Sala principal: Biblioteca · Serie: Lecturas de los Maestros · Código: BIB-LM-001 · Versión: 1.0 · Fecha: 21 de septiembre de 2026 · Estado: publicado
San Roberto Belarmino · El gemido de la paloma · I
Por qué debe gemir la Iglesia
Pbro. José Octavio Lara Pachón
Comenzamos por el principio. De gemitu columbae sive de bono lacrymarum apareció en 1617. El título latino contiene ya el programa de la obra: «Sobre el gemido de la paloma, o sobre el bien de las lágrimas, en tres libros». No dice simplemente de lacrymis, «sobre las lágrimas», sino de bono lacrymarum: sobre el bien que puede haber en ellas.
La obra está organizada en tres movimientos: el primer libro trata de la necesidad del gemido; el segundo, de las fuentes de las lágrimas; el tercero, de sus frutos. El itinerario es revelador: necesidad, fuente, fruto. Primero se aprende a gemir; luego se discierne de dónde procede ese gemido; finalmente se pregunta qué transforma.
Podemos expresar desde ahora una primera tesis de lectura: la reforma visible de la Iglesia comienza en una afección interior correctamente ordenada. No se trata de sentimentalismo. Aquello que verdaderamente nos duele revela aquello que verdaderamente amamos.
La clave patrística: san Agustín
El título de Belarmino entra en una tradición patrística precisa. San Agustín, comentando la manifestación del Espíritu Santo bajo forma de paloma, escribe:
Amor noster pro invicem gemat ad Deum: ipse enim gemitus columbae est.
Traducción propia: «Que nuestro amor mutuo gima hacia Dios: ese es precisamente el gemido de la paloma».
La frase transforma el sentido del gemido. La paloma no gime porque haya perdido la esperanza: gime porque ama. Agustín enlaza inmediatamente esta imagen con Romanos 8,26. El Espíritu no gime porque a Dios le falte algo; gime en nosotros, es decir, nos hace gemir. Despierta en el cristiano la conciencia de que todavía peregrina y le enseña a suspirar por la patria.
De aquí surge un criterio decisivo: no se reconoce el gemido cristiano por su intensidad, sino por su objeto. Se puede llorar por la pérdida del prestigio, del dinero, de la comodidad o del poder; ese dolor puede ser intenso y, sin embargo, no ser todavía el gemido de la paloma.
La paloma es la Iglesia
Benedicto XVI explicó expresamente que, en De gemitu columbae, la paloma representa a la Iglesia. Leyó la obra como una llamada vigorosa al clero y a los fieles a una reforma personal y concreta de la propia vida según la Escritura y los santos. La consecuencia es exigente: no puede haber auténtica reforma de la Iglesia sin reforma personal y conversión del corazón.
Por eso Belarmino no escribe «Los males de la Iglesia». Habla del gemido de la Iglesia. El sujeto no queda fuera de aquello que diagnostica. La Iglesia que necesita purificación es también la Iglesia a la que pertenezco.
La pregunta deja entonces de ser cómoda: no solo «¿qué está mal en la Iglesia?», sino «¿qué necesita ser convertido en mí para que la Iglesia sea más santa?».
El movimiento del primer libro
Conviene distinguir aquí lo que podemos afirmar documentalmente de nuestra reconstrucción interpretativa. La dirección del Libro I está establecida: mostrar la necesidad del gemido. No atribuimos a Belarmino frases literales que no hayamos cotejado directamente en la edición.
La lógica puede formularse así: el cristiano todavía peregrina; el pecado permanece posible; la Iglesia recibe su santidad de Cristo, pero la lleva en hombres necesitados de conversión; el mundo contiene sufrimiento, injusticia y alejamiento de Dios; nuestra vida todavía no ha alcanzado su fin. Por eso una existencia cristiana totalmente incapaz de gemir sería espiritualmente sospechosa.
No porque el cristianismo sea tristeza. Al contrario: solo quien conoce el bien que espera percibe con claridad aquello que todavía falta. El gemido nace de la distancia entre la promesa y su cumplimiento.
Tres niveles para discernir
Sin atribuir esta clasificación técnica al propio Belarmino, podemos distinguir:
- Lamento: «algo me duele».
- Compunción: «el mal que veo me alcanza y reclama mi conversión».
- Gemido de la paloma: «llevo ante Dios, en el amor y en la esperanza, el mal mío y el de la Iglesia».
El tercero contiene los anteriores, pero los purifica. El gemido no niega el mal, pero tampoco se alimenta de él. No convierte la herida eclesial en espectáculo ni se complace en la indignación: la lleva a Dios.
Para la reforma de la Iglesia
Esta primera página de Belarmino nos impone tres preguntas concretas:
- Cuando veo un mal en la Iglesia, ¿me produce únicamente indignación contra alguien o también deseo de conversión propia?
- ¿Mi crítica conserva amor por aquello que critica? Si el sufrimiento por la Iglesia destruye el amor a la Iglesia, ya no estamos ante el gemido de la paloma.
- ¿El gemido produce fruto? Si después de denunciar seguimos exactamente iguales, las lágrimas no han llegado todavía a aquello que Belarmino llama su bonum.
Hay aquí una severidad fecunda. Es mucho más fácil denunciar una estructura que arrepentirse. Mucho más fácil pedir reforma a Roma, a los obispos, al clero, a una comunidad o a la sociedad que reformar una costumbre propia.
Belarmino no elimina la reforma institucional —el tercer libro llegará precisamente a ella—, pero altera el orden: primero la verdad debe atravesar a la persona que reclama la reforma.
Para conservar
La paloma no gime porque haya dejado de amar a la Iglesia; gime precisamente porque la ama y porque sabe lo que está llamada a ser.
Y una segunda sentencia:
El primer lugar de la reforma eclesial es aquel punto de la Iglesia sobre el que tengo verdadera autoridad: mi propia vida.
Con esta entrega queda abierto el Libro I. El gemido cristiano no es pesimismo, ni queja, ni sensibilidad religiosa exacerbada. Es amor que percibe la distancia entre lo que es y lo que debe llegar a ser, y convierte esa distancia en oración, compunción y reforma.
Fuentes directas
- Roberto Belarmino, De Gemitu columbae: sive de bono lacrymarum libri 3, Moretus, 1617.
- Roberto Belarmino, De gemitu columbae sive de bono lacrymarum libri tres, edición de 1621.
- San Agustín, In Ioannis Evangelium Tractatus VI.
- Benedicto XVI, Audiencia general sobre san Roberto Belarmino, 23 de febrero de 2011.
Imagen: Retrato de san Roberto Belarmino, autor desconocido, 1622–1623, Museo Plantin-Moretus, Amberes. CC0 / Wikimedia Commons.


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