septiembre 26, 2026

El prólogo como trinchera

Lecturas de taller · I

Tesis

Cirilo de Alejandría lee Juan 1,1 como una formulación en la que contemplación y defensa de la fe son inseparables. Las tres cláusulas —«En el principio era el Verbo», «el Verbo estaba con Dios», «el Verbo era Dios»— no son para él simples afirmaciones sucesivas: cada una permite excluir una manera equivocada de pensar la identidad del Hijo.

La pregunta de esta lectura de taller será muy precisa: ¿podemos demostrar esta interpretación desde el propio Comentario de Cirilo, sin proyectar retrospectivamente sobre él un esquema construido por nosotros?

La respuesta, después de acudir al texto, es sustancialmente afirmativa.

[D] Documentado · [I] Inferido · [P] Problemático o discutido.

1. Juan comienza donde los demás no pueden comenzar

Cirilo abre su comentario comparando implícitamente los distintos caminos de los evangelistas. Mateo y Lucas pueden conducirnos por las generaciones humanas de Cristo. Juan emprende otro ascenso. Su mirada intenta aproximarse al misterio de la generación eterna del Verbo.

No estamos todavía ante una discusión sobre una palabra griega. Estamos ante algo anterior: una determinada manera de leer. Para Cirilo, Juan sabe que hablar del Verbo exige remontarse más allá de todo comienzo temporal. [D]

Ἐν ἀρχῇ ἦν ὁ λόγος
En archê ên ho lógos
«En el principio era el Verbo».

No conviene correr. Cirilo no corre. Se detiene justamente allí donde un lector apresurado pasaría de largo. En una palabra: ἦν — era.

2. ¿Cuánto puede contener un imperfecto?

El verbo griego empleado por Juan es ἦν, imperfecto de εἰμί, «ser». Cirilo advierte que Juan no dice que el Verbo llegó a ser en el principio. Dice que era.

Y convierte ese pequeño verbo en argumento. Para él, el «era» obliga al pensamiento a retroceder continuamente: cada vez que intentamos encontrar un punto anterior en el cual el Verbo todavía no existiera, el «era» ya está allí. Su razonamiento culmina en una pregunta formidable: si allí está enteramente el «era», ¿dónde podrá introducirse el «no era»? [D]

La gramática se ha convertido en teología.

Pero conviene introducir una precisión metodológica. Cirilo no está afirmando que el imperfecto griego, aislado de todo contexto, constituya por sí solo una demostración metafísica de la eternidad del Hijo. Está leyendo ἦν dentro de la arquitectura completa de Juan 1,1. [I]

3. Primera cláusula: «En el principio era el Verbo»

Cirilo titula el primer capítulo del libro I declarando que el Unigénito es eterno y anterior a los siglos. Y el texto que debe demostrarlo es precisamente: «En el principio era el Verbo». [D]

Su lectura de ἀρχή, archê, es particularmente audaz. El «principio» no funciona sencillamente como la primera casilla de una cronología. Cirilo lo relaciona con el Padre y con la soberanía divina. El Verbo está en ese principio no como una criatura sometida a él, sino como quien pertenece por naturaleza al ámbito divino. [D]

Una criatura puede comenzar. El Verbo era. Primera frontera doctrinal: el Hijo no puede reducirse a una realidad que comenzó a existir.

4. Segunda cláusula: «Y el Verbo estaba con Dios»

Juan repite: ἦν — era. Pero añade: πρὸς τὸν θεόν — con Dios.

Cirilo explica por qué considera necesaria esa segunda afirmación. Prevé la interpretación de quienes identificarían Padre e Hijo hasta hacer desaparecer su existencia personal diferenciada. El evangelista, según Cirilo, se arma contra esa herejía mediante las palabras: «el Verbo estaba con Dios». [D]

Si el Verbo está con Dios, razona Cirilo, no podemos reducir ambos términos a un único sujeto que estuviera simplemente «consigo mismo». Hay relación. Hay distinción. El Padre es Padre. El Hijo es Hijo.

Podemos llamar «antisabeliana» a esta función del versículo como descripción histórico-doctrinal posterior, pero no necesitamos introducir el nombre de Sabelio para que funcione el argumento: Cirilo mismo describe el error que quiere excluir. [D/I]

5. Tercera cláusula: «Y el Verbo era Dios»

καὶ θεὸς ἦν ὁ λόγος
kai theòs ên ho lógos
«y el Verbo era Dios».

Cirilo dedica a esta cláusula el tercer capítulo. Su tesis aparece ya en el encabezamiento: el Hijo es Dios por naturaleza, no inferior ni desemejante al Padre. [D]

Ya no basta afirmar que el Verbo existía antes de los siglos. Tampoco basta distinguirlo personalmente del Padre. Hay que preguntar qué es. La respuesta de Juan, leída por Cirilo, es radical: Dios.

Y aquí la controversia antiarriana deja de ser una reconstrucción nuestra. En el desarrollo del libro, Cirilo combate expresamente la reducción del Hijo a una condición inferior y menciona a los arrianos. [D]

La secuencia comienza a revelarse: «Era» impide hacer del Verbo una realidad tardía. «Con Dios» impide confundir al Hijo con el Padre. «Era Dios» impide convertir al Hijo en criatura. No son tres frases yuxtapuestas. Forman una arquitectura.

6. ¿Es Juan quien combate estas herejías o Cirilo quien las encuentra en Juan?

Un historiador moderno puede objetar: ¿no está Cirilo proyectando sobre Juan los conflictos de los siglos posteriores? La objeción es legítima. [P]

Una cosa es sostener históricamente que Juan escribió Jn 1,1 pensando explícitamente en las controversias que siglos después recibirían esos nombres. Otra es afirmar que Cirilo descubre en Jn 1,1 principios capaces de responder a errores posteriores acerca de Cristo. La segunda afirmación está sólidamente documentada en su Comentario. [D] La primera exigiría una investigación histórica diferente. [P]

Cirilo, además, va más lejos: atribuye al evangelista, iluminado por el Espíritu, conocimiento de errores que surgirían posteriormente y presenta determinadas formulaciones joánicas como armas anticipadas contra ellos. [D]

Podemos aceptar, discutir o matizar esa concepción de la inspiración. Pero primero debemos dejar que Cirilo diga exactamente lo que piensa. Eso también es leer.

7. La sorpresa: la trinchera no destruye la contemplación

Podría parecer que esta lectura convierte el prólogo de Juan en un arsenal dogmático. Sería una conclusión demasiado rápida. Para Cirilo, defender quién es el Verbo no significa abandonar su contemplación. Significa protegerla.

La fórmula dogmática posee entonces una doble dirección. Dice: esto es. Y simultáneamente: esto no puede significar aquello. La afirmación crea también una frontera.

8. Lo que hemos aprendido en el taller

Empezamos con una hipótesis: «Cirilo convierte Juan 1,1 en una línea de defensa». Ahora podemos formularla con mayor precisión.

El propio libro I distribuye las tres cláusulas de Juan 1,1 en tres capítulos sucesivos: «En el principio era el Verbo» → eternidad del Unigénito; «El Verbo estaba con Dios» → distinción personal y consustancialidad; «El Verbo era Dios» → divinidad natural del Hijo.

Por tanto, la estructura fundamental no es una reconstrucción moderna impuesta al texto. Está en Cirilo. [D] Lo que sí pertenece a nuestra interpretación es describirla mediante la imagen de una trinchera. [I]

Y todo comenzó con algo tan pequeño que podríamos haberlo pasado por alto: ἦν. Era. Un imperfecto. Y detrás del imperfecto, la eternidad.

Pregunta de Schola

Antes de abandonar esta página, vuelva a leer solamente Juan 1,1. ¿Qué cambia cuando dejamos de preguntar únicamente «qué dice este versículo?» y preguntamos también: «¿Qué interpretaciones hace imposible cada una de sus palabras?»

Nota metodológica

Texto de referencia: Commentary on the Gospel according to S. John, vol. I, traducción inglesa de Philip Edward Pusey, James Parker & Co., Oxford/Londres/Cambridge, 1874.

La continuación de la obra publicada en 1885 fue traducida por Thomas Randell; por tanto, no debe atribuirse conjuntamente a Pusey y Randell la traducción del libro I.

[D] señala afirmaciones directamente documentables en el texto consultado. [I] señala una inferencia o formulación interpretativa nuestra. [P] señala cuestiones históricas o hermenéuticas que permanecen abiertas o requieren fuentes adicionales.

No se identifica sin más a los adversarios innominados de cada pasaje con personajes históricos determinados cuando Cirilo no los nombra. En particular, la posible relación con Pablo de Samosata o Fotino requiere tratamiento independiente y no se presenta aquí como afirmación de Cirilo.

Ad fontes

Cirilo de Alejandría, Comentario al Evangelio de Juan, libro I, especialmente capítulos 1–3.

Consultar el libro I del Comentario de Cirilo

Regula lectoris: primero comprobar; después interpretar; finalmente juzgar. Nunca invertir el orden.

Pbro. José Octavio Lara Pachón

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