septiembre 17, 2026

¿Ves a esta mujer? · La misericordia nos enseña a mirar

Sala principal: Coro · Serie: Lectio cotidiana · Código: COR-LECT-2026-09-17 · Versión: 1.0 · Fecha: jueves 17 de septiembre de 2026 · Estado: publicado.

Liturgia ferial: jueves de la XXIV semana del Tiempo Ordinario, año II · Color de la feria: verde. En el Calendario Romano General son libres las memorias de san Roberto Belarmino y santa Hildegarda de Bingen, con color blanco si se celebran.

Lecturas: 1 Corintios 15,1–11 · Salmo 117(118),1-2.16-17.28 · Lucas 7,36–50. El Evangelio se ha cotejado con la publicación de la Conferencia Episcopal de Colombia; el conjunto ferial, con el leccionario 446 de la USCCB. No se ha podido comprobar un propio diocesano de Cali para esta fecha.

El Evangelio completo · Traducción propia de estudio

Traducción realizada a partir del texto griego SBLGNT consultado. No sustituye el leccionario aprobado para la proclamación litúrgica.

36 Uno de los fariseos le rogaba que comiera con él. Jesús entró en casa del fariseo y se recostó a la mesa. 37 Y he aquí que una mujer, que era pecadora en aquella ciudad, al enterarse de que estaba a la mesa en casa del fariseo, llevó un frasco de perfume. 38 Se puso detrás, junto a sus pies, llorando, y comenzó a mojarlos con sus lágrimas; los secaba con los cabellos de su cabeza, le besaba los pies y los ungía con el perfume.

39 Al verlo, el fariseo que lo había invitado se dijo: «Si este fuera profeta, sabría quién y qué clase de mujer es la que lo toca: una pecadora». 40 Jesús tomó la palabra y le dijo: «Simón, tengo algo que decirte». Él respondió: «Dilo, maestro».

41 «Un prestamista tenía dos deudores: uno debía quinientos denarios y el otro cincuenta. 42 Como no tenían con qué pagar, perdonó la deuda a los dos. ¿Cuál de ellos lo amará más?». 43 Simón respondió: «Supongo que aquel a quien perdonó más». Jesús le dijo: «Has juzgado correctamente».

44 Y, volviéndose hacia la mujer, dijo a Simón: «¿Ves a esta mujer? Entré en tu casa y no me diste agua para los pies; ella, en cambio, me los ha mojado con lágrimas y los ha secado con sus cabellos. 45 No me diste un beso; ella, en cambio, desde que entré, no ha dejado de besarme los pies. 46 No ungiste mi cabeza con aceite; ella, en cambio, ha ungido mis pies con perfume. 47 Por eso te digo: sus pecados, que son muchos, han sido perdonados, porque ha amado mucho. Pero aquel a quien poco se le perdona, poco ama».

48 Y a ella le dijo: «Tus pecados han sido perdonados». 49 Los que estaban con él a la mesa comenzaron a decirse: «¿Quién es este, que hasta perdona pecados?». 50 Pero él dijo a la mujer: «Tu fe te ha salvado. Vete en paz».

Centro teológico

Jesús no necesita desconocer el pecado para acoger a la pecadora. Su misericordia reconoce el mal, recibe la fe y abre un futuro. Simón ha visto lo suficiente para clasificar a la mujer, pero no para reconocer lo que sucede en ella. La pregunta de Jesús alcanza el centro de su mirada: ¿ves a esta mujer o solamente lo que has decidido que es?

En la primera lectura, Pablo recuerda tanto su pasado de perseguidor como la gracia que ha hecho fecunda su vida. No borra su historia ni convierte su trabajo en un mérito autosuficiente. La unidad de las lecturas puede expresarse así: la gracia no falsifica nuestro pasado; nos impide quedar prisioneros de él.

Maestro y discípulo · La mesa, el perfume y la deuda

Clave de lectura: [T] dato del texto; [H] dato histórico documentado; [P] hipótesis probable; [I] interpretación. No todos los detalles necesitan una explicación arqueológica, y ninguna curiosidad debe desplazar el movimiento del relato.

1. ¿Estaba sentado a una mesa como las nuestras?

Discípulo: ¿Por qué traduce «se recostó»?

Maestro: [T] El verbo κατεκλίθη —kateklíthē, «se recostó»— describe la postura para comer. No conviene sustituirla mentalmente por una silla moderna. El propio relato sitúa a la mujer «detrás, junto a sus pies». Esa disposición ayuda a entender sus gestos. El texto no nos da el plano de la casa, el número de divanes ni el lugar exacto de cada invitado: no tenemos que inventarlos.

2. ¿Quién era la mujer?

Discípulo: ¿María Magdalena?

Maestro: [T] Lucas no la nombra aquí. La llama ἁμαρτωλός —hamartōlós, «pecadora»—, pero no especifica su pecado ni su profesión. Por eso tampoco podemos asegurar a partir de este pasaje que fuera prostituta. Las identificaciones posteriores pertenecen a la historia de la interpretación; no deben introducirse en la traducción como si Lucas las hubiera escrito.

Discípulo: Entonces, ¿por qué sabemos lo que piensa Simón?

Maestro: [T] Porque el narrador nos comunica su juicio interior: si Jesús fuera profeta, conocería quién lo toca. La ironía del relato consiste en que Jesús responde precisamente a ese juicio no pronunciado. [I] Su conocimiento no produce el rechazo que Simón esperaba, sino una enseñanza.

3. ¿Qué llevaba en las manos?

Maestro: [T] ἀλάβαστρον μύρου —alábastron mýrou—: un recipiente de perfume. «Frasco de alabastro» conserva la asociación tradicional del nombre del recipiente con ese material; «frasco de perfume» expresa con claridad su función, sin exigir al lector reconstruir un objeto antiguo. No se indica cuánto costaba ni se dice que lo rompiera. Tampoco hay que trasladar automáticamente a esta escena los detalles de otras unciones.

Discípulo: ¿Son lo mismo el aceite y el perfume?

Maestro: [T] En el versículo 46 Lucas distingue ἔλαιον —élaion, «aceite»— y μύρον —mýron, «perfume o ungüento aromático»—. Jesús contrapone lo que Simón no hizo con la abundancia del gesto de la mujer. El contraste importa más que una tasación que el texto no proporciona.

4. ¿Simón incumplió una ley de hospitalidad?

Maestro: [T] Jesús enumera agua, beso y unción como gestos de acogida, y los contrapone a lágrimas, besos en los pies y perfume. Pero de esa enumeración no se deduce que cada anfitrión estuviera jurídicamente obligado a realizar los tres ritos en toda comida. [I] La escena contrapone una recepción contenida y una entrega desbordante. Convertirla en un reglamento universal de etiqueta haría decir al relato más de lo que dice.

5. ¿Cuánto debían los dos hombres?

Maestro: [T] δηνάρια —dēnária— significa «denarios», una denominación monetaria. Uno debe quinientos; el otro, cincuenta: la primera deuda es diez veces la segunda. No hace falta convertirlas a pesos de hoy. La frase decisiva es que ninguno tiene con qué devolver lo recibido. Su desigualdad no elimina su necesidad común.

Discípulo: ¿Y el prestamista les da un plazo?

Maestro: [T] No: ἐχαρίσατο —echarísato— expresa aquí que les perdonó la deuda gratuitamente. El verbo presenta una concesión graciosa, no un nuevo calendario de pagos. Después Jesús pregunta quién lo amará más. El orden narrativo es importante: deuda impagable, remisión, amor agradecido.

6. ¿La mujer compró el perdón con su amor?

Discípulo: Pero el versículo 47 dice «porque ha amado mucho».

Maestro: [T] Sí. Traducimos ὅτι —hóti, «porque»— sin esconder la dificultad. [I] Su relación con el conjunto debe explicarse, no resolverse alterando una palabra. La parábola acaba de presentar el amor como respuesta al perdón; el cierre afirma que la fe la ha salvado. Por eso, el amor de la mujer no debe entenderse como una tarifa pagada para obtener misericordia. Manifiesta su acogida de la gracia y su conversión. La precedencia de la gracia no vuelve irrelevante la respuesta personal.

Maestro: [T] ἀφέωνται —aphéōntai, «han sido perdonados»— es una forma de perfecto pasivo. La traducción conserva el estado de perdón que Jesús declara; la forma verbal, por sí sola, no permite fechar un instante previo y preciso de absolución ni reconstruir una escena que Lucas no cuenta.

7. ¿Qué debe aprender a ver Simón?

Maestro: [T] Βλέπεις ταύτην τὴν γυναῖκα; —Blépeis taútēn tēn gynaîka?—: «¿Ves a esta mujer?». Jesús se vuelve hacia ella mientras habla a Simón. Ella deja de ser únicamente el objeto del juicio del anfitrión y pasa al centro de la atención. [I] No le pide que considere bueno lo malo, sino que reconozca a una persona cuya historia no está cerrada por su pecado.

8. ¿Quién puede despedirla así?

Discípulo: Los invitados preguntan quién es Jesús.

Maestro: [T] Exactamente. No termina todo en una lección de cortesía. Se discute su autoridad para perdonar pecados. Él no se limita a hablar sobre la mujer: le habla a ella y la envía en paz. [I] El relato nos lleva de juzgar una conducta a reconocer la acción salvadora de Jesús.

Síntesis para escuchar

Dos deudores, dos modos de acoger, dos maneras de mirar. La mujer no pronuncia un discurso, pero sus gestos hablan. Simón ofrece su casa y mantiene cerrado su juicio; Jesús entra también en esa clausura para abrirla. La gracia alcanza a la mujer que llora y llama al anfitrión que se cree a salvo. Nadie tiene que fingir que no existe el pecado. Nadie tiene derecho a convertirlo en el nombre definitivo de una persona.

Oración

Señor Jesús, tú conoces la verdad de nuestra vida y no dejas de llamarnos. Líbranos de la soberbia que clasifica y del desaliento que no cree posible cambiar. Danos una fe viva, un amor agradecido y la humildad de reparar el mal que hayamos hecho. Enséñanos a recibir tu paz sin negar la verdad. Amén.

Un fruto verificable

Evitar hoy una etiqueta despectiva que suelo repetir sobre alguien. Sustituirla por una acción respetuosa y concreta: escuchar, reconocer un bien verdadero o corregir una palabra injusta. Esto no exige abandonar límites protectores ni ponerse en una situación de daño.

Frase del día: La misericordia no llama bien al mal; devuelve a la persona un futuro.

Luz para la prolongación

Aprender a distinguir el perdón de la negación del daño, y la gratuidad de la indiferencia ante la justicia.

Schola: Quaestio Thomista 05 · ¿La misericordia elimina la justicia?

Versión breve: Pan de la Palabra de este jueves.

Conocer el Taller de traducción evangélica · Maestro y discípulo.

Fuentes directas y límites de la lectura

Conferencia Episcopal de Colombia: Evangelio del 17 de septiembre de 2026; USCCB: lecturas feriales y memorias libres; Lucas 7,36–50, texto griego SBLGNT; Tomás de Aquino, Summa theologiae I, q. 21, a. 4, ad 1.

No se han introducido paralelos rabínicos cuya datación o pertinencia no se haya podido comprobar. La lectura de costumbres se limita a lo que el pasaje permite reconocer; no se presenta como reconstrucción arqueológica exhaustiva.

Imagen: Alessandro Gandini, Cristo en casa de Simón el fariseo, hacia 1545–1565; impreso por Andrea Andreani en 1609. Fotografía y colección: National Gallery of Victoria, Melbourne. Contemplar la obra completa y leer su explicación.

Todas las publicaciones de esta jornada.

Autoría: Pbro. José Octavio Lara Pachón

Scriptorium Lucis — Una página para iluminar lo real.

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