presente, segunda persona plural, de μένω, ménō, «permanecer». La hospitalidad recibida reclama estabilidad.

Los participios «comiendo» y «bebiendo» concretan la vida de los enviados: aceptarán el sustento ofrecido. La prohibición de cambiar de casa puede entenderse como un límite a la búsqueda de mejores condiciones; esa motivación es una inferencia razonable, aunque el versículo no la explica expresamente.

Lucas 10,8

καὶ εἰς ἣν ἂν πόλιν εἰσέρχησθε καὶ δέχωνται ὑμᾶς, ἐσθίετε τὰ παρατιθέμενα ὑμῖν.

Kaì eis hḕn àn pólin eisérchēsthe kaì déchōntai hymâs, esthíete tà paratithémena hymîn.

«Y en cualquier ciudad donde entréis y os reciban, comed lo que os pongan delante».

Análisis. El escenario se amplía de la casa a la ciudad. δέχωνται, déchōntai, procede de δέχομαι, déchomai, «recibir», «acoger». La acogida se vuelve visible en la mesa.

τὰ παρατιθέμενα, tà paratithémena, significa «lo que es puesto delante». Los enviados reciben una hospitalidad concreta; no establecen previamente las condiciones de la mesa.

Lucas 10,9

καὶ θεραπεύετε τοὺς ἐν αὐτῇ ἀσθενεῖς, καὶ λέγετε αὐτοῖς· Ἤγγικεν ἐφ’ ὑμᾶς ἡ βασιλεία τοῦ θεοῦ.

Kaì therapeúete toùs en autêi astheneîs, kaì légete autoîs: Ḗngiken eph’ hymâs hē basileía toû theoû.

«Curad a los enfermos que haya en ella y decidles: “El reino de Dios se ha acercado a vosotros”».

Análisis. Dos imperativos enlazan acción y palabra: θεραπεύετε, therapeúete, «curad», y λέγετε, légete, «decid». El anuncio del Reino acompaña una acción dirigida a quienes sufren.

ἤγγικεν, ḗngiken, es perfecto activo, tercera persona singular, de ἐγγίζω, engízō, «acercarse». Expresa un acercamiento con relevancia presente: «se ha acercado y está cerca».

ἐφ’ ὑμᾶς, eph’ hymâs, «a vosotros» o «sobre vosotros», dirige el anuncio a los destinatarios concretos. El Reino no aparece como una idea desligada de su vida.

Lucas 10,10

εἰς ἣν δ’ ἂν πόλιν εἰσέλθητε καὶ μὴ δέχωνται ὑμᾶς, ἐξελθόντες εἰς τὰς πλατείας αὐτῆς εἴπατε·

Eis hḕn d’ àn pólin eisélthēte kaì mē déchōntai hymâs, exelthóntes eis tàs plateías autês eípate.

«Pero en cualquier ciudad donde entréis y no os reciban, salid a sus plazas y decid:».

Análisis. La repetición de δέχωνται, déchōntai, ahora negada, construye el contraste con el versículo 8: acoger o no acoger.

πλατείας, plateías, designa las calles anchas o plazas. La respuesta de los enviados se hace pública. El discurso reconoce la posibilidad del rechazo y prescribe cómo actuar ante él.

Lucas 10,11

Καὶ τὸν κονιορτὸν τὸν κολληθέντα ἡμῖν ἐκ τῆς πόλεως ὑμῶν εἰς τοὺς πόδας ἀπομασσόμεθα ὑμῖν· πλὴν τοῦτο γινώσκετε ὅτι ἤγγικεν ἡ βασιλεία τοῦ θεοῦ.

Kaì tòn koniortòn tòn kollēthénta hēmîn ek tês póleōs hymôn eis toùs pódas apomassómetha hymîn; plḕn toûto ginṓskete hóti ḗngiken hē basileía toû theoû.

«Hasta el polvo de vuestra ciudad que se nos ha pegado a los pies nos lo sacudimos para vosotros. Pero sabed esto: el reino de Dios se ha acercado».

Análisis. ἀπομασσόμεθα, apomassómetha, «nos sacudimos» o «nos quitamos», es presente medio, primera persona plural, de ἀπομάσσω, apomássō. El gesto expresa una separación pública respecto de la ciudad que rechaza.

πλὴν, plḗn, «sin embargo», «pero», introduce la afirmación que permanece: también a esa ciudad se anuncia la cercanía del Reino.

Se repite ἤγγικεν, ḗngiken, la misma forma verbal del versículo 9. El anuncio fundamental es común a las dos situaciones, aunque las frases no son exactamente idénticas: aquí no aparece «a vosotros». La respuesta humana cambia; la cercanía anunciada no queda anulada por el rechazo.

Lucas 10,12

λέγω ὑμῖν ὅτι Σοδόμοις ἐν τῇ ἡμέρᾳ ἐκείνῃ ἀνεκτότερον ἔσται ἢ τῇ πόλει ἐκείνῃ.

Légō hymîn hóti Sodómois en têi hēmérāi ekeínēi anektóteron éstai ē têi pólei ekeínēi.

«Os digo que, en aquel día, será más tolerable para Sodoma que para aquella ciudad».

Análisis. ἀνεκτότερον, anektóteron, es un comparativo: «más tolerable», «más soportable».

ἐν τῇ ἡμέρᾳ ἐκείνῃ, en têi hēmérāi ekeínēi, «en aquel día», abre el horizonte del juicio. El pasaje termina mostrando la gravedad de rechazar el anuncio recibido. No autoriza a los enviados a ejecutar ese juicio: su tarea consiste en anunciar y continuar la misión.

El discurso conserva sus cinco movimientos: envío y oración (vv. 1-2), normas del camino (vv. 3-4), la casa (vv. 5-7), la ciudad que acoge (vv. 8-9) y la ciudad que rechaza (vv. 10-12). La repetición de «el reino de Dios se ha acercado» une los dos últimos y sostiene el conjunto.

El Defensor que vive

Job ha tocado fondo. Los hermanos se han alejado, los criados no le responden, su aliento repugna a su mujer, y los amigos que vinieron a consolarlo lo persiguen como si fueran Dios. Desde ese abismo lanza el grito más alto del libro: va’aní yadá’ti go’alí ḥay, «yo sé que mi defensor vive».

No es una conjetura: es un saber que ha llegado a ser suyo y permanece, firme como la roca en la que Job quiere ver grabadas sus palabras. Y el que vive es el go’el, la figura más entrañable del derecho de Israel: el pariente cercano que rescata la tierra perdida, libera al hermano vendido como esclavo y no deja impune la sangre derramada. Job no tiene ya parientes que lo defiendan. Por eso apela a otro go’el, uno que «el último» se levantará sobre el polvo, como quien se alza para hacer justicia cuando ya nadie habla por el caído.

La paradoja es vertiginosa. Job pide un defensor contra Dios, y ese defensor solo puede ser Dios mismo: el verdadero, contra la caricatura de Dios que le presentan sus amigos. El versículo siguiente es uno de los más oscuros del Antiguo Testamento. Mibbesarí puede significar «desde mi carne» o «sin mi carne», y nuestro Leccionario opta por lo segundo: después que me arranquen la piel, ya sin carne, veré a Dios. San Jerónimo, en la Vulgata, hizo de Job el sujeto que se levantará de la tierra en el último día y verá a Dios en su propia carne. Santo Tomás, comentando el libro al pie de la letra, leyó aquí la esperanza de la resurrección por obra de Cristo redentor. Más allá de cómo se resuelva el texto, lo que no admite duda es el anhelo: mis propios ojos lo verán, y no otro.

Setenta y dos sin sandalias

Jesús ha emprendido la subida decidida hacia Jerusalén, y antes de llegar a cada pueblo envía a otros setenta y dos, de dos en dos. Lucas dice que los «designó», anédeixen: los mostró públicamente, como quien inviste a alguien de una misión. Los manuscritos dudan entre setenta y setenta y dos, y en ambos casos el número habla. En el Génesis las naciones de la tierra son setenta en el texto hebreo y setenta y dos en la traducción griega. En el libro de los Números, Moisés comparte su espíritu con setenta ancianos, y dos más, Eldad y Medad, profetizan en el campamento. La misión de los setenta y dos tiene horizonte universal y nace de un espíritu compartido.

Van de dos en dos. San Gregorio Magno dio la razón con una sobriedad insuperable: la caridad no puede darse entre menos de dos. Y lo primero que se les encarga no es caminar, sino rogar. Deéthēte es una súplica urgente, y lo que se pide es que el dueño de la mies «eche» obreros a su cosecha: es Dios quien hace salir a los trabajadores hacia su campo.

Luego viene la pobreza: ni bolsa, ni alforja, ni sandalias, y ningún saludo por el camino, con la misma prisa con que Eliseo despachó a su criado. El misionero depende por completo de la hospitalidad ajena. Solo lleva la paz, y la paz que anuncia nunca se pierde: si hay allí un hijo de paz, reposará sobre él; si no, volverá al que la trae.

La estructura del discurso guarda un detalle decisivo. A la ciudad que acoge se le dice que el reino de Dios ha llegado; a la ciudad que rechaza, mientras se sacude el polvo de los pies, se le anuncia lo mismo. Éngiken es un perfecto: el Reino ya está cerca, y su cercanía no depende de la respuesta. Lo único que cambia es el juicio, y el recuerdo de Sodoma, la ciudad que negó la acogida al forastero, señala lo que está en juego.

La Santa Faz y la mies

La Iglesia lee hoy estas páginas en la memoria de santa Teresa del Niño Jesús, y la coincidencia ilumina las tres lecturas. Teresa firmaba «del Niño Jesús y de la Santa Faz», y el salmo responde por ella: tu rostro buscaré, Señor, no me escondas tu rostro. Job quiere ver a Dios con sus propios ojos; Teresa, en los últimos meses de su vida, atravesó una noche en la que el cielo parecía cerrado, y aun así pudo decir que cantaba lo que quería creer. Es el «yo sé» de Job dicho desde dentro de la oscuridad.

Y es patrona de las misiones sin haber salido nunca de su Carmelo. Cumplió el Evangelio de hoy desde su segundo versículo: no recorrió caminos sin sandalias, pero rogó al dueño de la mies, y su oración escondida tuvo alcance universal.

Las dos lecturas tienen la misma forma. Job, despojado de todo, descubre que su defensor vive. Los setenta y dos, despojados a propósito, descubren que la paz que llevan no se pierde. En ambos casos el desamparo no es un obstáculo para Dios: es el lugar donde el Defensor se pone de pie. Por eso el primer acto misionero no es salir, sino pedir. Los obreros de la mies no se fabrican; se ruegan, y es Dios quien los lanza al campo.

Oración

ORATIO · ORACIÓN. Señor Jesús, que tu paz preceda nuestras palabras. Danos manos capaces de cuidar y un corazón que pueda recibir. Cuando una puerta se cierre, líbranos del desprecio; cuando se abra, líbranos de buscar nuestro propio provecho.

Fruto · Proyecto de vida

DEJAR
Hoy no reenviaré un comentario que humille a alguien con quien discrepo.
COMENZAR
Antes de una conversación difícil, guardaré un minuto de oración por la persona.
ACERCARSE
Llamaré a una persona enferma o sola; preguntaré qué ayuda concreta necesita antes de ofrecerla.
DECISIÓN
No condicionaré esa ayuda a recibir agradecimiento o adhesión a mis opiniones.
ORACIÓN NUEVA
«Señor, que mi primera palabra deje espacio a tu paz».
PLAZO
Al terminar este 1 de octubre de 2026, revisaré si cumplí el gesto y qué debo reparar.

Contemplar la Palabra · La cosecha, de Vincent van Gogh

Campos amarillos, trabajadores y carros bajo un cielo azul en La cosecha de Vincent van Gogh.
La cosecha, 1888, óleo sobre lienzo, 73 × 92 cm. Van Gogh Museum, Ámsterdam, inventario s0030V1962. Ficha del museo · Reproducción y declaración de dominio público en Wikimedia Commons.

Qué vemos. Parcelas amarillas, carros y pequeñas figuras humanas distribuyen el trabajo bajo un cielo amplio. Relación con el Coro [I]. El paisaje permite detenernos en la imagen de la cosecha del v. 2; no afirmamos que Van Gogh pintara una ilustración de esta perícopa. La inmensidad del campo no elimina el valor de cada trabajador. Para contemplar [P]. ¿Qué parte del trabajo puedo asumir con otros, sin pretender poseer el campo entero?

Para prolongar esta luz

Memoria viva · Teresa de Lisieux: el bien que cabe en nuestras manos. La misión toma forma en una ayuda concreta, proporcionada y cumplida.

Textos y fuentes para consultar

COR-20261001 · v2.0 · 1 de octubre de 2026. Estudio «Yo sé que mi Defensor vive», facilitado y elegido para esta entrega por Pbro. José Octavio Lara Pachón.

Conversación para leer más despacio · Lucas 10,1–12

Pbro. José Octavio Lara Pachón · Scriptorium Lucis · 1 de octubre de 2026

La paz que llega antes que nosotros

Discípulo: Si me enviaran a una ciudad desconocida, pensaría primero qué llevar. ¿Por qué Jesús me pide pensar en la paz?

Maestro: Porque los enviados van delante de él. No llevan una causa privada; preparan una visita. Por eso el orden importa: Jesús los designa, les pide rogar al dueño de la cosecha y sólo después les dice «id». Cuando entran en una casa, la primera palabra no es una demanda, sino «Paz a esta casa». Puedes releer cada versículo y su griego en el estudio de Lucas situado arriba en el Coro.

¿Qué puede prometer un enviado que llega sin bolsa?

Discípulo: Jesús los manda como corderos entre lobos, sin bolsa ni alforja. ¿Busca que sean débiles?

Maestro: Les dice con verdad que pueden encontrar peligro. También limita los recursos que llevan para que acepten la hospitalidad de una casa, permanezcan allí y reciban el sustento que corresponde al trabajador. No hay aquí una orden general de pasar hambre. El gesto concreto es difícil: aceptar la mesa que ofrecen sin ir en busca de una mejor. La vulnerabilidad no autoriza a dominar al anfitrión; le permite acoger libremente.

La primera palabra y la palabra que vuelve

Discípulo: Si una casa no recibe la paz, ¿la misión ha fracasado?

Maestro: Lucas dice que la paz vuelve a quienes la llevaron. No la describe como una fórmula que obliga a nadie a sentir algo. Su imagen de «hijo de paz» llama a una persona capaz de recibirla; tampoco clasifica para siempre a los demás. El castellano puede hacer sonar «paz» como mera ausencia de discusión. El griego Εἰρήνη, eirḗnē (ei-RÉ-ne), y su trasfondo bíblico hebreo שָׁלוֹם, shalóm (sha-LOM), permiten oír un bien de vida y relación que se ofrece, no se impone. El hebreo ilumina el trasfondo; Lucas está escrito en griego.

Curar y anunciar: dos verbos de una sola visita

Discípulo: En la ciudad que acoge, ¿qué hacen además de hablar?

Maestro: Comen lo que les sirven y curan a los enfermos. Sólo entonces el lector oye de nuevo el anuncio: «El Reino de Dios se ha acercado a vosotros». La forma griega ἤγγικεν, ḗngiken (ÉN-gui-ken), aparece tanto aquí como en la ciudad que rechaza. Comunica un acercamiento que importa ahora. La traducción latina appropinquavit conserva también ese movimiento. Una visita pastoral que no oye al enfermo dejaría fuera un mandato del pasaje; una ayuda que no pueda nombrar la esperanza también silenciaría algo de lo que Jesús confió.

Si cierran la puerta, ¿quién decide el juicio?

Discípulo: El polvo y Sodoma suenan a amenaza. ¿Es lícito responder con dureza?

Maestro: Sacudir el polvo marca públicamente que una ciudad rechazó a los enviados. No se les manda herirla ni perseguirla. Y, después del gesto, viene una palabra que cambia el tono: πλὴν, plḗn, «sin embargo». Deben decir todavía que el Reino se ha acercado. Jesús pronuncia la advertencia sobre «aquel día»; no entrega ese juicio a los mensajeros. Quien se marcha con desprecio habría cambiado el encargo.

Una precisión antes de convertir el número en símbolo

Discípulo: ¿Los setenta y dos representan sin duda a todas las naciones?

Maestro: Hay manuscritos que dicen setenta. El texto seguido por el Coro, la Nova Vulgata y el SBLGNT consultado dicen setenta y dos. La relación con Génesis 10 o Números 11 es una lectura posible de la tradición, no una explicación explícita de Lucas. Lo seguro es que Jesús envía a un grupo amplio, de dos en dos. San Gregorio Magno, recogido por la Catena Aurea al comentar Lc 10,1–2, vio en las parejas una escuela de caridad: el enviado no aprende el amor en soledad.

La memoria de Teresa abre una puerta más

Discípulo: ¿Qué tiene que ver santa Teresa del Niño Jesús con estos caminos?

Maestro: Fue reconocida como patrona de las misiones viviendo en el Carmelo. La exhortación C’est la confiance recuerda el hecho y el lugar que tuvieron en ella la oración y la caridad cotidiana. La comparación no significa que Teresa viajara como los setenta y dos. Recuerda que la primera orden del pasaje es rogar al dueño de la cosecha, y que la misión también llega a otros mediante un cuidado pequeño y fiel.

Para llevar al día

Discípulo: ¿Qué hago antes de tocar la próxima puerta?

Maestro: Ora un minuto por la persona a quien verás. Entra con una palabra de paz, pregunta qué necesita y escucha la respuesta. Si no te recibe, retírate sin convertir tu dolor en juicio sobre ella. El campo tiene dueño; nosotros tenemos una tarea. El Coro conserva la oración y el proyecto de vida para comprobar al final del día cómo caminamos.

Fuentes principales: Conferencia Episcopal de Colombia · Nova Vulgata · Catena Aurea, Lc 10,1–2 · C’est la confiance. El texto original completo y su transliteración están en el estudio de Lucas situado arriba.

REGULA LECTORIS · REGLA DEL LECTOR

La lengua original no reemplaza la Tradición: permite comprobar lo que afirmamos del texto. La Tradición no reemplaza la gramática: acoge la Palabra completa en la Iglesia. El sentido espiritual nace del literal; la liturgia, la doctrina y la comunión eclesial ayudan a discernirlo y verificarlo.

Compartir este artículo

WhatsApp
Facebook
X

Recibe cada mañana el Evangelio en WhatsApp

Un Evangelio, una reflexión y una oración para comenzar el día con Dios. Únete al grupo de la Parroquia San Pablo VI.

2 respuestas

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *