septiembre 29, 2026

Coro · La fe que todavía aprende

SCRIPTORIUM LUCIS · CORO

Del encuentro con Natanael
a la promesa del cielo abierto

Juan 1,47-51

Martes 29 de septiembre de 2026
Santos Miguel, Gabriel y Rafael, arcángeles

Exégesis de fiesta · Tiempo Ordinario · Blanco

Pbro. José Octavio Lara Pachón

Lectura continua · Texto aprobado · 29 de septiembre de 2026

El Evangelio

Traducción propia de estudio de Juan 1,47-51, a partir del texto griego SBLGNT. No sustituye el leccionario litúrgico aprobado. El original completo y las decisiones de traducción se conservan en las notas.

47. Jesús vio a Natanael que venía hacia él y dijo de él: «Mira, un israelita de verdad, en quien no hay engaño».

48. Le dice Natanael: «¿De dónde me conoces?». Jesús le respondió: «Antes de que Felipe te llamara, cuando estabas bajo la higuera, te vi».

49. Le respondió Natanael: «Rabí, tú eres el Hijo de Dios; tú eres rey de Israel».

50. Jesús le respondió: «¿Crees porque te dije que te vi bajo la higuera? Verás cosas mayores que estas».

51. Y le dice: «Amén, amén, les digo: verán el cielo abierto y a los ángeles de Dios subir y bajar sobre el Hijo del hombre».

Discípulo. Natanael acaba de llamar a Jesús Hijo de Dios y rey de Israel. ¿Qué más tendría que descubrir? A mí me parece que ya ha llegado.

Maestro. También el relato podría terminar ahí. Un hombre se acerca, reconoce a Jesús y confiesa su fe. Pero Jesús toma de nuevo la palabra: «Verás cosas mayores». Queda algo por ver, incluso después de haber dicho algo verdadero. Sigamos ese hilo: quizá nos ayude a comprender por qué la fe de Natanael es, al mismo tiempo, un hallazgo y un comienzo.

Leeremos despacio, dejando abiertas nuestras primeras respuestas. Habrá que precisar qué significa «sin engaño», respetar el silencio sobre la higuera y escuchar hasta dónde llega la promesa. Así podremos distinguir lo que el relato nos entrega de lo que nosotros llevamos ya pensado.

Hoy la Iglesia celebra a los arcángeles. Las lecturas indicadas son Daniel 7,9-10.13-14, o Apocalipsis 12,7-12; Salmo 137(138),1-2a.2bc-3.4-5; aclamación Salmo 102(103),21; y Juan 1,47-51. La referencia consultada es la edición de la USCCB para esta fecha; no se le atribuye la numeración de un leccionario colombiano. [1]

1. Una mirada que se adelanta

El encuentro ha empezado antes de nuestra lectura. Felipe le ha hablado a Natanael de Jesús de Nazaret, vinculándolo con Moisés y los profetas. Natanael ha respondido con una objeción sobre Nazaret. Felipe lo invita a acercarse y comprobar por sí mismo lo que acaba de anunciarle (Jn 1,45-46). Cuando comienza el versículo 47, Natanael ya viene de camino.

Natanael viene, pues, con una pregunta todavía sin resolver. Ha escuchado a Felipe y ha objetado; ahora acepta acercarse. Su dificultad no ha cerrado la conversación. Todo sucede dentro de Israel: Felipe habla de sus Escrituras y Jesús reconoce en el que llega a un «israelita de verdad». El elogio honra esa pertenencia; convertirlo en desprecio hacia el judaísmo invertiría su sentido.

Jesús reconoce en él la ausencia de engaño. San Agustín se detiene precisamente aquí: la sinceridad no significa que Natanael ya esté libre de todo pecado. En su Tratado sobre el Evangelio de Juan 7,18-19, lo compara con un enfermo que puede ser curado porque reconoce su necesidad. Esa es una interpretación espiritual del elogio, no una información adicional sobre la biografía de Natanael. [3]

Lo que Jesús dice lo lleva a preguntar: «¿De dónde me conoces?». El hombre que venía a averiguar algo sobre Jesús descubre que Jesús tiene algo que decir sobre él. La respuesta se remonta a un momento anterior: «Antes de que Felipe te llamara… te vi». La invitación que Natanael acaba de aceptar no es el comienzo de todo lo que ocurre entre ambos.

Aquí el lector encuentra un límite. Juan no cuenta qué hacía Natanael bajo el árbol ni explica por qué ese recuerdo tuvo tanta fuerza para él. Benedicto XVI reconoce expresamente ese silencio en su audiencia sobre Bartolomé, del 4 de octubre de 2006. Su interpretación se concentra en el efecto del encuentro: Natanael se siente comprendido y se abre a la confianza. [4]

Ese silencio no deja al lector sin camino. Lo que permanece oculto bajo la higuera se hace visible en una respuesta: Natanael llama a Jesús maestro, Hijo de Dios y rey de Israel. Antes había oído hablar de él; ahora le habla. La noticia que recibió de Felipe se ha convertido en una confesión que nadie puede pronunciar en su lugar.

2. Creer abre un camino

Discípulo. Entonces la fe ya ha nacido. ¿Por qué Jesús vuelve a preguntar por ella?

Maestro. Escucha la pregunta junto con la promesa que le sigue. Jesús recuerda el motivo por el que Natanael ha creído y añade: «Verás cosas mayores». Sus palabras dan a ese comienzo un porvenir. Conocer a una persona exige tiempo; también los nombres verdaderos que pronunciamos sobre ella pueden guardar una profundidad que todavía desconocemos.

[I] Leer aquí una fe que aprende ayuda también a respetar el tiempo del discípulo. Sería apresurado atribuir a Natanael, en este instante, toda la comprensión de Cristo que la Iglesia confesará después de Pascua. Sus palabras son grandes; la vida del Señor irá mostrando cuánto contienen.

El lugar del episodio en el Evangelio confirma que estamos ante un comienzo. Tras esta escena llegan las bodas de Caná. Allí Juan dirá que Jesús manifestó su gloria y que sus discípulos creyeron en él (Jn 2,11). El relato continuará mostrando qué significa creer y qué significa ver. Caná ofrece un primer desarrollo de ese camino, aunque el texto no diga que agote la promesa de Juan 1,51.

La conversación puede ahora avanzar. Hasta aquí, Natanael se ha asombrado por lo que Jesús sabe de él. Las palabras siguientes lo invitan a descubrir quién es aquel que lo conoce.

3. De la higuera al cielo abierto

El último versículo introduce dos cambios a la vez. El horizonte se ensancha desde un lugar concreto, la higuera, hasta el cielo abierto. Y el destinatario pasa del singular al plural: primero Jesús dice «verás»; después, «les digo» y «verán». Natanael sigue presente, pero la promesa alcanza a más de uno. Esta diferencia está expresada en el griego; no depende de una preferencia del traductor.

Discípulo. ¿Cómo puede una conversación tan personal terminar hablando del cielo y de los ángeles?

Maestro. La imagen lleva consigo la memoria de otra noche. En Génesis 28,10-17, Jacob se detiene durante un viaje y se duerme. Sueña con una escalera apoyada en la tierra que alcanza el cielo; por ella suben y bajan los ángeles de Dios. Al despertar reconoce la presencia del Señor en aquel lugar. Ha descansado donde Dios estaba, sin haberlo sabido. [5]

Juan utiliza el mismo movimiento de los ángeles: subir y bajar. Por eso la relación con el sueño de Jacob es mucho más precisa que una vaga semejanza entre dos escenas celestiales. San Agustín la expone expresamente en el tratado 7,23. Su lectura espiritual de los ángeles como predicadores pertenece a la recepción patrística; no cambia el significado literal de los ángeles mencionados por Juan. [3]

Hay, además, una diferencia decisiva. Jesús no menciona una escalera. Habla de los ángeles «sobre el Hijo del hombre». La imagen que en Génesis vinculaba el cielo y la tierra queda ahora relacionada con una persona. La frase no dice literalmente «yo soy la escalera»; esa formulación sería una interpretación. Pero el desplazamiento permite comprender por qué la tradición cristiana reconoce en Jesús el encuentro entre Dios y la humanidad.

[I] Aquí se perfila la respuesta a nuestra pregunta inicial. Jesús invita a Natanael a pasar del asombro de ser conocido al descubrimiento de quien lo conoce. La memoria de Jacob ayuda a expresar esa profundidad: en el Hijo del hombre, la vida humana se encuentra con la cercanía de Dios. La promesa se dirige ya a varios, porque lo que Jesús revela rebasa la historia de un solo discípulo.

El título «Hijo del hombre» añade otra resonancia bíblica. En Daniel 7,13-14, una figura «como un hijo de hombre» recibe de Dios dominio, gloria y reino. La primera lectura de la fiesta dispone al oyente a escuchar ese título. Daniel aporta el horizonte del reino; Génesis, el movimiento de los ángeles. Los dos relatos ayudan a leer el Evangelio, cada uno desde su propia escena.

Queda una dificultad legítima: ¿cuándo se cumplirá lo prometido? Estos cinco versículos no fijan una fecha ni describen una aparición que deba repetirse en cada creyente. El Evangelio deja el futuro abierto y comienza a desarrollarlo en la vida de Jesús. Leer así la promesa permite esperar su revelación sin convertirla en una exigencia de experiencias extraordinarias.

La última palabra del encuentro es, por eso, una promesa. El hombre que se acercó con una objeción puede seguir caminando. Ha sido reconocido y ha comenzado a reconocer; delante de él queda la vida de Jesús, en la que aprenderá qué significan los nombres que acaba de pronunciar.

4. La Iglesia entra en la alabanza

Ahora resulta más claro el lugar de los arcángeles. El Evangelio no enumera a Miguel, Gabriel y Rafael ni describe sus funciones particulares. Los ángeles aparecen en relación con el Hijo del hombre. La fiesta los honra dentro de la obra de Dios, que es quien da unidad a su servicio.

El Catecismo de la Iglesia Católica ofrece el criterio doctrinal: afirma la existencia de los ángeles como seres espirituales, sitúa a Cristo en el centro de su mundo y recuerda que la Iglesia une su alabanza a la de ellos (nn. 328, 331 y 335). Estas afirmaciones orientan la celebración; no autorizan a deducir de Juan 1 una clasificación completa de los seres celestiales. [6]

Las demás lecturas aportan distintos acentos. Daniel presenta un reino recibido de Dios, estable frente a la fragilidad de los poderes. La opción de Apocalipsis muestra a Miguel en combate, dentro de una victoria que el pasaje atribuye a Dios y al Cordero. Escuchadas junto a Juan, ambas lecturas impiden atribuir a los ángeles un poder independiente del Señor.

El salmo nos da una voz para responder: la gratitud. Entre la visión de Daniel y la promesa de Jesús, la asamblea canta la fidelidad de Dios. Esa alabanza se abre a los reyes de la tierra y, en la respuesta litúrgica, se pronuncia ante los ángeles. Lo que parecía lejano encuentra palabras que podemos decir juntos. La aclamación añade el acento del servicio: los servidores del Señor cumplen su voluntad.

La constitución Sacrosanctum Concilium, número 8, prolonga esta perspectiva: la liturgia de la tierra participa anticipadamente en la celestial y mantiene viva la espera de la plena comunión con el Señor. [7] Esta enseñanza conciliar amplía nuestra comprensión de la celebración; no pretende ser una traducción literal del versículo de Juan.

La promesa escuchada por Natanael alcanza así nuestra oración. En la celebración damos gracias por una cercanía recibida y esperamos su plenitud. La Iglesia puede cantar sin haber llegado todavía al término de su camino: la esperanza le permite reconocer lo que ya le ha sido dado y aguardar lo que aún no ve.

5. Detener la mirada y responder

José de Ribera, El sueño de Jacob: el patriarca duerme junto a un árbol bajo la luz que sugiere la escala de los ángeles.
José de Ribera, El sueño de Jacob, 1639. Óleo sobre lienzo, 179 × 233 cm. Museo Nacional del Prado. Reproducción de dominio público; procedencia y créditos en las fuentes.

La pintura de Ribera permite detenernos en el relato que ha iluminado el Evangelio. Vemos a Jacob dormido en el suelo, junto a un árbol, mientras la escala de los ángeles apenas se distingue en la luz. El Museo del Prado destaca la fuerza cotidiana de ese viajero que descansa. La obra representa Génesis 28; no representa a Natanael. [8]

[P] Podemos mirar primero el cuerpo cansado y después la claridad. La pintura deja tiempo para ambas cosas. Desde esa contemplación propongo una pregunta: ¿puedo recibir mi vida como algo cuyo sentido todavía no he terminado de conocer? Es nuestra manera de orar ante la obra; no una intención que atribuyamos a Ribera.

Señor Jesús, recibe mi fe como está: con lo que he comprendido y con lo que todavía me cuesta. Líbrame de fingir una seguridad que no tengo. Enséñame a escucharte, a reconocer el bien recibido y a caminar contigo hacia lo que aún quieres mostrarme. Que mi servicio ayude a otros a encontrarte. Amén.

Desde esa oración, el examen puede concentrarse en cinco preguntas. ¿Qué dificultad me cuesta decir con sinceridad ante Dios? ¿Cuándo confundo una respuesta aprendida con un conocimiento vivido? ¿He juzgado a alguien por su origen antes de escucharlo? ¿Exijo señales para seguir confiando? Y, si acompaño a otros en la fe, ¿les doy espacio para un encuentro propio con Cristo?

Son preguntas para nuestra conciencia, no afirmaciones sobre la intimidad de Natanael. Nos ayudan a responder desde el lugar en que estamos, con la fe que tenemos y con la disponibilidad de quien acepta seguir aprendiendo.

Un paso para hoy

Para que la lectura encuentre una respuesta concreta, elijo una conversación que tenga pendiente. DEJAR: suspendo una intención que haya atribuido a esa persona sin escucharla. COMENZAR: antes del encuentro, releo despacio Juan 1,47-51 y guardo un momento de silencio.

ACERCARSE: le hago una pregunta abierta y escucho su respuesta hasta el final. DECISIÓN: si aparece una dificultad, procuro comprenderla antes de ofrecer una explicación religiosa. ORACIÓN NUEVA: «Jesús, enséñame a escuchar sin creer que ya lo sé todo». PLAZO: esta noche, 29 de septiembre, reviso qué escuché que antes desconocía. [P]

Al terminar podemos comprobar qué cambió en nuestra primera lectura. La sinceridad de Natanael ya no exige imaginarlo impecable; el silencio sobre la higuera ya no nos impide comprender la escena; su confesión aparece como un comienzo verdadero; la promesa conserva un futuro que no controlamos. El descubrimiento principal es que la fe puede ser sincera y seguir necesitando aprender.

Discípulo. Al principio pensé que Natanael ya había llegado.

Maestro. Había encontrado a Jesús. Y ese encuentro era lo bastante verdadero para abrirle un camino. Podemos cerrar el libro conservando esa confianza: lo que hemos recibido de Cristo es real, y todavía hay más que aprender de él.

Abrir las notas de estudio: griego, hebreo y criterios de interpretación

La lectura continua termina arriba. Lo que sigue permite comprobar palabras y fuentes sin tener que interrumpirla. [D] indica dato textual o documental; [I], interpretación razonada; [P], propuesta pedagógica o pastoral. Las preguntas de esta edición son composiciones de estudio, no citas de los autores.

Qué se ha comprobado y qué queda abierto

[D] Base textual. Se conserva la traducción de trabajo sobre SBLGNT, edición de Michael W. Holmes. La edición anterior cotejó además la Nova Vulgata y la Biblia de la Santa Sede. No se afirma una consulta de NA28 o UBS5 ni un examen exhaustivo de manuscritos. Las marcas de variantes del archivo SBLGNT no se convierten aquí en decisiones críticas sin estudiar su aparato.

[D] Contexto. Juan 1,43-46 prepara la escena mediante Felipe y la referencia a Moisés y los profetas; Juan 2,1-11 la continúa con Caná. Este pasaje no establece por sí solo la identidad de Natanael con Bartolomé: Benedicto XVI la presenta como identificación tradicional. Tampoco permite reconstruir una práctica concreta bajo la higuera.

Certeza alta: el paso del singular al plural es gramaticalmente explícito; el movimiento de los ángeles remite de forma precisa a Génesis 28. Certeza media: comprender a Jesús como el encuentro entre cielo y tierra es una interpretación cristológica apoyada en ese vínculo. Certeza baja: determinar qué hacía Natanael bajo el árbol exige una reconstrucción que el narrador no ofrece.

Agustín desarrolla una lectura espiritual de la higuera vinculada al pecado (tratado 7,21-22). Se conserva como testimonio de recepción, sin presentarla como el significado histórico demostrado del episodio. La distinción permite aprender de la tradición manteniendo visible qué afirma el Evangelio y qué añade un intérprete.

El griego, versículo por versículo

Cada unidad contiene el original completo, una transliteración de lectura y una observación concreta. Las traducciones españolas están reunidas al comienzo para evitar reproducir de nuevo todo el Evangelio. La transliteración no es una transcripción fonética del griego moderno.

Juan 1,47

εἶδεν ὁ Ἰησοῦς τὸν Ναθαναὴλ ἐρχόμενον πρὸς αὐτὸν καὶ λέγει περὶ αὐτοῦ· Ἴδε ἀληθῶς Ἰσραηλίτης ἐν ᾧ δόλος οὐκ ἔστιν.

Eîden ho Iēsoûs tòn Nathanaḕl erchómenon pròs autón kaì légei perì autoû: Íde alēthôs Israēlítēs en hō̂ dólos ouk éstin.

δόλος, dólos, significa «engaño» o «doblez». «Israelita» y la ausencia de engaño forman el elogio; el texto no emplea aquí la palabra «pecado».

Juan 1,48

λέγει αὐτῷ Ναθαναήλ· Πόθεν με γινώσκεις; ἀπεκρίθη Ἰησοῦς καὶ εἶπεν αὐτῷ· Πρὸ τοῦ σε Φίλιππον φωνῆσαι ὄντα ὑπὸ τὴν συκῆν εἶδόν σε.

Légei autō̂ Nathanaḗl: Póthen me ginṓskeis? Apekríthē Iēsoûs kaì eîpen autō̂: Prò toû se Phílippon phōnêsai ónta hypò tḕn sykên eîdón se.

Πόθεν, póthen, pregunta «¿de dónde?». La mirada recordada por Jesús precede a la llamada de Felipe; la frase no cuenta la actividad de Natanael bajo el árbol.

Juan 1,49

ἀπεκρίθη αὐτῷ Ναθαναήλ· Ῥαββί, σὺ εἶ ὁ υἱὸς τοῦ θεοῦ, σὺ βασιλεὺς εἶ τοῦ Ἰσραήλ.

Apekríthē autō̂ Nathanaḗl: Rhabbí, sỳ eî ho huiòs toû theoû, sỳ basileùs eî toû Israḗl.

Ῥαββί, rhabbí, es el título de maestro. La confesión une «Hijo de Dios» y «rey de Israel»: relación con Dios y con su pueblo.

Juan 1,50

ἀπεκρίθη Ἰησοῦς καὶ εἶπεν αὐτῷ· Ὅτι εἶπόν σοι ὅτι εἶδόν σε ὑποκάτω τῆς συκῆς πιστεύεις; μείζω τούτων ὄψῃ.

Apekríthē Iēsoûs kaì eîpen autō̂: Hóti eîpón soi hóti eîdón se hypokátō tês sykês pisteúeis? Meízō toútōn ópsēi.

μείζω, meízō, «cosas mayores», introduce la comparación que hace avanzar el diálogo. El futuro se dirige todavía a Natanael en singular.

Juan 1,51

καὶ λέγει αὐτῷ· Ἀμὴν ἀμὴν λέγω ὑμῖν, ὄψεσθε τὸν οὐρανὸν ἀνεῳγότα καὶ τοὺς ἀγγέλους τοῦ θεοῦ ἀναβαίνοντας καὶ καταβαίνοντας ἐπὶ τὸν υἱὸν τοῦ ἀνθρώπου.

Kaì légei autō̂: Amḕn amḕn légō hymîn, ópsesthe tòn ouranòn aneōigóta kaì toùs angélous toû theoû anabaínontas kaì katabaínontas epì tòn huiòn toû anthrṓpou.

La repetición de ἀμήν, amḗn, da solemnidad a la afirmación. ἐπί, epí, con acusativo, se traduce aquí «sobre»; por sí sola la preposición no define una imagen física de escalera.

Las formas que hacen avanzar la escena

εἶδεν, eîden, «vio»: aoristo indicativo activo, tercera persona singular, del verbo ὁράω, horáō, «ver». Presenta la acción inicial de Jesús. En el v. 48, εἶδόν, eîdón, es la primera persona: «vi».

γινώσκεις, ginṓskeis, «conoces»: presente indicativo activo, segunda persona singular, de γινώσκω, ginṓskō. Natanael pregunta por el origen de ese conocimiento. πιστεύεις, pisteúeis, «crees», es también segunda persona singular, de πιστεύω, pisteúō; aquí Jesús interpela a Natanael.

ὄψῃ, ópsēi, «verás», y ὄψεσθε, ópsesthe, «verán», son formas de futuro medio indicativo de horáō, con sentido activo; cambian de segunda persona singular a plural. ὑμῖν, hymîn, es el pronombre «a ustedes», en dativo plural. Estas formas sostienen el cambio de destinatario.

El hebreo de Jacob y el control latino

סֻלָּם

Sullām, «escalera», aparece en Génesis 28,12. El objeto une tierra y cielo en el sueño. Juan reutiliza el movimiento de los ángeles sin nombrar ese objeto.

שַׁעַר הַשָּׁמָיִם

Šaʿar haššāmayim, «puerta del cielo», es la expresión de Génesis 28,17. Ayuda a reconocer el horizonte del relato evocado. Son palabras hebreas de Génesis; el texto de Juan que estudiamos está en griego.

La Nova Vulgata conserva videbitis, «ustedes verán», y supra Filium hominis, «sobre el Hijo del hombre». Su función aquí es comprobar una recepción latina del pasaje; no reemplaza el análisis del griego. [9]

Cómo se conserva el recorrido de la lectio

Las precomprensiones iniciales y su revisión final corresponden a H₀ y H₀′. La progresión del encuentro desarrolla H e I; los grados de certeza se explicitan en estas notas (II). La lectura de Cristo, la Iglesia y la esperanza final integra III; la oración y el examen, IV; el contraste litúrgico y doctrinal, E. Los dos párrafos finales de la lectura ofrecen la síntesis V, y «Un paso para hoy» concreta VI.

Los cuatro sentidos permanecen relacionados: el literal atiende a lo que sucede en la escena; el cristológico la vincula con la obra de Cristo; el moral pregunta por nuestra respuesta; el anagógico orienta hacia la comunión definitiva con Dios. Se explican en castellano dentro del argumento para no obligar al lector a descifrar el esquema.

Abrir la síntesis para compartir oralmente

Síntesis de aproximadamente 90 segundos. Puede utilizarse por separado; no añade un nuevo paso a la lectura anterior.

Natanael llega a Jesús con preguntas. Ha escuchado a Felipe, pero necesita encontrarse personalmente con aquel de quien le han hablado. Jesús lo recibe y recuerda que ya lo había visto bajo la higuera. Entonces Natanael confiesa: «Tú eres el Hijo de Dios».

Podríamos pensar que todo está terminado. Sin embargo, Jesús le dice: «Verás cosas mayores». Esa primera fe es verdadera y, precisamente por eso, puede crecer. El encuentro abre un camino.

La promesa del cielo abierto recuerda el sueño de Jacob, con sus ángeles que suben y bajan. Ahora Jesús relaciona esa imagen con el Hijo del hombre. Invita a Natanael, y con él a otros, a descubrir más profundamente quién es y qué comunica de Dios.

En la fiesta de los arcángeles, la Iglesia dirige su alabanza al Señor a quien ellos sirven. También nosotros podemos agradecer lo que hemos recibido y reconocer lo que todavía nos falta aprender. No hace falta aparentar una fe que ya lo entiende todo. Podemos acercarnos con sinceridad, escuchar y dar el siguiente paso. Cristo recibe nuestra confianza y la hace crecer.

Fuentes para comprobar y continuar

[1] Liturgia. USCCB, lecturas del 29 de septiembre de 2026. Contiene completos Daniel, la opción de Apocalipsis, el salmo y el Evangelio. Fuente de contraste estadounidense; no se atribuye cotejo con el Ordo colombiano.

[2] Texto original. Michael W. Holmes, ed., The Greek New Testament: SBL Edition, Juan 1,43-51 y 2,1-11. SBLGNT © 2010 Society of Biblical Literature y Logos Bible Software. Licencia CC BY 4.0 y aviso de exención de garantías. Transliteración y traducción de estudio editoriales.

[3] San Agustín. Tratados sobre el Evangelio de Juan, 7,18-23. Traducción inglesa de John Gibb, NPNF I/7 (1888), reproducida en New Advent. Las explicaciones españolas son paráfrasis, no citas literales.

[4] Benedicto XVI. Audiencia general «Bartolomé», 4 de octubre de 2006. Fuente del límite sobre la higuera, del itinerario de confianza y de la identificación tradicional con Bartolomé.

[5] Génesis. Génesis 28,10-17, texto hebreo y versión inglesa de Mechon-Mamre. Control de las dos expresiones hebreas; no se afirma consulta de BHS o BHQ.

[6] Catecismo. Catecismo de la Iglesia Católica, nn. 328-336, especialmente 328, 331 y 335: existencia, relación con Cristo y alabanza litúrgica.

[7] Concilio Vaticano II. Sacrosanctum Concilium, 8, 4 de diciembre de 1963: liturgia terrena, liturgia celestial y esperanza de consumación.

[8] Arte. Museo Nacional del Prado, «Sueño de Jacob, El [Ribera]»; inventario P001117. Reproducción en Wikimedia Commons, marcada de dominio público; procedencia Museo del Prado, fotografía acreditada a José Baztán Lacasa.

[9] Control eclesial del texto. Nova Vulgata, Juan 1,47-51, y Biblia en español de la Santa Sede, Juan 1. Cotejos documentados en la preparación de la primera edición.

Regla del lector

La lengua original no reemplaza la Tradición: permite comprobar lo que afirmamos del texto. La Tradición no reemplaza la gramática: acoge la Palabra completa en la Iglesia. El sentido espiritual nace del literal; la liturgia, la doctrina y la comunión eclesial ayudan a discernirlo y verificarlo.

Archivo editorial de la jornada · Scriptorium Lucis

Compartir este artículo

WhatsApp
Facebook
X

Recibe cada mañana el Evangelio en WhatsApp

Un Evangelio, una reflexión y una oración para comenzar el día con Dios. Únete al grupo de la Parroquia San Pablo VI.

Una respuesta

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *